LA BRÚJULA SOCIALISTA NO PUEDE OLVIDAR LA HISTORIA
Apuntes para establecer el inicio de la Segunda Guerra Mundial
Por: Martin Guerra.
24 de setiembre de 2009.
Polonia. 70 años después del ataque nazista.
El primer día de este mes de setiembre, la canciller alemana Ángela Merkel en un discurso en Westerplatte, península sobre el Mar Báltico en la región de Pomerania, muy cercana a la ciudad polaca de Gdansk, señaló que esa fecha hacía 70 años había abierto "el capítulo más trágico[1]" de la historia europea. Según el cable ella dijo: "Hace 70 años empezó, con el ataque alemán contra Polonia el capítulo más trágico de la historia de Europa (…) La guerra desencadenada por Alemania infligió un sufrimiento inconmensurable a muchos pueblos, años de privación de derechos, de humillación y de destrucción[2]".
Sin embargo la Segunda Guerra Mundial no se inició ni hace 70 años, ni el 01 de setiembre de 1939.. Merkel no hace sino continuar cubriendo con un velo oscurantista este importantísimo acontecimiento histórico. Tampoco se inició en Polonia.
Mal hacemos en tolerar las convenciones de los historiadores que dan por sentado, que los cañonazos disparados por el acorazado alemán “Schleswig-Holstein” contra la base polaca del mismo nombre de la península mencionada, dan inicio a la Segunda Guerra. He allí un gran ejemplo de cómo la pretendida imparcialidad de la ciencia oficial no existe. Para varios historiadores el conflicto ya se había entablado en el frente asiático desde el 07 de julio de 1937, cuando los japoneses invadieron China. El 03 de mayo del mismo año, Mao Tse- Tung había anunciado: “De concierto con los intensos preparativos de Hitler y Mussolini para una guerra de rapiña en Occidente, el Japón, en Oriente, está concentrando todos sus esfuerzos en la preparación, conforme a un plan bien definido, de condiciones que le permitan acabar con China de un solo golpe[3]”. Dos meses después Japón los atacaba con todo su poderío. Aún así, se ha aceptado mundialmente el canon impuesto por las potencias occidentales, según el cual la guerra habría comenzado el 01 de setiembre de 1939. Con lo que se tergiversan muchos hechos y se liberan de responsabilidades históricas numerosos países.
Tampoco es cierto que la guerra principiara en 1937, pues un hecho mundial armado, no se mide por la cantidad de países que intervienen en él o por el potencial bélico puesto a disposición, ni siquiera por el número de personal militar movilizado o áreas civiles afectadas. No. Debe cuantificarse y cualificarse, por la capacidad de influencia manifiesta en la transformación de las estructuras sociales, cuando las concepciones políticas y económicas llegan a un punto en que el enfrentamiento militar es la expresión política de la contradicción histórica.
De acuerdo a eso, la Segunda Guerra se inició antes. ¿Desde cuándo? Desde que las acciones bélicas empezaron a rediseñar la construcción geopolítica y económica del mundo a partir de la oposición insostenible que se generó en 1917, entre el socialismo y las luchas de liberación nacional por un lado, y el capitalismo y el neocolonialismo, por otro. Y aquello explotó en 1935.
Fascismo y Comunismo.
Sin embargo se gestó mucho antes. El despertar fascista fue la expresión de la contrarrevolución en Europa. Frente al internacionalismo defendido y difundido por la Revolución Rusa, la reacción europea, además de intentar en 1918 el cerco militar en su contra, endureció las condiciones de vida de las clases populares en sus países para evitar otros estallidos revolucionarios. Escenario este último, que además empezó a predicar abiertamente en el mundo la Internacional Comunista. Los dos países que contaban con la militancia más aguda en sus respectivos partidos comunistas, eran precisamente Italia y Alemania. Antiguas regiones en donde el Imperio Romano había tenido su auge y su decadencia, originaron en los sectores empobrecidos del pueblo, sobretodo en sus portavoces, las clases medias que se desplazaron hacia la miseria, las ansias de insurgir, de regresar a supuestos tiempos mejores. El chauvinismo y la verticalidad que caracterizaron al fascismo se hallaban subyacentes, y las razones económicas para odiar al resto del mundo, las había aderezado muy bien el Tratado de Versalles, que bosquejaba una realidad para la parte este de Europa Occidental, que la condenaba a la dependencia y el ostracismo.
Así, con un discurso ultra, apelando a los “valores tradicionales” de Dios, Patria y familia, prometiendo los derechos sociales, la industrialización y el trabajo que italianos y alemanes añoraban, Mussolini y Hitler disputaron el favor de las masas a los partidos comunistas. Y la represión contra el pueblo conciente arreció. Los partidos comunistas sin sus principales líderes libres o con vida, y con las bandas fascistas armadas desde los gobiernos, se debilitaron por completo. Recordemos como en 1933, los nazis tratan de condenar al búlgaro Georgi Dimitrov por el incendio del Reichstag. Este, que era presidente del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, demostró las mentiras de los nazis en el famoso Juicio de Leipzig, en donde junto a Vasil Tanev y Blagoi Popov, desenmascararon la esencia represiva y mendaz del régimen. La acusación era utilizada por los fascistas para desprestigiar al movimiento comunista internacional.
Ya para ese entonces, Antonio Gramsci, notable dirigente comunista italiano, estaba preso desde el 08 de noviembre de 1926. Tres días antes Mussolini, había ilegalizado a los partidos políticos de la oposición y liquidado la libertad de prensa. La justificación era la seguridad de la nación, para ello ponía como pretexto, un fallido atentado contra su vida, ocurrido el 31 de octubre. Gramsci sufre prisión de casi diez años y medio. Es liberado por su grave estado de salud, el 21 de abril de 1937. Seis días después fallece.
Del mismo modo, Hitler se deshizo del dirigente comunista alemán más destacado, Ernst Thälmann, arrestado por la Gestapo el 03 de marzo de 1933. Nunca fue enjuiciado, pues la derrota ante Dimitrov hizo que los nazis no volvieran a dar tribuna a un dirigente comunista. Thälmann sería fusilado en las postrimerías del nazismo, en el campo de concentración de Buchenwald, el 17 de agosto de 1944.
Un dato más que nos ayuda a entender el proceso y sus fines, es el arrojado por la cantidad de militancia activa que tenían los partidos comunistas alemán e italiano frente a los partidos fascistas. Era muchísimo mayor. Por ejemplo, y a pesar de eso, en las elecciones presidenciales de 1932 en Alemania, entre Hindenburg, Hitler y Thälmann, el candidato comunista obtiene sólo un 10% de los votos. Aunque esa votación era de su militancia orgánica y de sectores populares fieles a las consignas del partido.
Los pueblos hambreados y postergados, sobretodo los más cercanos a los sectores del lumpen, adhirieron al fascismo. El comunismo prometía una revolución, para la que había que trabajar, construir, entregar la vida, para que las futuras generaciones pudieran gozar de las libertades conseguidas; o como lo explicara el 16 de diciembre de 1933, Dimitrov en su citada famosa defensa: “¡Trabajo de masas, lucha de masas, resistencia de masas, frente único y nada de aventuras!: tal es el principio y el fin de la táctica comunista[4]”. El fascismo en cambio, prometía el paraíso para mañana y no para pasado mañana. Se sustentaba en la rabia, el resentimiento, en las viejas ataduras feudales de una población muy católica y conservadora, a jefes tradicionales y duros, que además, surgían esta vez de las “entrañas del pueblo”, como Hitler, un cabo, licenciado del ejército, y Mussolini, hijo de un herrero y una maestra. En todo caso, pertenecían a un sector bajo de la burguesía.
El fascismo aspiraba a la dirección del pueblo por la clase media, que atrapada eternamente entre la pobreza y la admiración a la riqueza burguesa y a las costumbres aristocráticas, mantenía latente un potencial destructivo enorme, fruto del resentimiento. Esa “frustración individual o social[5]” de las clases medias a las que invoca el fascismo, a decir de Umberto Eco, explica su fortaleza. Todo eso, unido al olvido de amplios sectores populares, entregó a sus organizaciones la posibilidad del poder y la dirección de la contrarrevolución. Por ello las burguesías y las aristocracias no se les enfrentaron. Es más, la cantidad de condes y duques y de banqueros e industriales que se sumaron al proyecto fue enorme.
Por último, Hitler mismo señala en el capítulo catorce de su libro “Mi Lucha” de 1926, titulado “Orientación política hacia el este[6]”, que la caída de los bolcheviques en Rusia y el fin de los eslavos, es la condición insoslayable para cumplir con los planes nacionalsocialistas. Desarticulado el Partido Comunista Alemán, fundado en 1918, e ilegalizado el Partido Comunista Italiano, fundado en 1921, los fascismos, con la marcha sobre Roma en 1922, y al arribo de Hitler a la cancillería tras la muerte de Hindenburg en 1933, habían concentrado un gran poder. De esta forma el caudillo que representaba los deseos del pueblo, era intermediado por un poderoso aparato en donde las aspiraciones de la clase media, los negocios de la burguesía y el confort de la aristocracia y de la iglesia, se mezclaban en la dirección de los acontecimientos. Y aquello tenía como norte el fin de la Unión Soviética, de la Internacional Comunista y de las revoluciones en Europa.
Hacia una correcta cronología de los hechos.
Una cronología de sucesos en la historia social de los pueblos, no puede estar constituida por una cadena interminable de momentos que relativicen las transformaciones. Tampoco debe tomar estrictamente como fecha de inicio o de término formal del conflicto, las declaraciones de guerra o las firmas de paz, sino que debe ubicar en el tiempo los acontecimientos fundamentales de germinación y desencadenamiento de una conflagración, de cualquier orden.
De acuerdo a lo expuesto, veamos: el 03 de marzo de 1935, Italia fascista invade Abisinia, cuatro días más tarde, Alemania nazi, ocupa militarmente Renania. Europa y los Estados Unidos no dicen nada.
El 25 de noviembre de 1936, en Berlín, los ministros de relaciones exteriores del Japón y de Alemania, Mushakoji y Von Ribbentrop, firman el Acuerdo contra la Internacional Comunista. El protocolo adicional, en uno de sus acápites dice: “Se creará una Comisión permanente con objeto de facilitar la cooperación (…) para luchar contra la obra subversiva de la Internacional Comunista[7]”.
Poco después irán adhiriendo más países a este pacto. Italia en 1937 y posteriormente, Hungría, España, Bulgaria, Finlandia, Rumania, Dinamarca, Eslovaquia, Croacia y Nankín, en 1939. Se constituía en la práctica una Internacional Contrarrevolucionaria.
Por eso, los fascistas prestaron atención a los lugares en donde la revolución socialista se estaba concretando. Ya dijimos que Japón en julio de 1937 atacó China. Antes, el 26 de abril de 1937, se iniciaba el bombardeo de Guernica en España, por parte de la Legión Cóndor de la Luftwaffe, fuerza áerea alemana, en colaboración con Italia.
El 12 de marzo de 1938, Alemania se anexa Austria, a la que designarán “Anschluss”. Inclusive en este momento, Franklin D. Roosevelt, presidente de los Estados Unidos, escribe a Hitler persuadiéndolo a proseguir las negociaciones.. La derecha mundial se inclinaba ante el fascismo.
A pesar de la escalada de violencia, el 29 de septiembre de 1938 se firma el Pacto de Munich entre Alemania, Gran Bretaña, Francia e Italia. Este incluye la enajenación de los Sudetes perteneciente a Checoslovaquia, por Alemania, aduciendo que la mayoría de su población era germana. Este trascendental documento señalaba con desparpajo que: “El Reino Unido, Francia e Italia están de acuerdo en que la evacuación del territorio en cuestión deberá quedar concluida el 10 de octubre, sin que ninguna de las instalaciones existentes haya sido destruida. El gobierno Checoslovaco será responsable de efectuar esa evacuación sin que de ella resulte ningún daño a las mencionadas instalaciones[8]” Firmado por Adolf Hitler, Neville Chamberlain, Edouard Daladier y Benito Mussolini, pretendía responsabilizar a Checoslovaquia respecto a la modalidad de desenvolvimiento de su propio despojo.
La recuperación del Sarre, la militarización del Rin, la anexión de Austria y por último, la ocupación de Checoslovaquia, es decir, el dominio de los Sudetes, cadena montañosa entre Bohemia y Silesia, le permitió al fascismo unir territorialmente Europa septentrional con los países eslavos orientales, con Bielorrusia y con Ucrania, o sea con la Unión Soviética.
El 14 de marzo de 1939, Alemania ocupa las provincias checas de Bohemia y Moravia, el gobierno títere checoslovaco no responde a los intereses de su población indignada y se entrega a Hitler. Mientras tanto, Italia, muy segura, invade Albania.
Hasta aquí, para la historia oficial, y para Ángela Merkel, la guerra no se había iniciado todavía. Recién el 01 de septiembre de 1939, se inicia según la canciller, la Segunda Guerra Mundial, cuando las tropas de Gerd von Rundstedt dan por iniciado el Fall Weiss. La invasión de Polonia, realizada en conjunto por Alemania y Eslovaquia, posesiona a la Alemania nazi cara a cara con la URSS. La Luftwaffe realiza los primeros bombardeos sobre Varsovia, Cracovia y Lodz. El 02 de septiembre, Alemania entra en posesión de Dánzig. Alrededor de 10 000 polacos fueron asesinados durante la ocupación, que le abría a Alemania la posibilidad de invadir la URSS en cualquier momento.
Cifras e historia.
La llamada Gran Guerra, o Primera Guerra Mundial, había acarreado al mundo, la cantidad de más de 10 millones de muertos y 8 millones de desaparecidos. Entre esta guerra y la segunda surgió la URSS y se avecinaban muchas revoluciones más en Europa y en el mundo. Se habla de 60 millones de muertos en la Segunda Guerra Mundial, muchos creen que esta discutible cifra es aún mayor. Empero, siempre que se habla de la suma enorme de muertos de la nación judía, y del heroísmo indescriptible de los soldados norteamericanos y de la resistencia francesa, poco o nada se dice en la mayoría de libros, documentales, exposiciones y homenajes, incluyendo la demoledora tarea del cine; de la población soviética y del Ejército Rojo. De más está decir que nadie niega los actos memorables aludidos. Tampoco vamos a dedicar más líneas a la labor de la URSS en la Segunda Guerra pues ya lo hicimos en artículo anterior[9].
No obstante, es bueno recordar que de cada cinco muertos de esta guerra, dos eran soviéticos, es decir, más de 20 millones de personas, como acertadamente lo investigó Oleg Rzheshevski[10]. La pérdida económica para este país calculado en dólares de 1941, fue de 485 mil millones de dólares, casi dos veces la deuda externa del Brasil, o cuatro veces la Argentina u ocho veces la chilena, al año 2008[11], teniendo en consideración la devaluación sufrida en casi sesentisiete años, pues el poder adquisitivo del dólar ha decaído grandemente.
El fascismo creció de cara a las democracias, no por detrás. Si algo lo caracterizó más que nada, fue su brutal sinceridad. En 1921, antes de la Marcha sobre Roma, José Carlos Mariátegui, que vivía en Italia para aquel entonces, escribió en un artículo su parecer frente a las contiendas que se sucedían incansablemente y con mayor intensidad entre fascistas y comunistas, decía: “Los “fascistas” no se desarmarán, pues, contra los comunistas. Y, si el partido comunista no estuviera en un período de organización y captación, si su preparación le permitiera ser una inminente amenaza revolucionaria, el “fascismo” no pensaría siquiera en la desmovilización y en la paz. Pasaría a una segunda gran ofensiva[12]”. En este análisis, el periodista peruano, realizaba una crítica sutil pero precisa, contra los que creían que la guerra civil en Italia podía cesar porque uno de los dos bandos declarara la paz, y estaba afirmando abiertamente, doce años antes que Hitler asumiera el mando en Alemania, que el fascismo es el enemigo natural del comunismo, pues significa la contrarrevolución. Años más tarde, Mariátegui, ya un marxista militante lo dirá más clara y políticamente, aunque es muy interesante repasar estas líneas escritas en su período de formación política, pues nos permiten ver a la distancia la difícil realidad de la época. Los comunistas italianos acababan de escindirse del Partido Socialista, lo que no los anulaba de ser una gran fuerza política, pero si los alejaba de una estrategia de poder para el momento. Justamente los comunistas se habían divido de los socialistas frente a la poca importancia efectiva que estos le daban al arribo cada vez más preocupante de la contrarrevolución a nivel mundial. Mussolini fue un hombre que surgió del Partido Socialista.
Con la escisión, los comunistas se empeñaron en desarrollar el poder alternativo de la clase obrera, en los consejos de fábrica. Mientras los fascistas apelaban a los favores de las clases medias. Gramsci lo entendió prontamente, ya en 1924 apuntaba: “Lo que caracteriza al fascismo es haber logrado constituir una organización de masa de la pequeña burguesía[13]”.
Una vocación guerrerista como la que describe Mariátegui en 1921, y un sector de clase cautivo por sus propias frustraciones, sobre el que habla Gramsci en 1924, dan la fórmula de lo que vendría a convertirse en esa aventura sanguinaria contra la revolución, que arrastraría consigo a la democracia y a los derechos humanos fundamentales, que se denominó nazismo.
Negar hoy, a finales de la primera década del siglo XXI que la Segunda Guerra Mundial se inició en 1935 y no en 1939, ocultar que la causa principal por la que las democracias de las potencias occidentales permitieron el armamentismo de Hitler, Mussolini y Tojo, y aplaudieron su predica anticomunista, fue la esperanza de la destrucción de la URSS, por el miedo a lo que significaba con sólo existir, para los humillados y ofendidos de todo el planeta, es esconder la cabeza como la avestruz pero frente a la historia, es no entender, utilizando las mismas palabras de la canciller alemana, que el capítulo más trágico, no se inició con un ataque armado en una determinada fecha, sino cuando las fuerzas reaccionarias del mundo occidental, que hoy campean nuevamente, dieron carta blanca a su expresión más derechista, el fascismo, para destruir las añoranzas de miles de millones de seres humanos, la expectativa de una vida digna y solidaria.
Los socialistas no podemos olvidar la historia, si es que en realidad necesitamos erigir un camino. Con las palabras de Ángela Merkel referentes al inicio de la guerra se desconoce toda la cofradía mundial entre los firmantes de Berlín de 1936 y Munich de 1938, es decir entre los fascistas y sus alcahuetes, para terminar con la patria de Lenin. Se niega además, que la Unión Europea está construida sobre las bases de lo anterior; de lo caduco, pero con una falsa autocrítica. Y lamentablemente muestran una Europa que todavía no sabe hacer, eso que reseñó inmejorablemente Curzio Malaparte en su novela “La Piel” de 1949, no ha aprendido aún a “levantar de nuevo la bandera caída en el fango[14]”.
[1] MERKEL, Ángela. Alemania abrió en 1939 el "capítulo más trágico" de la historia europea. Noticia extraída del sitio web: www.ecodiario.eleconomista.es. 01 de setiembre de 2009.
[2] Ibíd.
[3] MAO, Tse-Tung. Las tareas del Partido Comunista de China en el período de la resistencia al Japón. En: MAO, Tse-Tung. Obras Escogidas. Tomo I. Ediciones en Lenguas Extranjeras. Pekín – República Popular China, 1972. Pág. 287.
[4] DIMITROV, Georgi. Versión taquigráfica del Discurso de Conclusión ante el Tribunal (16 de diciembre de 1933). En: Selección de trabajos. Sofía – Press. Sofía – Bulgaría, 1977. Pág. 50.
[5] ECO, Umberto. El fascismo eterno. En: Cinco escritos morales. Editorial Lumen, S.A. Barcelona – españa, 1998. Pág. 51.
[6] HITLER, Adolfo. Mi Lucha. Zarabia Editores. Arequipa – Perú, 2006. Pág. 195.
[7] MUSHAKOJI -VON RIBBENTROP. Inciso C del Protocolo Adicional del Pacto Anti Komintern, Berlín, 1936. En: PEREIRA CASTAÑARES, Juan Carlos – MARTÍNEZ – LILLO, Pedro Antonio. Documentos Básicos Sobre Historia de las Relaciones Internacionales 1815 – 1991. Editorial Complutense. Madrid – España, 1995. Pág. 282.
[8] HITLER – CHAMBERLAIN – DALADIER – MUSSOLINI. Artículo 2°, Pacto de Munich, 29 de setiembre de 1938. En: PEREIRA CASTAÑARES, Juan Carlos – MARTÍNEZ – LILLO, Pedro Antonio. Documentos Básicos Sobre Historia de las Relaciones Internacionales 1815 – 1991. Editorial Complutense. Madrid – España, 1995. Pág. 283.
[9] Ver: GUERRA, Martin. Aún flamea la bandera roja sobre las cenizas del fascismo (02 de julio de 2008).
[10] RZHESHEVSKI, Oleg. Lecciones de la segunda Guerra Mundial. Editorial de la Agencia de Prensa Novosti. Moscú – URSS, 1979. Pág. 106.
[11] Información seleccionada de informes presentados en la página del Fondo Monetario Internacional, www.imf.org.
[12] MARIÁTEGUI, José Carlos. La paz interna y el “fascismo” (1921). En: Cartas de Italia. Empresa Editora Amauta. Lima-Perú, 1979.Pág. 162.
[13] GRAMSCI, Antonio. En: GUIBAL, Francis. Gramsci. Filosofía, política, cultura. Tarea, Centro de Publicaciones Educativas. Lima – Perú, 1981. Pág. 45.
[14] MALAPARTE, Curzio. La Piel. Plaza & Janes editores S.A. Barcelona –España, 1982. Pág. 11.
viernes, 25 de septiembre de 2009
lunes, 10 de agosto de 2009
CESAR Y SU TRILCE
César Vallejo (Perú, 1892-Paris, 1938) Trilce(1922)
I
Quién hace tanta bulla y ni deja Testar las islas que van quedando. Un poco más de consideraciónen cuanto será tarde, temprano, y se aquilatará mejorel guano, la simple calabrina tesóreaque brinda sin querer,en el insular corazón,salobre alcatraz, a cada hialóidea grupada. Un poco más de consideración,y el mantillo líquido, seis de la tarde DE LOS MÁS SOBERBIOS BEMOLES.Y la península párasepor la espalda, abozaleada, impertérritaen la línea mortal del equilibrio.
II
Tiempo Tiempo.Mediodía estancado entre relentes.Bomba aburrida del cuartel achicatiempo tiempo tiempo tiempo. Era Era.Gallos cancionan escarbando en vano.Boca del claro día que conjugaera era era era. Mañana Mañana.El reposo caliente aún de ser.Piensa el presente guárdame paramañana mañana mañana mañana Nombre Nombre.¿Qué se llama cuanto heriza nos?Se llama Lomismo que padecenombre nombre nombre nombrE.
III
Las personas mayores¿a qué hora volverán?Da las seis el ciego Santiago,y ya está muy oscuro. Madre dijo que no demoraría. Aguedita, Nativa, Miguel,cuidado con ir por ahí, por dondeacaban de pasar gangueando sus memoriasdobladoras penas,hacia el silencioso corral, y por dondelas gallinas que se están acostando todavía,se han espantado tanto.Mejor estemos aquí no más.Madre dijo que no demoraría. Ya no tengamos pena. Vamos viendolos barcos ¡el mío es más bonito de todos!con los cuales jugamos todo el santo día,sin pelearnos, como debe de ser:han quedado en el pozo de agua, listos,fletados de dulces para mañana. Aguardemos así, obedientes y sin másremedio, la vuelta, el desagraviode los mayores siempre delanterosdejándonos en casa a los pequeños,como si también nosotros no pudiésemos partir. Aguedita, Nativa, Miguel?Llamo, busco al tanteo en la oscuridad.No me vayan a haber dejado solo,y el único recluso sea yo.
IV
Rechinan dos carretas, contra los martilloshasta los lagrimales trifurcas,cuandonunca las hicimos nada.A aquella otra sí, desamada,amargurada bajo túnel camperopor lo uno, y sobre duras ájidaspruebas espiritivas. Tendime en són de tercera parte,mas la tarde —qué la bamos a hhazer—se anilla en mi cabeza, furiosamentea no querer dosificarse en madre. Son los anillos. Son los nupciales trópicos ya tascados.El alejarse, mejor que todo,rompe a Crisol. Aquel no haber descoloradopor nada. Lado al lado al destino y lloray llora. Toda la cancióncuadrada en tres silencios. Calor. Ovario. Casi transparencia.Háse llorado todo. Háse entero veladoen plena izquierda.
V
Grupo dicotiledón. Oberturandesde él petreles, propensiones de trinidad,finales que comienzan, ohs de ayescreyérase avaloriados de heterogeneidad.¡Grupo de los cotiledones! A ver. Aquello sea sin ser más.A ver. No trascienda hacia afuera,y piense en són de no ser escuchado,y crome y no sea visto.Y no glise en el gran colapso. La creada voz rebélase y no quiereser malla, ni amor.Los novios sean novios en eternidad.Pues no deis 1, que resonará al infinito.Y no deis 0, que callará tánto,hasta despertar y poner de pie al 1. Ah grupo bicardiaco.
VI
El traje que vestí mañanano lo ha lavado mi lavandera:lo lavaba en sus venas otilinas,en el chorro de su corazón, y hoy no hede preguntarme si yo dejabael traje turbio de injusticia. A hora que no hay quien vaya a las aguas,en mis falsillas encañonael lienzo para emplumar, y todas las cosasdel velador de tánto qué será de mí,todas no están míasa mi lado. Quedaron de su propiedad,fratesadas, selladas con su trigueña bondad. Y si supiera si ha de volver;y si supiera qué mañana entraráa entregarme las ropas lavadas, mi aquellalavandera del alma. Que mañana entrarásatisfecha, capulí de obrería, dichosade probar que sí sabe, que sí puede ¡CÓMO NO VA A PODER!azular y planchar todos los caos.
VII
Rumbé sin novedad por la veteada calleque yo me sé. Todo sin novedad,de veras. Y fondeé hacia cosas así,y fui pasado. Doblé la calle por la que rarasveces se pasa con bien, salidaheroica por la herida de aquellaesquina viva, nada a medias. Son los grandores,el grito aquel, la claridad de careo,la barreta sumersa en su función de ¡ya! Cuando la calle está ojerosa de puertas,y pregona desde descalzos atrilestrasmañanar las salvas en los dobles. Ahora hormigas minuterasse adentran dulzoradas, dormitadas, apenasdispuestas, y se baldan,quemadas pólvoras, altos de a 1921.
VIII
Mañana esotro día, algunavez hallaría para el hifalto poder,entrada eternal. Mañana algún día,sería la tienda chapadacon un par de pericardios, parejade carnívoros en celo. Bien puede afincar todo eso.Pero un mañana sin mañana,entre los aros de que enviudemos,margen de espejo habrádonde traspasaré mi propio frentehasta perder el ecoy quedar con el frente hacia la espalda.
IX
Vusco volvvver de golpe el golpe.Sus dos hojas anchas, su válvulaque se abre en suculenta recepciónde multiplicando a multiplicador,su condición excelente para el placer,todo avía verdad. Busco volvver de golpe el golpe.A su halago, enveto bolivarianas fragosidadesa treintidós cables y sus múltiples,se arrequintan pelo por pelosoberanos belfos, los dos tomos de la Obra,y no vivo entonces ausencia, ni al tacto. Fallo bolver de golpe el golpe.No ensillaremos jamás el toroso Vaveode egoísmo y de aquel ludir mortalde sábana,desque la mujer esta ¡cuánto pesa de general! Y hembra es el alma de la ausente.Y hembra es el alma mía.
X
Prístina y última piedra de infundadaventura, acaba de morircon alma y todo, octubre habitación y encinta.De tres meses de ausente y diez de dulce.Cómo el destino,mitrado monodáctilo, ríe. Cómo detrás desahucian juntasde contrarios. Cómo siempre asoma el guarismobajo la línea de todo avatar. Cómo escotan las ballenas a palomas.Cómo a su vez éstas dejan el picocubicado en tercera ala.Cómo arzonamos, cara a monótonas ancas. Se remolca diez meses hacia la decena,hacia otro más allá.Dos quedan por lo menos todavía en pañales.Y los tres meses de ausencia.Y los nueve de gestación. No hay ni una violencia.El paciente incorpórase,y sentado empavona tranquilas misturas.
XI
He encontrado a una niñaen la calle, y me ha abrazado.Equis, disertada, quien la halló y la halle,no la va a recordar. Esta niña es mi prima. Hoy, al tocarleel talle, mis manos han entrado en su edadcomo en par de mal rebocados sepulcros.Y por la misma desolación marchóse, delta al sol tenebloso, trina entre los dos. “Me he casado”,me dice. Cuando lo que hicimos de niñosen casa de la tía difunta. Se ha casado. Se ha casado. Tardes años latitudinales,qué verdaderas ganas nos ha dadode jugar a los toros, a las yuntas,pero todo de engaños, de candor, como fue.
XII
Escapo de una finta, peluza a peluza.Un proyectil que no sé dónde irá a caer.Incertidumbre. Tramonto. Cervical coyuntura. Chasquido de moscón que muerea mitad de su vuelo y cae a tierra.¿Qué dice ahora Newton?Pero, naturalmente, vosotros sois hijos. Incertidumbre. Talones que no giran.Carilla en nudo, fabridacinco espinas por un ladoy cinco por el otro: Chit! Ya sale.
XIII
Pienso en tu sexo.Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,ante el hijar maduro del día.Palpo el botón de dicha, está en sazón.Y muere un sentimiento antiguodegenerado en seso. Pienso en tu sexo, surco más prolíficoy armonioso que el vientre de la Sombra,aunque la Muerte concibe y parede Dios mismo.Oh Conciencia,pienso, sí, en el bruto libreque goza donde quiere, donde puede. Oh, escándalo de miel de los crepúsculos.Oh estruendo mudo.Odumodneurtse!
XIV
Cual mi explicación.Esto me lacera de tempranía.Esa manera de caminar por los trapecios.Esos corajosos brutos como postizos.Esa goma que pega el azogue al adentro.Esas posaderas sentadas para arriba.Ese no puede ser, sido.Absurdo.Demencia.Pero he venido de Trujillo a Lima.Pero gano un sueldo de cinco soles.
XV
En el rincón aquel, donde dormimos juntostantas noches, ahora me he sentadoa caminar. La cuja de los novios difuntosfue sacada, o talvez qué habrá pasado. Has venido temprano a otros asuntos,y ya no estás. Es el rincóndonde a tu lado, leí una noche,entre tus tiernos puntos,un cuento de Daudet. Es el rincónamado. No lo equivoques. Me he puesto a recordar los díasde verano idos, tu entrar y salir,poca y harta y pálida por los cuartos. En esta noche pluviosa,ya lejos de ambos dos, salto de pronto...Son dos puertas abriéndose cerrándose,dos puertas que al viento van y vienensombra a sombra.
XVI
Tengo fe en ser fuerte.Dame, aire manco, dame irgaloneándome de ceros a la izquierda.Y tú, sueño, dame tu diamante implacable,tu tiempo de deshora. Tengo fe en ser fuerte.Por allí avanza cóncava mujer,cantidad incolora, cuyagracia se cierra donde me abro. Al aire, fray pasado. Cangrejos, zote!Avístase la verde bandera presidencial,arriando las seis banderas restantes,todas las colgaduras de la vuelta. Tengo fe en qué soy,y en que he sido menos. Ea! Buen primero!
XVII
Destílase este 2 en una sola tanda,y entrambos lo apuramos.Nadie me hubo oído. Estría urenteabracadabra civil. La mañana no palpa cual la primera,cual la última piedra ovulandasa fuerza de secreto. La mañana descalza.El barro a mediasentre sustancias gris, más y menos. Caras no saben de la cara, ni de lamarcha a los encuentros.Y sin hacia cabecee el exergo.Yerra la punta del afán. Junio, eres nuestro. Junio, y en tus hombrosme paro a carcajear, secandomi metro y mis bolsillosen tus 21 uñas de estación. Buena! Buena!
XVIII
Oh las cuatro paredes de la celda.Ah las cuatro paredes albicantesque sin remedio dan al mismo número. Criadero de nervios, mala brecha,por sus cuatro rincones cómo arrancalas diarias aherrojadas extremidades. Amorosa llavera de innumerables llaves,si estuvieras aquí, si vieras hastaqué hora son cuatro estas paredes.Contra ellas seríamos contigo, los dos,más dos que nunca. Y ni lloraras,di, libertadora! Ah las paredes de la celda.De ellas me duele entretanto, máslas dos largas que tienen esta nochealgo de madres que ya muertasllevan por bromurados declives,a un niño de la mano cada una. Y sólo yo me voy quedando,con la diestra, que hace por ambas manos,en alto, en busca de terciario brazoque ha de pupilar, entre mi dónde y mi cuándo,esta mayoría inválida de hombre.
XIX
A trastear, Hélpide dulce, escampas,cómo quedamos de tan quedarnos. Hoy vienes apenas me he levantado.El establo está divinamente meadoy excrementido por la vaca inocentey el inocente asno y el gallo inocente. Penetra en la maría ecuménica.Oh sangabriel, haz que conciba el alma,el sin luz amor, el sin cielo,lo más piedra, lo más nada, hasta la ilusión monarca. Quemaremos todas las naves!Quemaremos la última esencia! Mas si se ha de sufrir de mito a mito,y a hablarme llegas masticando hielo,mastiquemos brasas,ya no hay dónde bajar,ya no hay dónde subir. Se ha puesto el gallo incierto, hombre.
XX
Al ras de batiente nata blindadade piedra ideal. Pues apenasacerco el 1 al 1 para no caer. Ese hombre mostachoso. Sol,herrada su única rueda, quinta y perfecta,y desde ella para arriba.Bulla de botones de bragueta, libres,bulla que reprende A vertical subordinada.El desagüe jurídico. La chirota grata. Mas sufro. Allende sufro. Aquende sufro. Y he aquí se me cae la baba, soyuna bella persona, cuandoel hombre guillermosecundariopuja y suda felicidada chorros, al dar lustre al calzadode su pequeña de tres años. Engállase el barbado y frota un lado.La niña en tanto pónese el índiceen la lengua que empieza a deletrearlos enredos de enredos de los enredos,y unta el otro zapato, a escondidas,con un poquito de saliba y tierra, pero con un poquito no má- .s.
XXI
En un auto arteriado de círculos viciosostorna diciembre qué cambiado,con su oro en desgracia. Quién le viera:diciembre con sus 31 pieles rotas, el pobre diablo. Yo le recuerdo. Hubimos de esplendor,bocas ensortijadas de mal engreimiento,todas arrastrando recelos infinitos.Cómo no voy a recordarleal magro señor Doce. Yo le recuerdo. Y hoy diciembre tornaqué cambiado, el aliento a infortunio,helado, moqueando humillación. Y a la temurosa avestruzcomo que la ha querido, corno que la ha adorado.Pero ella se ha calzado todas sus diferencias.
XXII
Es posible me persigan hasta cuatromagistrados vuelto. Es posible me juzguen pedro.¡Cuatro humanidades justas juntas!Don Juan Jacobo está en hacerio,y las burlas le tiran de su soledad,como a un tonto. Bien hecho. Farol rotoso, el día induce a darle algo,y pendea modo de asterisco que se mendigaa sí propio quizás qué enmendaturas. Ahora que chirapa tan bonitoen esta paz de una sola línea,aquí me tienes,aquí me tienes, de quien yo penda,para que sacies mis esquinas.Y si, éstas colmadas,te derramases de mayor bondad,sacaré de donde no haya,forjaré de locura otros posillos,insaciables ganasde nivel y amor. Si pues siempre salimos al encuentrode cuanto entra por otro lado,ahora, chirapado eterno y todo,heme, de quien yo penda,estoy de filo todavía. Heme!
XXIII
Tahona estuosa de aquellos mis bizcochospura yema infantil innumerable, madre. Oh tus cuatro gorgas, asombrosamentemal plañidas, madre: tus mendigos.Las dos hermanas últimas, Miguel que ha muertoy yo arrastrando todavíauna trenza por cada letra del abecedario. En la sala de arriba nos repartíasde mañana, de tarde, de dual estiba,aquellas ricas hostias de tiempo, paraque ahora nos sobrasencáscaras de relojes en flexión de las 24en punto parados. Madre, y ahora! Ahora, en cuál alvéoloquedaría, en qué retoño capilar,cierta migaja que hoy se me ata al cuelloy no quiere pasar. Hoy que hastatus puros huesos estarán harinaque no habrá en qué amasar¡tierna dulcera de amor,hasta en la cruda sombra, hasta en el gran molarcuya encía late en aquel lácteo hoyueloque inadvertido lábrase y pulula ¡tú lo viste tánto!en las cerradas manos recién nacidas. Tal la tierra oirá en tu silenciar,cómo nos van cobrando todosel alquiler del mundo donde nos dejasy el valor de aquel pan inacabable.Y nos lo cobran, cuando, siendo nosotrospequeños entonces, como tú verías,no se lo podíamos haber arrebatadoa nadie; cuando tú nos lo diste,¿di, mamá?
XXIV
Al borde de un sepulcro florecidotranscurren dos marías llorando,llorando a mares. El ñandú desplumado del recuerdoalarga su postrera pluma,y con ella la mano negativa de Pedrograba en un domingo de ramosresonancias de exequias y de piedras. Del borde de un sepulcro removidose alejan dos marías cantando. Lunes.
XXV
Alfan alfiles a adherirsea las junturas, al fondo, a los testuces,al sobrelecho de los numeradores a pie.Alfiles y cadillos de lupinas parvas. Al rebufar el socaire de cada caraveladeshilada sin ameracanizar,ceden las estevas en espasmo de infortunio,con pulso párvulo mal habituadoa sonarse en el dorso de la muñeca.Y la más aguda tiplisonanciase tonsura y apeálase, y largamentese ennazala hacia carámbanosde lástima infinita. Soberbios lomos resoplanal portar, pendientes de mustios petraleslas escarapelas con sus siete coloresbajo cero, desde las islas guanerashasta las islas guaneras.Tal los escarzos a la intemperie de pobrefe.Tal el tiempo de las rondas. Tal el del rodeopara los planos futuros,cuando innánima grifalda relata sólofallidas callandas cruzadas. Vienen entonces alfiles a adherirsehasta en las puertas falsas y en los borradores.
XXVI
El verano echa nudo a tres añosque, encintados de cárdenas cintas, a todo sollozo,aurigan orinientos índicesde moribundas alejandrías,de cuzcos moribundos. Nudo alvino deshecho, una pierna por allí,más allá todavía la otra, desgajadas, y péndulas.Deshecho nudo de lácteas glándulasde la sinamayera,bueno para alpacas brillantes,para abrigo de pluma inservible¡más piernas los brazos que brazos! Así envérase el fin, como todo,como polluelo adormido saltónde la hendida cáscara,a luz eternamente polla.Y así, desde el óvalo, con cuatros al hombro, ya para qué tristura.Las uñas aquellas dolíanretesando los propios dedos hospicios.De entonces crecen ellas para adentro, mueren para afuera, y al medio ni van ni vienen, ni van ni vienen. Las uñas. Apeona ardiente avestruz coja,desde perdidos sures,flecha hasta el estrecho ciego de senos aunados. Al calor de una puntade pobre sesgo ESFORZADO,la griega sota de oros tórnasemorena sota de islas,cobriza sota de lagosen frente a moribunda alejandría,a cuzco moribundo.
XXVII
Me da miedo ese chorro,buen recuerdo, señor fuerte, implacablecruel dulzor. Me da miedo.Esta casa me da entero bien, enterolugar para este no saber dónde estar. No entremos. Me da miedo este favorde tornar por minutos, por puentes volados.Yo no avanzo, señor dulce,recuerdo valeroso, tristeesqueleto cantor. Qué contenido, el de esta casa encantada,me da muertes de azogue, y obturacon plomo mis tomasa la seca actualidad. El chorro que no sabe a cómo vamos,dame miedo, pavor.Recuerdo valeroso, yo no avanzo.Rubio y triste esqueleto, silba, silba.
XXVIII
He almorzado solo ahora, y no he tenidomadre, ni súplica, ni sírvete, ni agua,ni padre que, en el facundo ofertoriode los choclos, pregunte para su tardanzade imagen, por los broches mayores del sonido. Cómo iba yo a almorzar. Cómo me iba a servirde tales platos distantes esas cosas,cuando habráse quebrado el propio hogar,cuando no asoma ni madre a los labios.Cómo iba yo a almorzar nonada. A la mesa de un buen amigo he almorzadocon su padre recién llegado del mundo,con sus canas tías que hablanen tordillo retinte de porcelana,bisbiseando por todos sus viudos alvéolos;y con cubiertos francos de alegres tiroriros,porque estánse en su casa. Así, ¡qué gracia!Y me han dolido los cuchillosde esta mesa en todo el paladar. El yantar de estas mesas así, en que se pruebaamor ajeno en vez del propio amor,torna tierra el brocado que no brinda la MADRE,hace golpe la dura deglución; el dulce,hiel; aceite funéreo, el café. Cuando ya se ha quebrado el propio hogar,y el sírvete materno no sale de latumba,la cocina a oscuras, la miseria de amor.
XXIX
Zumba el tedio enfrascadobajo el momento improducido y caña. Pasa una paralela aingrata línea quebrada de felicidad.Me extraña cada firmeza, junto a esa aguaque se aleja, que ríe acero, calla. Hilo retemplado, hilo, hilo binómico¿por dónde romperás, nudo de guerra? Acoraza este ecuador, Luna.
XXX
Quemadura del segundoen toda la tierna cabecilla del deseo,picadura de ají vagoroso,a las dos de la tarde inmoral. Guante de los bordes borde a borde.Olorosa verdad tocada en vivo, al conectarla antena del sexocon lo que estamos siendo sin saberlo. Lavaza de máxima ablución.Calderas viajerasque se chocan y salpican de fresca sombraunánime, el color, la fracción, la dura vida, la dura vida eterna.No temamos. La muerte es así. El sexo sangre de la amada que se quejadulzorada, de portar tántopor tan punto ridículo.Y el circuitoentre nuestro pobre día y la noche grande,a las dos de la tarde inmoral.
XXXI
Esperanza plañe entre algodones. Aristas roncas uniformadasde amenazas tejidas de esporas magníficascon porteros botones innatos.¿Se luden seis de sol?Natividad. Cállate, miedo. Cristiano espero, espero siemprede hinojos en la piedra circular que estáen las cien esquinas de esta suertetan vaga a donde asomo. Y Dios sobresaltado nos oprimeel pulso, grave, mudo,y como padre a su pequeña, apenas, pero apenas, entreabre los sangrientos algodonesy entre sus dedos toma a la esperanza. Señor, lo quiero yo...Y basta!
XXXII
999 caloríasRumbbb...Trrrapprrr rrach...chazSerpentínica u del dizcocheroengirafada al tímpano. Quién como los hielos. Pero no.Quién como lo que va ni más ni menos.Quién como el justo medio.1,000 calorías.Azulea y ríe su gran cachazael firmamento gringo. Bajael sol empavado y le alborota los cascosal más frío. Remeda al cuco: Roooooooeeeis...tierno autocarril, móvil de sed,que corre hasta la playa. Aire, aire! Hielo!Si al menos el calor (__________ Mejor no digo nada. Y hasta la misma plumacon que escribo por último se troncha. Treinta y tres trillones trescientos treintay tres calorías.
XXXIII
Si lloviera esta noche, retiraríamede aquí a mil años.Mejor a cien no más.Como si nada hubiese ocurrido, haríala cuenta de que vengo todavía. O sin madre, sin amada, sin porfíade agacharme a aguaitar al fondo, a puropulso,esta noche así, estaría escarmenandola fibra védica,la lana védica de mi fin final, hilodel diantre, traza de haber tenidopor las naricesa dos badajos inacordes de tiempo en una misma campana. Haga la cuenta de mi vidao haga la cuenta de no haber aún nacidono alcanzaré a librarme. No será lo que aún no haya venido, sinolo que ha llegado y ya se ha ido,sino lo que ha llegado y ya se ha ido.
XXXIV
Se acabó el extraño, con quien, tardela noche, regresabas parla y parla.Ya no habrá quien me aguarde,dispuesto mi lugar, bueno lo malo. Se acabó la calurosa tarde;tu gran bahía y tu clamor; la charlacon tu madre acabadaque nos brindaba un té lleno de tarde. Se acabó todo al fin: las vacaciones,tu obediencia de pechos, tu manerade pedirme que no me vaya fuera. Y se acabó el diminutivo, parami mayoría en el dolor sin fin,y nuestro haber nacido así sin causa.
XXXV
El encuentro conla amadatánto alguna vez, es un simple detalle,casi un programa hípico en violado,que de tan largo no se puede doblar bien. El almuerzo con ella que estaríaponiendo el plato que nos gustara ayery se repite ahora,pero con algo más de mostaza;el tenedor absorto, su doneo radiantede pistilo en mayo, y su verecundiade a centavito, por quítame allá esa paja.Y la cerveza lírica y nerviosaa la que celan sus dos pezones sin lúpulo,y que no se debe tomar mucho! Y los demás encantos de la mesaque aquella núbil campaña bordacon sus propias baterías germinalesque han operado toda la mañana,según me consta, a mí,amoroso notario de sus intimidades,y con las diez varillas mágicasde sus dedos pancreáticos. Mujer que, sin pensar en nada más allá,suelta el mirlo y se pone a conversarnossus palabras tiernascomo lancinantes lechugas recién cortadas. Otro vaso, y me voy. Y nos marchamos,ahora sí, a trabajar. Entre tanto, ella se internaentre los cortinajes y ¡oh aguja de mis díasdesgarrados! se sienta a la orillade una costura, a coserme el costadoa su costado,a pegar el botón de esa camisa,que se ha vuelto a caer. Pero hase visto!
XXXVI
Pugnamos ensartarnos por un ojo de aguja.enfrentados, a las ganadas.Amoniácase casi el cuarto ángulo del círculo.¡Hembra se continúa el macho, a raízde probables senos, y precisamentea raíz de cuanto no florece! ¿Por ahí estás, Venus de Milo?Tú manqueas apenas pululandoentrañada en los brazos plenariosde la existencia,de esta existencia que todaviízaperenne imperfecciónVenus de Milo, cuyo cercenado, increadobrazo revuélvese y trata de encodarsea través de verdeantes guijarros gagos,ortivos nautilos, aúnes que gateanrecién, vísperas inmortales.Laceadora de inminencias, laceadoradel paréntesis. Rehusad, y vosotros, a posar las plantasen la seguridad dupla de la Armonía.Rehusad la simetría a buen seguro.Intervenid en el conflictode puntas que se diputanen la más torionda de las justasel salto por el ojo de la aguja! Tal siento ahora el meñiquedemás en la siniestra. Lo veo y creono debe serme, o por lo menos que estáen sitio donde no debe.Y me inspira rabia y me azareay no hay cómo salir de él, sino haciendola cuenta de que hoy es jueves. ¡Ceded al nuevo impar potente de orfandad!
XXXVII
He conocido a una pobre muchachaa quien conduje hasta la escena.La madre, sus hermanas qué amables y tambiénaquel su infortunado “tú no vas a volver”. Como en cierto negocio me iba admirablemente,me rodeaban de un aire de dinasta florido.La novia se volvía agua,y cuán bien me solía llorarsu amor mal aprendido. Me gustaba su tímida marinerade humildes aderezos al dar las vueltas,y cómo su pañuelo trazaba puntos,tildes, a la melografía de su bailar de juncia. Y cuando ambos burlamos al párroco,quebróse mi negocio y el suyoy la esfera barrida.
XXXVIII
Este cristal aguarda ser sorbidoen bruto por boca veniderasin dientes. No desdentada.Este cristal es pan no venido todavía. Hiere cuando lo fuerzany ya no tiene cariños animales.Mas si se le apasiona, se melaríay tomaría la horma de los sustantivosque se adjetivan de brindarse. Quienes lo ven allí triste individuoincoloro, lo enviarían por amor,por pasado y a lo más por futuro:si él no dase por ninguno de sus costados;si él espera ser sorbido de golpey en cuanto transparencia, por boca venidera que ya no tendrá dientes. Este cristal ha pasado de animal,y márchase ahora a formar las izquierdas,los nuevos Menos.Déjenlo solo no más.
XXXIX
Quién ha encendido fósforo! Mésome. Sonríoa columpio por motivo.Sonrío aún más, si llegan todosa ver las guías sin colory a mí siempre en punto. Qué me importa. Ni ese bueno del Sol que, al morirse de gusto,lo desposta todo para distribuirloentre las sombras, el pródigo,ni él me esperaría a la otra banda.Ni los demás que paran soloentrando y saliendo. Llama con toque de retinael gran panadero. Y pagamos en señascuriosísimas el tibio valor innegablehorneado, trascendiente.Y tomamos el café, ya tarde,con deficiente azúcar que ha faltado,y pan sin mantequilla. Qué se va a hacer. Pero, eso sí, los aros receñidos, barreados.La salud va en un pie. De frente: marchen!
XL
Quién nos hubiera dicho que en domingoasí, sobre arácnidas cuestasse encabritaría la sombra de puro frontal.(Un molusco ataca yermos ojos encallados,a razón de dos o más posibilidades tantálicascontra medio estertor de sangre remordida). Entonces, ni el propio revés de la pantalladeshabitado enjugaría las arteriastrasdoseadas de dobles todavías.Como si nos hubiesen dejado salir! Comosi no estuviésemos embrazados siemprea los dos flancos diarios de la fatalidad! Y cuánto nos habríamos ofendido.Y aún lo que nos habríamos enojado y peleadoy amistado otra vezy otra vez. Quién hubiera pensado en tal domingo,cuando, a rastras, seis codos lamende esta manera, hueras yemas lunesentes. Habríamos sacado contra él, de bajode las dos alas del Amor,lustrales plumas terceras, puñales,nuevos pasajes de papel de oriente.Para hoy que probamos si aún vivimos,casi un frente no más.
XLI
La Muerte de rodillas manasu sangre blanca que no es sangre.Se huele a garantía.Pero ya me quiero reír. Murmúrase algo por allí. Callan.Alguien silba valor de lado,y hasta se contaría en parveintitrés costillas que se echan de menosentre sí, a ambos costados; se contaríaen par también, toda la filade trapecios escoltas. En tanto; el redoblante policial(otra vez me quiero reír)se desquita y nos tunde a palos,dale y dale,de membrana a membrana,tascontas.
XLII
Esperaos. Ya os voy a narrartodo. Esperaos sossiegueeste dolor de cabeza. Esperaos. ¿Dónde os habéis dejado vosotrosque no hacéis falta jamás? Nadie hace falta! Muy bien. Rosa, entra del último piso.Estoy niño. Y otra vez rosa:ni sabes a dónde voy. ¿Aspa la estrella de la muerte?O son extrañas máquinas cosedorasdentro del costado izquierdo.Esperaos otro momento. No nos ha visto nadie. Purabúscate el talle.¡A dónde se han saltado tus ojos! Penetra reencarnada en los salonesde ponentino cristal. Suenamúsica exacta casi lástima. Me siento mejor. Sin fiebre, y ferviente.Primavera. Perú. Abro los ojos.Ave! No salgas. Dios, como si sospechasealgún flujo sin reflujo ay. Paletada facial, resbala el telóncabe las conchas. Acrisis. Tilia, acuéstate.
XLIII
Quién sabe se va a ti. No le ocultes.Quién sabe madrugada.Acaríciale. No le digas nada. Estáduro de lo que se ahuyenta.Acaríciale. Anda! Cómo le tendrías pena. Narra que no es posibletodos digan que bueno,cuando ves que se vuelve y revuelve,animal que ha aprendido a irse... No?Sí! Acaríciale. No le arguyas. Quién sabe se va a ti madrugada.¿Has contado qué poros dan salida solamente,y cuáles dan entrada?Acaríciale. Anda! Pero no vaya a saberque lo haces porque yo te lo ruego. Anda!
XLIV
Este piano viaja para adentro,viaja a saltos alegres.Luego medita en ferrado reposo,clavado con diez horizontes. Adelanta. Arrástrase bajo túneles,más allá, bajo túneles de dolor,bajo vértebras que fugan naturalmente. Otras veces van sus trompas,lentas asias amarillas de vivir,van de eclipse,y se espulgan pesadillas insectiles,ya muertas para el trueno, heraldo de los génesis. Piano oscuro ¿a quién atisbascon tu sordera que me oye,con tu madurez que me asorda? Oh pulso misterioso.
XLV
Me desvinculo del marcuando vienen las aguas a mi. Salgamos siempre. Saboreemosla canción estupenda, la canción dichapor los labios inferiores del deseo.Oh prodigiosa doncellez.Pasa la brisa sin sal. A lo lejos husmeo los tuétanosoyendo el tanteo profundo, a la cazade teclas de resaca. Y si así diéramos las naricesen el absurdo,nos cubriremos con el oro de no tener nada,y empollaremos el ala aún no nacidade la noche, hermanade esta ala huérfana del día,que a fuerza de ser una ya no es ala.
XLVI
La tarde cocinera se detieneante la mesa donde tú comiste;y muerta de hambre tu memoria vienesin probar ni agua, de lo puro triste. Mas, como siempre, tu humildad se avienea que le brinden la bondad más triste.Y no quieres gustar, que ves quien vienefilialmente a la mesa en que comiste. La tarde cocinera te suplicay te llora en su delatal que aún sórdidonos empieza a querer de oírnos tánto. Yo hago esfuerzos también; porque no hayvalor para servirse de estas aves.Ah! qué nos vamos a servir ya nada.
XLVII
Ciliado arrecife donde nací,según refieren cronicones y pliegosde labios familiares historiadosen segunda gracia. Ciliado archipiélago, te desislas a fondo, a fondo, archipiélago mío!Duras todavía las articulacionesal camino, como cuando nos instan,y nosotros no cedemos por nada. Al ver los párpados cerrados,implumes mayorcitos, devorando azules bombones,se carcajean pericotes viejos.Los párpados cerrados, correo si, cuando nacemos,siempre no fuese tiempo todavía. Se va el altar, el cirio paraque no le pasase nada a mi madre,y por mí que sería con los años, si Diosquería, Obispo, Papa, Santo, o talvezsólo un columnario dolor de cabeza. Y las manitas que se abarquillanasiéndose de algo flotante,a no querer quedarse.Y siendo ya la 1.
XLVIII
Tengo ahora 70 soles peruanos.Cojo la penúltima moneda, la que suena69 veces púnicas.Y he aquí, al finalizar su rol,quemase toda y arde llameante, llameante,redonda entre mis tímpanos alucinados. Ella, siendo 69, dase contra 70;luego escala 71, rebota en 72.Y así se multiplica y espejea impertérritaen todos los demás piñones. Ella, vibrando y forcejeando,pegando grittttos,soltando arduos, chisporroteantes silencios,orinándose de natural grandor,en unánimes postes surgentes,acaba por ser todos los guarismos, la vida entera.
XLIX
Murmurado en inquietud, cruzo,el traje largo de sentir, los lunes de la verdad.Nadie me busca ni me reconoce,y hasta yo he olvidado de quién seré.Cierta guardarropía, sólo ella, nos sabráa todos en las blancas hojasde las partidas.Esa guardarropía, ella sola,al volver de cada facción, de cada candelabro ciego de nacimiento. Tampoco yo descubro a nadie, bajoeste mantillo que iridice los lunes de la razón;y no hago más que sonreir a cada púade las verjas, en la loca búsqueda del conocido.Buena guardarropía, ábreme tus blancas hojas:quiero reconocer siquiera al 1,quiero el punto de apoyo, quiero saber de estar siquiera.En los bastidores donde nos vestimos,no hay, no Hay nadie: hojas tan sólo de par en par.Y siempre los trajes descolgándosepor sí propios, de perchascomo ductores índices grotescos,y partiendo sin cuerpos, vacantes, hasta el matiz prudentede un gran caldo de alas con causasy lindes fritas.Y hasta el hueso!
L
El cancerbero cuatro vecesal día maneja su candado, abriéndonoscerrándonos los esternones, en guiñosque entendemos perfectamente. Con los fundillos lelos melancólicos,amuchachado de trascendental desaliño,parado, es adorable el pobre viejo.Chancea con los presos, hasta el topelos puños en las ingles. Y hasta mojarrillales roe algún mendrugo; pero siemprecumpliendo su deber. Por entre los barrotes pone el puntofiscal, inadvertido, izándose en la falangitadel meñique,a la pista de lo que hablo,lo que como,lo que sueño.Quiere el corvino ya no hayan adentros,y cómo nos duele esto que quiere el cancerbero. Por un sistema de relojería, juegael viejo inminente, pitagórico!a lo ancho de las aortas. Y sólode tarde en noche, con nochesoslaya alguna su excepción de metal.Pero, naturalmente,siempre cumpliendo su deber.
LI
Mentira. Si lo hacía de engaños,y nada más. Ya está. De otro modo,también tú vas a vercuánto va a dolerme el haber sido así. Mentira. Calla.Ya está bien.Como otras veces tú me haces esto mismo,por eso yo también he sido así. A mí, que había tánto atisbado si de verasllorabas,ya que otras veces sólo te quedasteen tus dulces pucheros,a mí, que ni soñé que los creyeses,me ganaron tus lágrimas.Ya está. Mas ya lo sabes: todo fue mentira.Y si sigues llorando, bueno, pues!Otra vez ni he de verte cuando juegues.
LII
Y nos levantaremos cuando se nos déla gana, aunque mamá toda clarornos despierte con cantoray linda cólera materna.Nosotros reiremos a hurtadillas de esto,mordiendo el canto de las tibias colchasde vicuña ¡y no me vayas a hacer cosas! Los humos de los bohíos ¡ah golfillosen rama! madrugarían a jugara las cometas azulinas, azulantes,y, apañuscando alfarjes y piedras, nos daríansu estímulo fragante de boñiga, para sacarnosal aire nene que no conoce aún las letras,a pelearles los hilos. Otro día querrás pastorearentre tus huecos onfalóideos ávidas cavernas, meses nonos, mis telones.O querrás acompañar a la ancianíaa destapar la toma de un crepúsculo,para que de día surjatoda el agua que pasa de noche. Y llegas muriéndote de risa,y en el almuerzo musical,cancha reventada, harina con manteca,con manteca,le tomas el pelo al peón decúbitoque hoy otra vez olvida dar los buenos días,esos sus días, buenos con b de baldío,que insisten en salirle al pobrepor la culata de la vdentilabial que la vela en él.
LIII
Quién clama las once no son doce!Como si las hubiesen pujado, se afrontande dos en dos las once veces. Cabezazo brutal. Asomanlas coronas a oír,pero sin traspasar los eternostrescientos sesenta grados, asomany exploran en balde, dónde ambas manosocultan el otro puente que les naceentre veras y litúrgicas bromas. Vuelve la frontera a probarlas dos piedras que no alcanzan a ocuparuna misma posada a un mismo tiempo.La frontera, la ambulante batuta, que sigueinmutable, igual, sólomás ella a cada esguince en alto. Veis lo que es sin poder ser negado,veis lo que tenemos que aguantar,mal que nos pese.¡Cuánto se aceita en codosque llegan hasta la boca!
LIV
Forajido tormento, entra, salpor un mismo forado cuadrangular.Duda. El balance punza y punzahasta las cachas. A veces doyme contra todas las contras,y por ratos soy el alto más negro de los ápicesen la fatalidad de la Armonía.Entonces las ojeras se irritan divinamente,y solloza la sierra del alma,se violentan oxígenos de buena voluntad,arde cuanto no arde y hastael dolor dobla el pico en risa. Pero un día no podrás entrarni salir, con el puñado de tierraque te echaré a los ojos, forajido!
LV
Samain diría el aire es quieto y de una contenida tristeza. Vallejo dice hoy la Muerte está soldando cada lindero a cada hebra de cabello perdido, desde la cubeta de un frontal, donde hay algas, toronjiles que cantan divinos almácigos en guardia, y versos anti sépticos sin dueño. El miércoles, con uñas destronadas se abre las propias uñasde alcanfor, e instila por polvorientosharneros, ecos, páginas vueltas, sarros,zumbidos de moscascuando hay muerto, y pena clara esponjosa y cierta esperanza. Un enfermo lee La Prensa, como en facistol.Otro está tendido palpitante, longirrostro,cerca a estarlo sepulto.Y yo advierto un hombro está en su sitiotodavía y casi queda listo tras de éste, el otro lado. Ya la tarde pasó diez y seis veces por el subsuelo empatrullado,y se está casi ausenteen el número de madera amarillade la cama que está desocupada tanto tiempo allá ..................................... enfrente.
LVI
Todos los días amanezco a ciegasa trabajar para vivir; y tomo el desayuno,sin probar ni gota de él, todas las mañanas.Sin saber si he logrado, o más nunca,algo que brinca del saboro es sólo corazón y que ya vuelto, lamentaráhasta dónde esto es lo menos. El niño crecería ahito de felicidad oh albas,ante el pesar de los padres de no poder dejarnosde arrancar de sus sueños de amor a este mundo;ante ellos que, como Dios, de tanto amorse comprendieron hasta creadoresy nos quisieron hasta hacernos daño. Flecos de invisible trama,dientes que huronean desde la neutra emoción, pilareslibres de base y coronación,en la gran boca que ha perdido el habla. Fósforo y fósforo en la oscuridad,lágrima y lágrima en la polvareda.
LVII
Craterizados los puntos más altos, los puntosdel amor, de ser mayúsculo, bebo, ayuno ab-sorbo heroína para la pena, para el latidolacio y contra toda corrección. ¿Puedo decir que nos han traicionado? No.¿Qué todos fueron buenos? Tampoco. Peroallí está una buena voluntad, sin duda,y sobre todo, el ser así. Y qué quien se ame mucho! Yo me buscoen mi propio designio que debió ser obramía, en vano: nada alcanzó a ser libre. Y sin embargo, quién me empuja.A que no me atrevo a cerrar la quinta ventana.Y el papel de amarse y persistir, junto a lashoras y a lo indebido. Y el éste y el aquél.
LVIII
En la celda, en lo sólido, tambiénse acurrucan los rincones. Arreglo los desnudos que se ajan,se doblan, se harapan. Apéome del caballo jadeante, bufandolíneas de bofetadas y de horizontes;espumoso pie contra tres cascos.Y le ayudo: Anda, animal! Se tomaría menos, siempre menos, de loque me tocase erogar,en la celda, en lo líquido. El compañero de prisión comía el trigode las lomas, con mi propia cuchara,cuando, a la mesa de mis padres, niño,me quedaba dormido masticando. Le soplo al otro:Vuelve, sal por la otra esquina;apura ...aprisa,... apronta! E inadvertido aduzco, planeo,cabe camastro desvencijado, piadoso:No creas. Aquel médico era un hombre sano. Ya no reiré cuando mi madre receen infancia y en domingo, a las cuatrode la madrugada, por los caminantes,encarcelados,enfermosy pobres. En el redil de niños, ya no le asestarépuñetazos a ninguno de ellos, quien, después,todavía sangrando, lloraría: El otro sábadote daré de mi fiambre, perono me pegues!Ya no le diré que bueno. En la celda, en el gas ilimitadohasta redondearse en la condensación,¿quién tropieza por afuera?
LIX
La esfera terrestre del amorque rezagóse abajo, da vueltay vuelta sin parar segundo,y nosotros estamos condenados a sufrircomo un centro su girar. Pacifico inmóvil, vidrio, preñadode todos los posibles.Andes frío, inhumanable, puro.Acaso. Acaso. Gira la esfera en el pedernal del tiempo,y se afila,y se afila hasta querer perderse;gira forjando, ante los desertados flancos,aquel punto tan espantablemente conocido,porque él ha gestado, vueltay vuelta,el corralito consabido. Centrífuga que sí, que sí,que Sí,que sí, que sí, que sí, que sí: NO!Y me retiro hasta azular, y retrayéndomeendurezco, hasta apretarme el alma!
LX
Es de madera mi paciencia,sorda, vejetal. Día que has sido puro, niño, inútil,que naciste desnudo, las leguasde tu marcha, van corriendo sobretus doce extremidades, ese doblez ceñudoque después deshiláchaseen no se sabe qué últimos pañales. Constelado de hemisferios de grumo,bajo eternas américas inéditas, tu gran plumaje,te partes y me dejas, sin tu emoción ambigua,sin tu nudo de sueños, domingo. Y se apolilla mi paciencia,y me vuelvo a exclamar: ¡Cuándo vendráel domingo bocón y mudo del sepulcro;cuándo vendrá a cargar este sábadode harapos, esta horrible suturadel placer que nos engendra sin querer,y el placer que nos DestieRRa!
LXI
Esta noche desciendo del caballo,ante la puerta de la casa, dondeme despedí con el cantar del gallo.Está cerrada y nadie responde. El poyo en que mamá alumbróal hermano mayor, para que ensillelomos que había yo montado en pelo,por rúas y por cercas, niño aldeano;el poyo en que dejé que se amarille al solmi adolorida infancia... ¿Y este dueloque enmarca la portada? Dios en la paz foránea,estornuda, cual llamando también, el bruto;husmea, golpeando el empedrado. Luego duda,relincha,orejea a viva oreja. Ha de velar papá rezando, y quizáspensará se me hizo tarde.Las hermanas, canturreando sus ilusionessencillas, bullosas,en la labor para la fiesta que se acerca,y ya no falta casi nada.Espero, espero, el corazónun huevo en su momento, que se obstruye. Numerosa familia que dejamosno ha mucho, hoy nadie en vela, y ni una cerapuso en el ara para que volviéramos. Llamo de nuevo, y nada.Callamos y nos ponemos a sollozar, y el animalrelincha, relincha más todavía. Todos están durmiendo para siempre,y tan de lo más bien, que por finmi caballo acaba fatigado por cabeceara su vez, y entre sueños, a cada venia, diceque está bien, que todo está muy bien.
LXII
AlfombraCuando vayas al cuarto que tú sabes,entra en él, pero entorna con tiento la mamparaque tánto se entreabre,cása bien los cerrojos, para que ya no puedanvolverse otras espaldas. CortezaY cuando salgas, di que no tardarása llamar al canal que nos separa:fuertemente cojido de un canto de tu suerte,te soy inseparable,y me arrastras de borde de tu alma. AlmohadaY sólo cuando hayamos muerto ¡quién sabe! Oh nó. Quién sabe!entonces nos habremos separado.Mas si, al cambiar el paso, me tocase a míla desconocida bandera, te he de esperar allá;en la confluencia del soplo y el hueso,como antaño,como antaño en la esquina de los novios ponientes de la tierra.Y desde allí te seguiré a lo largode otros mundos, y siquiera podránservirte mis nós musgosos y arrecidos,para que en ellos poses las rodillasen las siete caídas de esa cuesta infinita,y así te duelan menos.
LXIII
Amanece lloviendo. Bien peinadala mañana chorrea el pelo fino.Melancolía está amarrada;y en mal asfaltado oxidente de muebles hindúes,vira, se asienta apenas el destino. Cielos de puna descorazonadapor gran amor, los cielos de platino, torvosde imposible. Rumia la majada y se subrayade un relincho andino. Me acuerdo de mí mismo. Pero bastanlas astas del viento, los timones quietos hastahacerse uno,y el grillo del tedio y el jiboso codo inquebrantable. Basta la mañana de libres crinejasde brea preciosa, serrana,cuando salgo y busco las oncey no son más que las doce deshoras.
LXIV
Hitos vagarosos enamoran, desde el minuto montuoso que obstetriza y féchalos amotinados nichos de la atmósfera. Verde está el corazón de tánto esperar, y en el canal de Panamá ¡hablo con vosotras, mitades, ba ses, cúspides! retoñan los peldaños, pasos que suben,pasos que baja-n.Y yo que pervivo,y yo que sé plantarme. Oh valle sin altura madre, donde todo duerme horrible mediatinta, sin ríos frescos, sin entradas de amor. Oh voces y ciudades, que pasan cabalgando en un dedo tendido que señala a calva Unidad. Mientras pasan, de mucho en mucho, gañanes de gran costado sabio, detrás de las tres tardas dimensiones.Hoy Mañana Ayer (No, hombre!)
LXV
Madre, me voy mañana a Santiago,a mojarme en tu bendición y en tu llanto.Acomodando estoy mis desengaños y el rosadode llaga de mis falsos trajines. Me esperará tu arco de asombro,las tonsuradas columnas de tus ansiasque se acaban la vida. Me esperará el patio,el corredor de abajo con sus tondos y repulgosde fiesta. Me esperará mi sillón ayo,aquel buen quijarudo trasto de dinásticocuero, que para no más rezongando a las nalgastataranietas, de correa a correhuela. Estoy cribando mis cariños más puros.Estoy ejeando ¿no oyes jadear la sonda? ¿no oyes tascar dianas?estoy plasmando tu fórmula de amorpara todos los huecos de este suelo.Oh si se dispusieran los tácitos volantespara todas las cintas más distantes,para todas las citas más distintas. Así, muerta inmortal. Así.Bajo los dobles arcos de tu sangre, por dondehay que pasar tan de puntillas, que hasta mi padrepara ir por allí,humildóse hasta menos de la mitad del hombre,hasta ser el primer pequeño que tuviste. Así, muerta inmortal.Entre la columnata de tus huesosque no puede caer ni a lloros,y a cuyo lado ni el destino pudo entrometerni un solo dedo suyo. Así, muerta inmortal.Así.
LXVI
Dobla el dos de Noviembre. Estas sillas son buenas acojidas.La rama del presentimientova, viene, sube, ondea sudorosa,fatigada en esta sala.Dobla triste el dos de Noviembre. Difuntos, qué bajo cortan vuestros dientesabolidos, repasando ciegos nervios,sin recordar la dura fibraque cantores obreros redondos remiendancon cáñamo inacabable, de innumerables nudoslatientes de encrucijada. Vosotros, difuntos, de las nítidas rodillaspuras a fuerza de entregaros,cómo aserráis el otro corazóncon vuestras blancas coronas, ralasde cordialidad. Sí. Vosotros, difuntos. Dobla triste el dos de Noviembre.Y la rama del presentimientose la muerde un carro que simplementerueda por la calle.
LXVII
Canta cerca el verano, y ambosdiversos erramos, al hombrorecodos, cedros, compases unípedos,espatarrados en la sola recta inevitable. Canta el verano, y en aquellas paredesendulzadas de marzo,lloriquea, gusanea la arácnida acuarela de la melancolía.Cuadro enmarcado de trisado anélido, cuadroque faltó en ese sitio para dondepensamos que vendría el gran espejo ausente.Amor, éste es el cuadro que faltó. Mas, para qué me esforzaríapor dorar pajilla para tal encantada aurícula,si, a espaldas de astros queridos,se consiente el vacío, a pesar de todo. Cuánta madre quedábase adentradasiempre, en tenaz atavío de carbón, cuandoel cuadro faltaba, y para lo que creceríaal pie de ardua quebrada de mujer. Así yo me decía: Si vendrá aquel espejoque de tan esperado, ya pasa de cristal.Me acababa la vida, ¿para qué?Me acababa la vida, para alzarnos sólo de espejo a espejo.
LXVIII
Estamos a catorce de Julio.Son las cinco de la tarde. Llueve en todauna tercera esquina de papel secante.Y llueve más de abajo ay para arriba. Dos lagunas las manos avanzande diez en fondo,desde un martes cenagoso que ha seis díasestá en los lagrimales helado. Se ha degollado una semanacon las más agudas caídas; hase hechotodo lo que puede hacer miserable genialen gran taberna sin rieles. Ahora estamosbien, con esta lluvia que nos lavay nos alegra y nos hace gracia suave. Hemos a peso bruto caminado, y, de un solo desafío,blanqueó nuestra pureza de animales.Y preguntamos por el eterno amor,por el encuentro absoluto,por cuanto pasa de aquí para allá.Y respondimos desde dónde los míos no son los tuyosdesde qué hora el bordón, al ser portado,sustenta y no es sustentado. (Neto.) Y era negro, colgado en un rincón,sin proferir ni jota, mi paletó,atodastA
LXIX
Qué nos buscas, oh mar, con tus volúmenesdocentes! Qué inconsolable, qué atrozestás en la febril solana. Con tus azadones saltas,con tus hojas saltas,hachando, hachando en loco sésamo,mientras tornan llorando las olas, despuésde descalcar los cuatro vientosy todos los recuerdos, en labiados platelesde tungsteno, contractos de colmillosy estáticas eles quelonias. Filosofía de alas negras que vibranal medroso temblor de los hombros del día. El mar, y una edición en pie,en su única hoja el anversode cara al reverso.
LXX
Todos sonríen del desgaire con que voyme a fondo, celular de comer bien y bien beber. Los soles andan sin yantar? O hay quienles da granos como a pajarillos? Francamente,yo no sé de esto casi nada. Oh piedra, almohada bienfaciente al fin. Amémonos os vivos a los vivos, que a las buenas cosas muertas erá después. Cuánto tenemos que quererlasy estrecharlas, cuánto. Amemos las actualidades, que siempre no estaremos como estamos.Que interinos Barrancos no hay en los esenciales cementerios. El porteo va en el alfar, a pico. La jornada nos da en el cogollo, con su docena de escaleras, escala das, en horizontizante frustración de pies, por pávidas sandalias vacantes. Y temblamos avanzar el paso, que no sabemos si damos con el péndulo, o ya lo hemos cruzado.
LXXI
Serpea el sol en tu mano fresca,y se derrama cauteloso en tu curiosidad. Cállate. Nadie sabe que estás en mí,toda entera. Cállate. No respires. Nadiesabe mi merienda suculenta de unidad:legión de oscuridades, amazonas de lloro. Vanse los carros flajelados por la tarde,y entre ellos los míos, cara atrás, a las riendasfatales de tus dedos.Tus manos y mis manos recíprocas se tiendenpolos en guardia, practicando depresiones,y sienes y costados. Calla también, crepúsculo futuro,y recójete a reír en lo íntimo, de este celode gallos ajisecos soberbiamente,soberbiamente ennavajadosde cúpulas, de viudas mitades cerúleas.Regocíjate, huérfano; bebe tu copa de aguadesde la pulpería de una esquina cualquiera.
LXXII
Lento salón en cono, te cerraron, te cerré,aunque te quise, tú lo sabes,y hoy de qué manos penderán tus llaves. Desde estos muros derribamos los últimosescasos pabellones que cantaban.Los verdes han crecido. Veo labriegos trabajando,los cerros llenos de triunfo.Y el mes y medio transcurrido alcanzapara una mortaja, hasta demás. Salón de cuatro entradas y sin una salida,hoy que has honda murria, te hablopor tus seis dialectos enteros.Ya ni he de violentarte a que me seas,de para nunca; ya no saltaremosningún otro portillo querido. Julio estaba entonces de nueve. Amorcontó en sonido impar. Y la dulzuradió para toda la mortaja, hasta demás.
LXXIII
Ha triunfado otro ay. La verdad está allí.Y quien tal actúa ¿no va a saberamaestrar excelentes dijitígradospara el ratón Sí ...No ... ? Ha triunfado otro ay y contra nadie.Oh exósmosis de agua químicamente pura.Ah míos australes. Oh nuestros divinos. Tengo pues derechoa estar verde y contento y peligroso, y a serel cincel, miedo del bloque basto y vasto;a meter la pata y a la risa. Absurdo, sólo tú eres puro.Absurdo, este exceso sólo ante ti sesuda de dorado placer.
LXXIV
Hubo un día tan rico el año pasado... !que ya ni sé qué hacer con él. Severas madres guías al colegio,asedian las reflexiones, y nosotros enflechamosla cara apenas. Para ya tarde saberque en aquello gozna la travesuray se rompe la sien.Qué día el del año pasado,que ya ni sé qué hacer con él,rota la sien y todo. Por esto nos separarán,por eso y para ya no hagamos mal.Y las reflexiones técnicas aún dicen¿no las vas a oír?que dentro de dos gráfilas oscuras y aparte,por haber sido niños y tambiénpor habernos juntado mucho en la vida,reclusos para siempre nos irán a encerrar. Para que te compongas.
LXXV
Estáis muertos. Qué extraña manera de estarse muertos. Quienquiera diría no lo estáis. Pero, en verdad, estáis muertos, muertos. Flotáis nadamente detrás de aquesa membrana que, péndula del zenit al nadir, viene y va de crepúsculo a crepúsculo, vibrando ante la sonora caja de una herida que a vosotros no os duele. Os digo, pues, que la vida está en el espejo, y que vosotros sois el original, la muerte. Mientras la onda va, mientras la onda viene, cuán impunemente se está uno muerto. Sólo cuando las aguas se quebrantan en los bordes enfrentados y se doblan y doblan, entonces os transfiguráis y creyendo morir, percibís la sexta cuerda que ya no es vuestra. Estáis muertos, no habiendo antes vivido jamás. Quienquiera diría que, no siendo ahora, en otro tiempo fuisteis. Pero, en verdad, vosotros sois los cadáveres de una vida que nunca fue. Triste destino el no haber sido sino muertos siempre. El ser hoja seca sin haber sido verde jamás. Orfandad de orfandades. Y sinembargo, los muertos no son, no pueden ser cadáveres de una vida que todavía no han vivido. Ellos murieron siempre de vida. Estáis muertos.
LXXVI
De la noche a la mañana voysacando lengua a las más mudas equis. En nombre de esa puraque sabía mirar hasta ser 2. En nombre de que la fui extraño,llave y chapa muy diferentes. En nombre della que no tuvo vozni voto, cuando se dispusoesta su suerte de hacer. Ebullición de cuerpos, sinembargo,aptos; ebullición que siempretan sólo estuvo a 99 burbujas. ¡Remates, esposados en naturaleza,de dos días que no se juntan,que no se alcanzan jamás.
LXXVII
Graniza tánto, como para que yo recuerdey acreciente las perlasque he recogido del hocico mismode cada tempestad. No se vaya a secar esta lluvia.A menos que me fuese dadocaer ahora para ella, o que me enterrasenmojado en el aguaque surtiera de todos los fuegos. ¿Hasta dónde me alcanzará esta lluvia?Temo me quede con algún flanco seco;temo que ella se vaya, sin haberme probadoen las sequías de increíbles cuerdas vocales,por las que,para dar armonía,hay siempre que subir ¡nunca bajar!¿No subimos acaso para abajo? Canta, lluvia, en la costa aún sin mar!
I
Quién hace tanta bulla y ni deja Testar las islas que van quedando. Un poco más de consideraciónen cuanto será tarde, temprano, y se aquilatará mejorel guano, la simple calabrina tesóreaque brinda sin querer,en el insular corazón,salobre alcatraz, a cada hialóidea grupada. Un poco más de consideración,y el mantillo líquido, seis de la tarde DE LOS MÁS SOBERBIOS BEMOLES.Y la península párasepor la espalda, abozaleada, impertérritaen la línea mortal del equilibrio.
II
Tiempo Tiempo.Mediodía estancado entre relentes.Bomba aburrida del cuartel achicatiempo tiempo tiempo tiempo. Era Era.Gallos cancionan escarbando en vano.Boca del claro día que conjugaera era era era. Mañana Mañana.El reposo caliente aún de ser.Piensa el presente guárdame paramañana mañana mañana mañana Nombre Nombre.¿Qué se llama cuanto heriza nos?Se llama Lomismo que padecenombre nombre nombre nombrE.
III
Las personas mayores¿a qué hora volverán?Da las seis el ciego Santiago,y ya está muy oscuro. Madre dijo que no demoraría. Aguedita, Nativa, Miguel,cuidado con ir por ahí, por dondeacaban de pasar gangueando sus memoriasdobladoras penas,hacia el silencioso corral, y por dondelas gallinas que se están acostando todavía,se han espantado tanto.Mejor estemos aquí no más.Madre dijo que no demoraría. Ya no tengamos pena. Vamos viendolos barcos ¡el mío es más bonito de todos!con los cuales jugamos todo el santo día,sin pelearnos, como debe de ser:han quedado en el pozo de agua, listos,fletados de dulces para mañana. Aguardemos así, obedientes y sin másremedio, la vuelta, el desagraviode los mayores siempre delanterosdejándonos en casa a los pequeños,como si también nosotros no pudiésemos partir. Aguedita, Nativa, Miguel?Llamo, busco al tanteo en la oscuridad.No me vayan a haber dejado solo,y el único recluso sea yo.
IV
Rechinan dos carretas, contra los martilloshasta los lagrimales trifurcas,cuandonunca las hicimos nada.A aquella otra sí, desamada,amargurada bajo túnel camperopor lo uno, y sobre duras ájidaspruebas espiritivas. Tendime en són de tercera parte,mas la tarde —qué la bamos a hhazer—se anilla en mi cabeza, furiosamentea no querer dosificarse en madre. Son los anillos. Son los nupciales trópicos ya tascados.El alejarse, mejor que todo,rompe a Crisol. Aquel no haber descoloradopor nada. Lado al lado al destino y lloray llora. Toda la cancióncuadrada en tres silencios. Calor. Ovario. Casi transparencia.Háse llorado todo. Háse entero veladoen plena izquierda.
V
Grupo dicotiledón. Oberturandesde él petreles, propensiones de trinidad,finales que comienzan, ohs de ayescreyérase avaloriados de heterogeneidad.¡Grupo de los cotiledones! A ver. Aquello sea sin ser más.A ver. No trascienda hacia afuera,y piense en són de no ser escuchado,y crome y no sea visto.Y no glise en el gran colapso. La creada voz rebélase y no quiereser malla, ni amor.Los novios sean novios en eternidad.Pues no deis 1, que resonará al infinito.Y no deis 0, que callará tánto,hasta despertar y poner de pie al 1. Ah grupo bicardiaco.
VI
El traje que vestí mañanano lo ha lavado mi lavandera:lo lavaba en sus venas otilinas,en el chorro de su corazón, y hoy no hede preguntarme si yo dejabael traje turbio de injusticia. A hora que no hay quien vaya a las aguas,en mis falsillas encañonael lienzo para emplumar, y todas las cosasdel velador de tánto qué será de mí,todas no están míasa mi lado. Quedaron de su propiedad,fratesadas, selladas con su trigueña bondad. Y si supiera si ha de volver;y si supiera qué mañana entraráa entregarme las ropas lavadas, mi aquellalavandera del alma. Que mañana entrarásatisfecha, capulí de obrería, dichosade probar que sí sabe, que sí puede ¡CÓMO NO VA A PODER!azular y planchar todos los caos.
VII
Rumbé sin novedad por la veteada calleque yo me sé. Todo sin novedad,de veras. Y fondeé hacia cosas así,y fui pasado. Doblé la calle por la que rarasveces se pasa con bien, salidaheroica por la herida de aquellaesquina viva, nada a medias. Son los grandores,el grito aquel, la claridad de careo,la barreta sumersa en su función de ¡ya! Cuando la calle está ojerosa de puertas,y pregona desde descalzos atrilestrasmañanar las salvas en los dobles. Ahora hormigas minuterasse adentran dulzoradas, dormitadas, apenasdispuestas, y se baldan,quemadas pólvoras, altos de a 1921.
VIII
Mañana esotro día, algunavez hallaría para el hifalto poder,entrada eternal. Mañana algún día,sería la tienda chapadacon un par de pericardios, parejade carnívoros en celo. Bien puede afincar todo eso.Pero un mañana sin mañana,entre los aros de que enviudemos,margen de espejo habrádonde traspasaré mi propio frentehasta perder el ecoy quedar con el frente hacia la espalda.
IX
Vusco volvvver de golpe el golpe.Sus dos hojas anchas, su válvulaque se abre en suculenta recepciónde multiplicando a multiplicador,su condición excelente para el placer,todo avía verdad. Busco volvver de golpe el golpe.A su halago, enveto bolivarianas fragosidadesa treintidós cables y sus múltiples,se arrequintan pelo por pelosoberanos belfos, los dos tomos de la Obra,y no vivo entonces ausencia, ni al tacto. Fallo bolver de golpe el golpe.No ensillaremos jamás el toroso Vaveode egoísmo y de aquel ludir mortalde sábana,desque la mujer esta ¡cuánto pesa de general! Y hembra es el alma de la ausente.Y hembra es el alma mía.
X
Prístina y última piedra de infundadaventura, acaba de morircon alma y todo, octubre habitación y encinta.De tres meses de ausente y diez de dulce.Cómo el destino,mitrado monodáctilo, ríe. Cómo detrás desahucian juntasde contrarios. Cómo siempre asoma el guarismobajo la línea de todo avatar. Cómo escotan las ballenas a palomas.Cómo a su vez éstas dejan el picocubicado en tercera ala.Cómo arzonamos, cara a monótonas ancas. Se remolca diez meses hacia la decena,hacia otro más allá.Dos quedan por lo menos todavía en pañales.Y los tres meses de ausencia.Y los nueve de gestación. No hay ni una violencia.El paciente incorpórase,y sentado empavona tranquilas misturas.
XI
He encontrado a una niñaen la calle, y me ha abrazado.Equis, disertada, quien la halló y la halle,no la va a recordar. Esta niña es mi prima. Hoy, al tocarleel talle, mis manos han entrado en su edadcomo en par de mal rebocados sepulcros.Y por la misma desolación marchóse, delta al sol tenebloso, trina entre los dos. “Me he casado”,me dice. Cuando lo que hicimos de niñosen casa de la tía difunta. Se ha casado. Se ha casado. Tardes años latitudinales,qué verdaderas ganas nos ha dadode jugar a los toros, a las yuntas,pero todo de engaños, de candor, como fue.
XII
Escapo de una finta, peluza a peluza.Un proyectil que no sé dónde irá a caer.Incertidumbre. Tramonto. Cervical coyuntura. Chasquido de moscón que muerea mitad de su vuelo y cae a tierra.¿Qué dice ahora Newton?Pero, naturalmente, vosotros sois hijos. Incertidumbre. Talones que no giran.Carilla en nudo, fabridacinco espinas por un ladoy cinco por el otro: Chit! Ya sale.
XIII
Pienso en tu sexo.Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,ante el hijar maduro del día.Palpo el botón de dicha, está en sazón.Y muere un sentimiento antiguodegenerado en seso. Pienso en tu sexo, surco más prolíficoy armonioso que el vientre de la Sombra,aunque la Muerte concibe y parede Dios mismo.Oh Conciencia,pienso, sí, en el bruto libreque goza donde quiere, donde puede. Oh, escándalo de miel de los crepúsculos.Oh estruendo mudo.Odumodneurtse!
XIV
Cual mi explicación.Esto me lacera de tempranía.Esa manera de caminar por los trapecios.Esos corajosos brutos como postizos.Esa goma que pega el azogue al adentro.Esas posaderas sentadas para arriba.Ese no puede ser, sido.Absurdo.Demencia.Pero he venido de Trujillo a Lima.Pero gano un sueldo de cinco soles.
XV
En el rincón aquel, donde dormimos juntostantas noches, ahora me he sentadoa caminar. La cuja de los novios difuntosfue sacada, o talvez qué habrá pasado. Has venido temprano a otros asuntos,y ya no estás. Es el rincóndonde a tu lado, leí una noche,entre tus tiernos puntos,un cuento de Daudet. Es el rincónamado. No lo equivoques. Me he puesto a recordar los díasde verano idos, tu entrar y salir,poca y harta y pálida por los cuartos. En esta noche pluviosa,ya lejos de ambos dos, salto de pronto...Son dos puertas abriéndose cerrándose,dos puertas que al viento van y vienensombra a sombra.
XVI
Tengo fe en ser fuerte.Dame, aire manco, dame irgaloneándome de ceros a la izquierda.Y tú, sueño, dame tu diamante implacable,tu tiempo de deshora. Tengo fe en ser fuerte.Por allí avanza cóncava mujer,cantidad incolora, cuyagracia se cierra donde me abro. Al aire, fray pasado. Cangrejos, zote!Avístase la verde bandera presidencial,arriando las seis banderas restantes,todas las colgaduras de la vuelta. Tengo fe en qué soy,y en que he sido menos. Ea! Buen primero!
XVII
Destílase este 2 en una sola tanda,y entrambos lo apuramos.Nadie me hubo oído. Estría urenteabracadabra civil. La mañana no palpa cual la primera,cual la última piedra ovulandasa fuerza de secreto. La mañana descalza.El barro a mediasentre sustancias gris, más y menos. Caras no saben de la cara, ni de lamarcha a los encuentros.Y sin hacia cabecee el exergo.Yerra la punta del afán. Junio, eres nuestro. Junio, y en tus hombrosme paro a carcajear, secandomi metro y mis bolsillosen tus 21 uñas de estación. Buena! Buena!
XVIII
Oh las cuatro paredes de la celda.Ah las cuatro paredes albicantesque sin remedio dan al mismo número. Criadero de nervios, mala brecha,por sus cuatro rincones cómo arrancalas diarias aherrojadas extremidades. Amorosa llavera de innumerables llaves,si estuvieras aquí, si vieras hastaqué hora son cuatro estas paredes.Contra ellas seríamos contigo, los dos,más dos que nunca. Y ni lloraras,di, libertadora! Ah las paredes de la celda.De ellas me duele entretanto, máslas dos largas que tienen esta nochealgo de madres que ya muertasllevan por bromurados declives,a un niño de la mano cada una. Y sólo yo me voy quedando,con la diestra, que hace por ambas manos,en alto, en busca de terciario brazoque ha de pupilar, entre mi dónde y mi cuándo,esta mayoría inválida de hombre.
XIX
A trastear, Hélpide dulce, escampas,cómo quedamos de tan quedarnos. Hoy vienes apenas me he levantado.El establo está divinamente meadoy excrementido por la vaca inocentey el inocente asno y el gallo inocente. Penetra en la maría ecuménica.Oh sangabriel, haz que conciba el alma,el sin luz amor, el sin cielo,lo más piedra, lo más nada, hasta la ilusión monarca. Quemaremos todas las naves!Quemaremos la última esencia! Mas si se ha de sufrir de mito a mito,y a hablarme llegas masticando hielo,mastiquemos brasas,ya no hay dónde bajar,ya no hay dónde subir. Se ha puesto el gallo incierto, hombre.
XX
Al ras de batiente nata blindadade piedra ideal. Pues apenasacerco el 1 al 1 para no caer. Ese hombre mostachoso. Sol,herrada su única rueda, quinta y perfecta,y desde ella para arriba.Bulla de botones de bragueta, libres,bulla que reprende A vertical subordinada.El desagüe jurídico. La chirota grata. Mas sufro. Allende sufro. Aquende sufro. Y he aquí se me cae la baba, soyuna bella persona, cuandoel hombre guillermosecundariopuja y suda felicidada chorros, al dar lustre al calzadode su pequeña de tres años. Engállase el barbado y frota un lado.La niña en tanto pónese el índiceen la lengua que empieza a deletrearlos enredos de enredos de los enredos,y unta el otro zapato, a escondidas,con un poquito de saliba y tierra, pero con un poquito no má- .s.
XXI
En un auto arteriado de círculos viciosostorna diciembre qué cambiado,con su oro en desgracia. Quién le viera:diciembre con sus 31 pieles rotas, el pobre diablo. Yo le recuerdo. Hubimos de esplendor,bocas ensortijadas de mal engreimiento,todas arrastrando recelos infinitos.Cómo no voy a recordarleal magro señor Doce. Yo le recuerdo. Y hoy diciembre tornaqué cambiado, el aliento a infortunio,helado, moqueando humillación. Y a la temurosa avestruzcomo que la ha querido, corno que la ha adorado.Pero ella se ha calzado todas sus diferencias.
XXII
Es posible me persigan hasta cuatromagistrados vuelto. Es posible me juzguen pedro.¡Cuatro humanidades justas juntas!Don Juan Jacobo está en hacerio,y las burlas le tiran de su soledad,como a un tonto. Bien hecho. Farol rotoso, el día induce a darle algo,y pendea modo de asterisco que se mendigaa sí propio quizás qué enmendaturas. Ahora que chirapa tan bonitoen esta paz de una sola línea,aquí me tienes,aquí me tienes, de quien yo penda,para que sacies mis esquinas.Y si, éstas colmadas,te derramases de mayor bondad,sacaré de donde no haya,forjaré de locura otros posillos,insaciables ganasde nivel y amor. Si pues siempre salimos al encuentrode cuanto entra por otro lado,ahora, chirapado eterno y todo,heme, de quien yo penda,estoy de filo todavía. Heme!
XXIII
Tahona estuosa de aquellos mis bizcochospura yema infantil innumerable, madre. Oh tus cuatro gorgas, asombrosamentemal plañidas, madre: tus mendigos.Las dos hermanas últimas, Miguel que ha muertoy yo arrastrando todavíauna trenza por cada letra del abecedario. En la sala de arriba nos repartíasde mañana, de tarde, de dual estiba,aquellas ricas hostias de tiempo, paraque ahora nos sobrasencáscaras de relojes en flexión de las 24en punto parados. Madre, y ahora! Ahora, en cuál alvéoloquedaría, en qué retoño capilar,cierta migaja que hoy se me ata al cuelloy no quiere pasar. Hoy que hastatus puros huesos estarán harinaque no habrá en qué amasar¡tierna dulcera de amor,hasta en la cruda sombra, hasta en el gran molarcuya encía late en aquel lácteo hoyueloque inadvertido lábrase y pulula ¡tú lo viste tánto!en las cerradas manos recién nacidas. Tal la tierra oirá en tu silenciar,cómo nos van cobrando todosel alquiler del mundo donde nos dejasy el valor de aquel pan inacabable.Y nos lo cobran, cuando, siendo nosotrospequeños entonces, como tú verías,no se lo podíamos haber arrebatadoa nadie; cuando tú nos lo diste,¿di, mamá?
XXIV
Al borde de un sepulcro florecidotranscurren dos marías llorando,llorando a mares. El ñandú desplumado del recuerdoalarga su postrera pluma,y con ella la mano negativa de Pedrograba en un domingo de ramosresonancias de exequias y de piedras. Del borde de un sepulcro removidose alejan dos marías cantando. Lunes.
XXV
Alfan alfiles a adherirsea las junturas, al fondo, a los testuces,al sobrelecho de los numeradores a pie.Alfiles y cadillos de lupinas parvas. Al rebufar el socaire de cada caraveladeshilada sin ameracanizar,ceden las estevas en espasmo de infortunio,con pulso párvulo mal habituadoa sonarse en el dorso de la muñeca.Y la más aguda tiplisonanciase tonsura y apeálase, y largamentese ennazala hacia carámbanosde lástima infinita. Soberbios lomos resoplanal portar, pendientes de mustios petraleslas escarapelas con sus siete coloresbajo cero, desde las islas guanerashasta las islas guaneras.Tal los escarzos a la intemperie de pobrefe.Tal el tiempo de las rondas. Tal el del rodeopara los planos futuros,cuando innánima grifalda relata sólofallidas callandas cruzadas. Vienen entonces alfiles a adherirsehasta en las puertas falsas y en los borradores.
XXVI
El verano echa nudo a tres añosque, encintados de cárdenas cintas, a todo sollozo,aurigan orinientos índicesde moribundas alejandrías,de cuzcos moribundos. Nudo alvino deshecho, una pierna por allí,más allá todavía la otra, desgajadas, y péndulas.Deshecho nudo de lácteas glándulasde la sinamayera,bueno para alpacas brillantes,para abrigo de pluma inservible¡más piernas los brazos que brazos! Así envérase el fin, como todo,como polluelo adormido saltónde la hendida cáscara,a luz eternamente polla.Y así, desde el óvalo, con cuatros al hombro, ya para qué tristura.Las uñas aquellas dolíanretesando los propios dedos hospicios.De entonces crecen ellas para adentro, mueren para afuera, y al medio ni van ni vienen, ni van ni vienen. Las uñas. Apeona ardiente avestruz coja,desde perdidos sures,flecha hasta el estrecho ciego de senos aunados. Al calor de una puntade pobre sesgo ESFORZADO,la griega sota de oros tórnasemorena sota de islas,cobriza sota de lagosen frente a moribunda alejandría,a cuzco moribundo.
XXVII
Me da miedo ese chorro,buen recuerdo, señor fuerte, implacablecruel dulzor. Me da miedo.Esta casa me da entero bien, enterolugar para este no saber dónde estar. No entremos. Me da miedo este favorde tornar por minutos, por puentes volados.Yo no avanzo, señor dulce,recuerdo valeroso, tristeesqueleto cantor. Qué contenido, el de esta casa encantada,me da muertes de azogue, y obturacon plomo mis tomasa la seca actualidad. El chorro que no sabe a cómo vamos,dame miedo, pavor.Recuerdo valeroso, yo no avanzo.Rubio y triste esqueleto, silba, silba.
XXVIII
He almorzado solo ahora, y no he tenidomadre, ni súplica, ni sírvete, ni agua,ni padre que, en el facundo ofertoriode los choclos, pregunte para su tardanzade imagen, por los broches mayores del sonido. Cómo iba yo a almorzar. Cómo me iba a servirde tales platos distantes esas cosas,cuando habráse quebrado el propio hogar,cuando no asoma ni madre a los labios.Cómo iba yo a almorzar nonada. A la mesa de un buen amigo he almorzadocon su padre recién llegado del mundo,con sus canas tías que hablanen tordillo retinte de porcelana,bisbiseando por todos sus viudos alvéolos;y con cubiertos francos de alegres tiroriros,porque estánse en su casa. Así, ¡qué gracia!Y me han dolido los cuchillosde esta mesa en todo el paladar. El yantar de estas mesas así, en que se pruebaamor ajeno en vez del propio amor,torna tierra el brocado que no brinda la MADRE,hace golpe la dura deglución; el dulce,hiel; aceite funéreo, el café. Cuando ya se ha quebrado el propio hogar,y el sírvete materno no sale de latumba,la cocina a oscuras, la miseria de amor.
XXIX
Zumba el tedio enfrascadobajo el momento improducido y caña. Pasa una paralela aingrata línea quebrada de felicidad.Me extraña cada firmeza, junto a esa aguaque se aleja, que ríe acero, calla. Hilo retemplado, hilo, hilo binómico¿por dónde romperás, nudo de guerra? Acoraza este ecuador, Luna.
XXX
Quemadura del segundoen toda la tierna cabecilla del deseo,picadura de ají vagoroso,a las dos de la tarde inmoral. Guante de los bordes borde a borde.Olorosa verdad tocada en vivo, al conectarla antena del sexocon lo que estamos siendo sin saberlo. Lavaza de máxima ablución.Calderas viajerasque se chocan y salpican de fresca sombraunánime, el color, la fracción, la dura vida, la dura vida eterna.No temamos. La muerte es así. El sexo sangre de la amada que se quejadulzorada, de portar tántopor tan punto ridículo.Y el circuitoentre nuestro pobre día y la noche grande,a las dos de la tarde inmoral.
XXXI
Esperanza plañe entre algodones. Aristas roncas uniformadasde amenazas tejidas de esporas magníficascon porteros botones innatos.¿Se luden seis de sol?Natividad. Cállate, miedo. Cristiano espero, espero siemprede hinojos en la piedra circular que estáen las cien esquinas de esta suertetan vaga a donde asomo. Y Dios sobresaltado nos oprimeel pulso, grave, mudo,y como padre a su pequeña, apenas, pero apenas, entreabre los sangrientos algodonesy entre sus dedos toma a la esperanza. Señor, lo quiero yo...Y basta!
XXXII
999 caloríasRumbbb...Trrrapprrr rrach...chazSerpentínica u del dizcocheroengirafada al tímpano. Quién como los hielos. Pero no.Quién como lo que va ni más ni menos.Quién como el justo medio.1,000 calorías.Azulea y ríe su gran cachazael firmamento gringo. Bajael sol empavado y le alborota los cascosal más frío. Remeda al cuco: Roooooooeeeis...tierno autocarril, móvil de sed,que corre hasta la playa. Aire, aire! Hielo!Si al menos el calor (__________ Mejor no digo nada. Y hasta la misma plumacon que escribo por último se troncha. Treinta y tres trillones trescientos treintay tres calorías.
XXXIII
Si lloviera esta noche, retiraríamede aquí a mil años.Mejor a cien no más.Como si nada hubiese ocurrido, haríala cuenta de que vengo todavía. O sin madre, sin amada, sin porfíade agacharme a aguaitar al fondo, a puropulso,esta noche así, estaría escarmenandola fibra védica,la lana védica de mi fin final, hilodel diantre, traza de haber tenidopor las naricesa dos badajos inacordes de tiempo en una misma campana. Haga la cuenta de mi vidao haga la cuenta de no haber aún nacidono alcanzaré a librarme. No será lo que aún no haya venido, sinolo que ha llegado y ya se ha ido,sino lo que ha llegado y ya se ha ido.
XXXIV
Se acabó el extraño, con quien, tardela noche, regresabas parla y parla.Ya no habrá quien me aguarde,dispuesto mi lugar, bueno lo malo. Se acabó la calurosa tarde;tu gran bahía y tu clamor; la charlacon tu madre acabadaque nos brindaba un té lleno de tarde. Se acabó todo al fin: las vacaciones,tu obediencia de pechos, tu manerade pedirme que no me vaya fuera. Y se acabó el diminutivo, parami mayoría en el dolor sin fin,y nuestro haber nacido así sin causa.
XXXV
El encuentro conla amadatánto alguna vez, es un simple detalle,casi un programa hípico en violado,que de tan largo no se puede doblar bien. El almuerzo con ella que estaríaponiendo el plato que nos gustara ayery se repite ahora,pero con algo más de mostaza;el tenedor absorto, su doneo radiantede pistilo en mayo, y su verecundiade a centavito, por quítame allá esa paja.Y la cerveza lírica y nerviosaa la que celan sus dos pezones sin lúpulo,y que no se debe tomar mucho! Y los demás encantos de la mesaque aquella núbil campaña bordacon sus propias baterías germinalesque han operado toda la mañana,según me consta, a mí,amoroso notario de sus intimidades,y con las diez varillas mágicasde sus dedos pancreáticos. Mujer que, sin pensar en nada más allá,suelta el mirlo y se pone a conversarnossus palabras tiernascomo lancinantes lechugas recién cortadas. Otro vaso, y me voy. Y nos marchamos,ahora sí, a trabajar. Entre tanto, ella se internaentre los cortinajes y ¡oh aguja de mis díasdesgarrados! se sienta a la orillade una costura, a coserme el costadoa su costado,a pegar el botón de esa camisa,que se ha vuelto a caer. Pero hase visto!
XXXVI
Pugnamos ensartarnos por un ojo de aguja.enfrentados, a las ganadas.Amoniácase casi el cuarto ángulo del círculo.¡Hembra se continúa el macho, a raízde probables senos, y precisamentea raíz de cuanto no florece! ¿Por ahí estás, Venus de Milo?Tú manqueas apenas pululandoentrañada en los brazos plenariosde la existencia,de esta existencia que todaviízaperenne imperfecciónVenus de Milo, cuyo cercenado, increadobrazo revuélvese y trata de encodarsea través de verdeantes guijarros gagos,ortivos nautilos, aúnes que gateanrecién, vísperas inmortales.Laceadora de inminencias, laceadoradel paréntesis. Rehusad, y vosotros, a posar las plantasen la seguridad dupla de la Armonía.Rehusad la simetría a buen seguro.Intervenid en el conflictode puntas que se diputanen la más torionda de las justasel salto por el ojo de la aguja! Tal siento ahora el meñiquedemás en la siniestra. Lo veo y creono debe serme, o por lo menos que estáen sitio donde no debe.Y me inspira rabia y me azareay no hay cómo salir de él, sino haciendola cuenta de que hoy es jueves. ¡Ceded al nuevo impar potente de orfandad!
XXXVII
He conocido a una pobre muchachaa quien conduje hasta la escena.La madre, sus hermanas qué amables y tambiénaquel su infortunado “tú no vas a volver”. Como en cierto negocio me iba admirablemente,me rodeaban de un aire de dinasta florido.La novia se volvía agua,y cuán bien me solía llorarsu amor mal aprendido. Me gustaba su tímida marinerade humildes aderezos al dar las vueltas,y cómo su pañuelo trazaba puntos,tildes, a la melografía de su bailar de juncia. Y cuando ambos burlamos al párroco,quebróse mi negocio y el suyoy la esfera barrida.
XXXVIII
Este cristal aguarda ser sorbidoen bruto por boca veniderasin dientes. No desdentada.Este cristal es pan no venido todavía. Hiere cuando lo fuerzany ya no tiene cariños animales.Mas si se le apasiona, se melaríay tomaría la horma de los sustantivosque se adjetivan de brindarse. Quienes lo ven allí triste individuoincoloro, lo enviarían por amor,por pasado y a lo más por futuro:si él no dase por ninguno de sus costados;si él espera ser sorbido de golpey en cuanto transparencia, por boca venidera que ya no tendrá dientes. Este cristal ha pasado de animal,y márchase ahora a formar las izquierdas,los nuevos Menos.Déjenlo solo no más.
XXXIX
Quién ha encendido fósforo! Mésome. Sonríoa columpio por motivo.Sonrío aún más, si llegan todosa ver las guías sin colory a mí siempre en punto. Qué me importa. Ni ese bueno del Sol que, al morirse de gusto,lo desposta todo para distribuirloentre las sombras, el pródigo,ni él me esperaría a la otra banda.Ni los demás que paran soloentrando y saliendo. Llama con toque de retinael gran panadero. Y pagamos en señascuriosísimas el tibio valor innegablehorneado, trascendiente.Y tomamos el café, ya tarde,con deficiente azúcar que ha faltado,y pan sin mantequilla. Qué se va a hacer. Pero, eso sí, los aros receñidos, barreados.La salud va en un pie. De frente: marchen!
XL
Quién nos hubiera dicho que en domingoasí, sobre arácnidas cuestasse encabritaría la sombra de puro frontal.(Un molusco ataca yermos ojos encallados,a razón de dos o más posibilidades tantálicascontra medio estertor de sangre remordida). Entonces, ni el propio revés de la pantalladeshabitado enjugaría las arteriastrasdoseadas de dobles todavías.Como si nos hubiesen dejado salir! Comosi no estuviésemos embrazados siemprea los dos flancos diarios de la fatalidad! Y cuánto nos habríamos ofendido.Y aún lo que nos habríamos enojado y peleadoy amistado otra vezy otra vez. Quién hubiera pensado en tal domingo,cuando, a rastras, seis codos lamende esta manera, hueras yemas lunesentes. Habríamos sacado contra él, de bajode las dos alas del Amor,lustrales plumas terceras, puñales,nuevos pasajes de papel de oriente.Para hoy que probamos si aún vivimos,casi un frente no más.
XLI
La Muerte de rodillas manasu sangre blanca que no es sangre.Se huele a garantía.Pero ya me quiero reír. Murmúrase algo por allí. Callan.Alguien silba valor de lado,y hasta se contaría en parveintitrés costillas que se echan de menosentre sí, a ambos costados; se contaríaen par también, toda la filade trapecios escoltas. En tanto; el redoblante policial(otra vez me quiero reír)se desquita y nos tunde a palos,dale y dale,de membrana a membrana,tascontas.
XLII
Esperaos. Ya os voy a narrartodo. Esperaos sossiegueeste dolor de cabeza. Esperaos. ¿Dónde os habéis dejado vosotrosque no hacéis falta jamás? Nadie hace falta! Muy bien. Rosa, entra del último piso.Estoy niño. Y otra vez rosa:ni sabes a dónde voy. ¿Aspa la estrella de la muerte?O son extrañas máquinas cosedorasdentro del costado izquierdo.Esperaos otro momento. No nos ha visto nadie. Purabúscate el talle.¡A dónde se han saltado tus ojos! Penetra reencarnada en los salonesde ponentino cristal. Suenamúsica exacta casi lástima. Me siento mejor. Sin fiebre, y ferviente.Primavera. Perú. Abro los ojos.Ave! No salgas. Dios, como si sospechasealgún flujo sin reflujo ay. Paletada facial, resbala el telóncabe las conchas. Acrisis. Tilia, acuéstate.
XLIII
Quién sabe se va a ti. No le ocultes.Quién sabe madrugada.Acaríciale. No le digas nada. Estáduro de lo que se ahuyenta.Acaríciale. Anda! Cómo le tendrías pena. Narra que no es posibletodos digan que bueno,cuando ves que se vuelve y revuelve,animal que ha aprendido a irse... No?Sí! Acaríciale. No le arguyas. Quién sabe se va a ti madrugada.¿Has contado qué poros dan salida solamente,y cuáles dan entrada?Acaríciale. Anda! Pero no vaya a saberque lo haces porque yo te lo ruego. Anda!
XLIV
Este piano viaja para adentro,viaja a saltos alegres.Luego medita en ferrado reposo,clavado con diez horizontes. Adelanta. Arrástrase bajo túneles,más allá, bajo túneles de dolor,bajo vértebras que fugan naturalmente. Otras veces van sus trompas,lentas asias amarillas de vivir,van de eclipse,y se espulgan pesadillas insectiles,ya muertas para el trueno, heraldo de los génesis. Piano oscuro ¿a quién atisbascon tu sordera que me oye,con tu madurez que me asorda? Oh pulso misterioso.
XLV
Me desvinculo del marcuando vienen las aguas a mi. Salgamos siempre. Saboreemosla canción estupenda, la canción dichapor los labios inferiores del deseo.Oh prodigiosa doncellez.Pasa la brisa sin sal. A lo lejos husmeo los tuétanosoyendo el tanteo profundo, a la cazade teclas de resaca. Y si así diéramos las naricesen el absurdo,nos cubriremos con el oro de no tener nada,y empollaremos el ala aún no nacidade la noche, hermanade esta ala huérfana del día,que a fuerza de ser una ya no es ala.
XLVI
La tarde cocinera se detieneante la mesa donde tú comiste;y muerta de hambre tu memoria vienesin probar ni agua, de lo puro triste. Mas, como siempre, tu humildad se avienea que le brinden la bondad más triste.Y no quieres gustar, que ves quien vienefilialmente a la mesa en que comiste. La tarde cocinera te suplicay te llora en su delatal que aún sórdidonos empieza a querer de oírnos tánto. Yo hago esfuerzos también; porque no hayvalor para servirse de estas aves.Ah! qué nos vamos a servir ya nada.
XLVII
Ciliado arrecife donde nací,según refieren cronicones y pliegosde labios familiares historiadosen segunda gracia. Ciliado archipiélago, te desislas a fondo, a fondo, archipiélago mío!Duras todavía las articulacionesal camino, como cuando nos instan,y nosotros no cedemos por nada. Al ver los párpados cerrados,implumes mayorcitos, devorando azules bombones,se carcajean pericotes viejos.Los párpados cerrados, correo si, cuando nacemos,siempre no fuese tiempo todavía. Se va el altar, el cirio paraque no le pasase nada a mi madre,y por mí que sería con los años, si Diosquería, Obispo, Papa, Santo, o talvezsólo un columnario dolor de cabeza. Y las manitas que se abarquillanasiéndose de algo flotante,a no querer quedarse.Y siendo ya la 1.
XLVIII
Tengo ahora 70 soles peruanos.Cojo la penúltima moneda, la que suena69 veces púnicas.Y he aquí, al finalizar su rol,quemase toda y arde llameante, llameante,redonda entre mis tímpanos alucinados. Ella, siendo 69, dase contra 70;luego escala 71, rebota en 72.Y así se multiplica y espejea impertérritaen todos los demás piñones. Ella, vibrando y forcejeando,pegando grittttos,soltando arduos, chisporroteantes silencios,orinándose de natural grandor,en unánimes postes surgentes,acaba por ser todos los guarismos, la vida entera.
XLIX
Murmurado en inquietud, cruzo,el traje largo de sentir, los lunes de la verdad.Nadie me busca ni me reconoce,y hasta yo he olvidado de quién seré.Cierta guardarropía, sólo ella, nos sabráa todos en las blancas hojasde las partidas.Esa guardarropía, ella sola,al volver de cada facción, de cada candelabro ciego de nacimiento. Tampoco yo descubro a nadie, bajoeste mantillo que iridice los lunes de la razón;y no hago más que sonreir a cada púade las verjas, en la loca búsqueda del conocido.Buena guardarropía, ábreme tus blancas hojas:quiero reconocer siquiera al 1,quiero el punto de apoyo, quiero saber de estar siquiera.En los bastidores donde nos vestimos,no hay, no Hay nadie: hojas tan sólo de par en par.Y siempre los trajes descolgándosepor sí propios, de perchascomo ductores índices grotescos,y partiendo sin cuerpos, vacantes, hasta el matiz prudentede un gran caldo de alas con causasy lindes fritas.Y hasta el hueso!
L
El cancerbero cuatro vecesal día maneja su candado, abriéndonoscerrándonos los esternones, en guiñosque entendemos perfectamente. Con los fundillos lelos melancólicos,amuchachado de trascendental desaliño,parado, es adorable el pobre viejo.Chancea con los presos, hasta el topelos puños en las ingles. Y hasta mojarrillales roe algún mendrugo; pero siemprecumpliendo su deber. Por entre los barrotes pone el puntofiscal, inadvertido, izándose en la falangitadel meñique,a la pista de lo que hablo,lo que como,lo que sueño.Quiere el corvino ya no hayan adentros,y cómo nos duele esto que quiere el cancerbero. Por un sistema de relojería, juegael viejo inminente, pitagórico!a lo ancho de las aortas. Y sólode tarde en noche, con nochesoslaya alguna su excepción de metal.Pero, naturalmente,siempre cumpliendo su deber.
LI
Mentira. Si lo hacía de engaños,y nada más. Ya está. De otro modo,también tú vas a vercuánto va a dolerme el haber sido así. Mentira. Calla.Ya está bien.Como otras veces tú me haces esto mismo,por eso yo también he sido así. A mí, que había tánto atisbado si de verasllorabas,ya que otras veces sólo te quedasteen tus dulces pucheros,a mí, que ni soñé que los creyeses,me ganaron tus lágrimas.Ya está. Mas ya lo sabes: todo fue mentira.Y si sigues llorando, bueno, pues!Otra vez ni he de verte cuando juegues.
LII
Y nos levantaremos cuando se nos déla gana, aunque mamá toda clarornos despierte con cantoray linda cólera materna.Nosotros reiremos a hurtadillas de esto,mordiendo el canto de las tibias colchasde vicuña ¡y no me vayas a hacer cosas! Los humos de los bohíos ¡ah golfillosen rama! madrugarían a jugara las cometas azulinas, azulantes,y, apañuscando alfarjes y piedras, nos daríansu estímulo fragante de boñiga, para sacarnosal aire nene que no conoce aún las letras,a pelearles los hilos. Otro día querrás pastorearentre tus huecos onfalóideos ávidas cavernas, meses nonos, mis telones.O querrás acompañar a la ancianíaa destapar la toma de un crepúsculo,para que de día surjatoda el agua que pasa de noche. Y llegas muriéndote de risa,y en el almuerzo musical,cancha reventada, harina con manteca,con manteca,le tomas el pelo al peón decúbitoque hoy otra vez olvida dar los buenos días,esos sus días, buenos con b de baldío,que insisten en salirle al pobrepor la culata de la vdentilabial que la vela en él.
LIII
Quién clama las once no son doce!Como si las hubiesen pujado, se afrontande dos en dos las once veces. Cabezazo brutal. Asomanlas coronas a oír,pero sin traspasar los eternostrescientos sesenta grados, asomany exploran en balde, dónde ambas manosocultan el otro puente que les naceentre veras y litúrgicas bromas. Vuelve la frontera a probarlas dos piedras que no alcanzan a ocuparuna misma posada a un mismo tiempo.La frontera, la ambulante batuta, que sigueinmutable, igual, sólomás ella a cada esguince en alto. Veis lo que es sin poder ser negado,veis lo que tenemos que aguantar,mal que nos pese.¡Cuánto se aceita en codosque llegan hasta la boca!
LIV
Forajido tormento, entra, salpor un mismo forado cuadrangular.Duda. El balance punza y punzahasta las cachas. A veces doyme contra todas las contras,y por ratos soy el alto más negro de los ápicesen la fatalidad de la Armonía.Entonces las ojeras se irritan divinamente,y solloza la sierra del alma,se violentan oxígenos de buena voluntad,arde cuanto no arde y hastael dolor dobla el pico en risa. Pero un día no podrás entrarni salir, con el puñado de tierraque te echaré a los ojos, forajido!
LV
Samain diría el aire es quieto y de una contenida tristeza. Vallejo dice hoy la Muerte está soldando cada lindero a cada hebra de cabello perdido, desde la cubeta de un frontal, donde hay algas, toronjiles que cantan divinos almácigos en guardia, y versos anti sépticos sin dueño. El miércoles, con uñas destronadas se abre las propias uñasde alcanfor, e instila por polvorientosharneros, ecos, páginas vueltas, sarros,zumbidos de moscascuando hay muerto, y pena clara esponjosa y cierta esperanza. Un enfermo lee La Prensa, como en facistol.Otro está tendido palpitante, longirrostro,cerca a estarlo sepulto.Y yo advierto un hombro está en su sitiotodavía y casi queda listo tras de éste, el otro lado. Ya la tarde pasó diez y seis veces por el subsuelo empatrullado,y se está casi ausenteen el número de madera amarillade la cama que está desocupada tanto tiempo allá ..................................... enfrente.
LVI
Todos los días amanezco a ciegasa trabajar para vivir; y tomo el desayuno,sin probar ni gota de él, todas las mañanas.Sin saber si he logrado, o más nunca,algo que brinca del saboro es sólo corazón y que ya vuelto, lamentaráhasta dónde esto es lo menos. El niño crecería ahito de felicidad oh albas,ante el pesar de los padres de no poder dejarnosde arrancar de sus sueños de amor a este mundo;ante ellos que, como Dios, de tanto amorse comprendieron hasta creadoresy nos quisieron hasta hacernos daño. Flecos de invisible trama,dientes que huronean desde la neutra emoción, pilareslibres de base y coronación,en la gran boca que ha perdido el habla. Fósforo y fósforo en la oscuridad,lágrima y lágrima en la polvareda.
LVII
Craterizados los puntos más altos, los puntosdel amor, de ser mayúsculo, bebo, ayuno ab-sorbo heroína para la pena, para el latidolacio y contra toda corrección. ¿Puedo decir que nos han traicionado? No.¿Qué todos fueron buenos? Tampoco. Peroallí está una buena voluntad, sin duda,y sobre todo, el ser así. Y qué quien se ame mucho! Yo me buscoen mi propio designio que debió ser obramía, en vano: nada alcanzó a ser libre. Y sin embargo, quién me empuja.A que no me atrevo a cerrar la quinta ventana.Y el papel de amarse y persistir, junto a lashoras y a lo indebido. Y el éste y el aquél.
LVIII
En la celda, en lo sólido, tambiénse acurrucan los rincones. Arreglo los desnudos que se ajan,se doblan, se harapan. Apéome del caballo jadeante, bufandolíneas de bofetadas y de horizontes;espumoso pie contra tres cascos.Y le ayudo: Anda, animal! Se tomaría menos, siempre menos, de loque me tocase erogar,en la celda, en lo líquido. El compañero de prisión comía el trigode las lomas, con mi propia cuchara,cuando, a la mesa de mis padres, niño,me quedaba dormido masticando. Le soplo al otro:Vuelve, sal por la otra esquina;apura ...aprisa,... apronta! E inadvertido aduzco, planeo,cabe camastro desvencijado, piadoso:No creas. Aquel médico era un hombre sano. Ya no reiré cuando mi madre receen infancia y en domingo, a las cuatrode la madrugada, por los caminantes,encarcelados,enfermosy pobres. En el redil de niños, ya no le asestarépuñetazos a ninguno de ellos, quien, después,todavía sangrando, lloraría: El otro sábadote daré de mi fiambre, perono me pegues!Ya no le diré que bueno. En la celda, en el gas ilimitadohasta redondearse en la condensación,¿quién tropieza por afuera?
LIX
La esfera terrestre del amorque rezagóse abajo, da vueltay vuelta sin parar segundo,y nosotros estamos condenados a sufrircomo un centro su girar. Pacifico inmóvil, vidrio, preñadode todos los posibles.Andes frío, inhumanable, puro.Acaso. Acaso. Gira la esfera en el pedernal del tiempo,y se afila,y se afila hasta querer perderse;gira forjando, ante los desertados flancos,aquel punto tan espantablemente conocido,porque él ha gestado, vueltay vuelta,el corralito consabido. Centrífuga que sí, que sí,que Sí,que sí, que sí, que sí, que sí: NO!Y me retiro hasta azular, y retrayéndomeendurezco, hasta apretarme el alma!
LX
Es de madera mi paciencia,sorda, vejetal. Día que has sido puro, niño, inútil,que naciste desnudo, las leguasde tu marcha, van corriendo sobretus doce extremidades, ese doblez ceñudoque después deshiláchaseen no se sabe qué últimos pañales. Constelado de hemisferios de grumo,bajo eternas américas inéditas, tu gran plumaje,te partes y me dejas, sin tu emoción ambigua,sin tu nudo de sueños, domingo. Y se apolilla mi paciencia,y me vuelvo a exclamar: ¡Cuándo vendráel domingo bocón y mudo del sepulcro;cuándo vendrá a cargar este sábadode harapos, esta horrible suturadel placer que nos engendra sin querer,y el placer que nos DestieRRa!
LXI
Esta noche desciendo del caballo,ante la puerta de la casa, dondeme despedí con el cantar del gallo.Está cerrada y nadie responde. El poyo en que mamá alumbróal hermano mayor, para que ensillelomos que había yo montado en pelo,por rúas y por cercas, niño aldeano;el poyo en que dejé que se amarille al solmi adolorida infancia... ¿Y este dueloque enmarca la portada? Dios en la paz foránea,estornuda, cual llamando también, el bruto;husmea, golpeando el empedrado. Luego duda,relincha,orejea a viva oreja. Ha de velar papá rezando, y quizáspensará se me hizo tarde.Las hermanas, canturreando sus ilusionessencillas, bullosas,en la labor para la fiesta que se acerca,y ya no falta casi nada.Espero, espero, el corazónun huevo en su momento, que se obstruye. Numerosa familia que dejamosno ha mucho, hoy nadie en vela, y ni una cerapuso en el ara para que volviéramos. Llamo de nuevo, y nada.Callamos y nos ponemos a sollozar, y el animalrelincha, relincha más todavía. Todos están durmiendo para siempre,y tan de lo más bien, que por finmi caballo acaba fatigado por cabeceara su vez, y entre sueños, a cada venia, diceque está bien, que todo está muy bien.
LXII
AlfombraCuando vayas al cuarto que tú sabes,entra en él, pero entorna con tiento la mamparaque tánto se entreabre,cása bien los cerrojos, para que ya no puedanvolverse otras espaldas. CortezaY cuando salgas, di que no tardarása llamar al canal que nos separa:fuertemente cojido de un canto de tu suerte,te soy inseparable,y me arrastras de borde de tu alma. AlmohadaY sólo cuando hayamos muerto ¡quién sabe! Oh nó. Quién sabe!entonces nos habremos separado.Mas si, al cambiar el paso, me tocase a míla desconocida bandera, te he de esperar allá;en la confluencia del soplo y el hueso,como antaño,como antaño en la esquina de los novios ponientes de la tierra.Y desde allí te seguiré a lo largode otros mundos, y siquiera podránservirte mis nós musgosos y arrecidos,para que en ellos poses las rodillasen las siete caídas de esa cuesta infinita,y así te duelan menos.
LXIII
Amanece lloviendo. Bien peinadala mañana chorrea el pelo fino.Melancolía está amarrada;y en mal asfaltado oxidente de muebles hindúes,vira, se asienta apenas el destino. Cielos de puna descorazonadapor gran amor, los cielos de platino, torvosde imposible. Rumia la majada y se subrayade un relincho andino. Me acuerdo de mí mismo. Pero bastanlas astas del viento, los timones quietos hastahacerse uno,y el grillo del tedio y el jiboso codo inquebrantable. Basta la mañana de libres crinejasde brea preciosa, serrana,cuando salgo y busco las oncey no son más que las doce deshoras.
LXIV
Hitos vagarosos enamoran, desde el minuto montuoso que obstetriza y féchalos amotinados nichos de la atmósfera. Verde está el corazón de tánto esperar, y en el canal de Panamá ¡hablo con vosotras, mitades, ba ses, cúspides! retoñan los peldaños, pasos que suben,pasos que baja-n.Y yo que pervivo,y yo que sé plantarme. Oh valle sin altura madre, donde todo duerme horrible mediatinta, sin ríos frescos, sin entradas de amor. Oh voces y ciudades, que pasan cabalgando en un dedo tendido que señala a calva Unidad. Mientras pasan, de mucho en mucho, gañanes de gran costado sabio, detrás de las tres tardas dimensiones.Hoy Mañana Ayer (No, hombre!)
LXV
Madre, me voy mañana a Santiago,a mojarme en tu bendición y en tu llanto.Acomodando estoy mis desengaños y el rosadode llaga de mis falsos trajines. Me esperará tu arco de asombro,las tonsuradas columnas de tus ansiasque se acaban la vida. Me esperará el patio,el corredor de abajo con sus tondos y repulgosde fiesta. Me esperará mi sillón ayo,aquel buen quijarudo trasto de dinásticocuero, que para no más rezongando a las nalgastataranietas, de correa a correhuela. Estoy cribando mis cariños más puros.Estoy ejeando ¿no oyes jadear la sonda? ¿no oyes tascar dianas?estoy plasmando tu fórmula de amorpara todos los huecos de este suelo.Oh si se dispusieran los tácitos volantespara todas las cintas más distantes,para todas las citas más distintas. Así, muerta inmortal. Así.Bajo los dobles arcos de tu sangre, por dondehay que pasar tan de puntillas, que hasta mi padrepara ir por allí,humildóse hasta menos de la mitad del hombre,hasta ser el primer pequeño que tuviste. Así, muerta inmortal.Entre la columnata de tus huesosque no puede caer ni a lloros,y a cuyo lado ni el destino pudo entrometerni un solo dedo suyo. Así, muerta inmortal.Así.
LXVI
Dobla el dos de Noviembre. Estas sillas son buenas acojidas.La rama del presentimientova, viene, sube, ondea sudorosa,fatigada en esta sala.Dobla triste el dos de Noviembre. Difuntos, qué bajo cortan vuestros dientesabolidos, repasando ciegos nervios,sin recordar la dura fibraque cantores obreros redondos remiendancon cáñamo inacabable, de innumerables nudoslatientes de encrucijada. Vosotros, difuntos, de las nítidas rodillaspuras a fuerza de entregaros,cómo aserráis el otro corazóncon vuestras blancas coronas, ralasde cordialidad. Sí. Vosotros, difuntos. Dobla triste el dos de Noviembre.Y la rama del presentimientose la muerde un carro que simplementerueda por la calle.
LXVII
Canta cerca el verano, y ambosdiversos erramos, al hombrorecodos, cedros, compases unípedos,espatarrados en la sola recta inevitable. Canta el verano, y en aquellas paredesendulzadas de marzo,lloriquea, gusanea la arácnida acuarela de la melancolía.Cuadro enmarcado de trisado anélido, cuadroque faltó en ese sitio para dondepensamos que vendría el gran espejo ausente.Amor, éste es el cuadro que faltó. Mas, para qué me esforzaríapor dorar pajilla para tal encantada aurícula,si, a espaldas de astros queridos,se consiente el vacío, a pesar de todo. Cuánta madre quedábase adentradasiempre, en tenaz atavío de carbón, cuandoel cuadro faltaba, y para lo que creceríaal pie de ardua quebrada de mujer. Así yo me decía: Si vendrá aquel espejoque de tan esperado, ya pasa de cristal.Me acababa la vida, ¿para qué?Me acababa la vida, para alzarnos sólo de espejo a espejo.
LXVIII
Estamos a catorce de Julio.Son las cinco de la tarde. Llueve en todauna tercera esquina de papel secante.Y llueve más de abajo ay para arriba. Dos lagunas las manos avanzande diez en fondo,desde un martes cenagoso que ha seis díasestá en los lagrimales helado. Se ha degollado una semanacon las más agudas caídas; hase hechotodo lo que puede hacer miserable genialen gran taberna sin rieles. Ahora estamosbien, con esta lluvia que nos lavay nos alegra y nos hace gracia suave. Hemos a peso bruto caminado, y, de un solo desafío,blanqueó nuestra pureza de animales.Y preguntamos por el eterno amor,por el encuentro absoluto,por cuanto pasa de aquí para allá.Y respondimos desde dónde los míos no son los tuyosdesde qué hora el bordón, al ser portado,sustenta y no es sustentado. (Neto.) Y era negro, colgado en un rincón,sin proferir ni jota, mi paletó,atodastA
LXIX
Qué nos buscas, oh mar, con tus volúmenesdocentes! Qué inconsolable, qué atrozestás en la febril solana. Con tus azadones saltas,con tus hojas saltas,hachando, hachando en loco sésamo,mientras tornan llorando las olas, despuésde descalcar los cuatro vientosy todos los recuerdos, en labiados platelesde tungsteno, contractos de colmillosy estáticas eles quelonias. Filosofía de alas negras que vibranal medroso temblor de los hombros del día. El mar, y una edición en pie,en su única hoja el anversode cara al reverso.
LXX
Todos sonríen del desgaire con que voyme a fondo, celular de comer bien y bien beber. Los soles andan sin yantar? O hay quienles da granos como a pajarillos? Francamente,yo no sé de esto casi nada. Oh piedra, almohada bienfaciente al fin. Amémonos os vivos a los vivos, que a las buenas cosas muertas erá después. Cuánto tenemos que quererlasy estrecharlas, cuánto. Amemos las actualidades, que siempre no estaremos como estamos.Que interinos Barrancos no hay en los esenciales cementerios. El porteo va en el alfar, a pico. La jornada nos da en el cogollo, con su docena de escaleras, escala das, en horizontizante frustración de pies, por pávidas sandalias vacantes. Y temblamos avanzar el paso, que no sabemos si damos con el péndulo, o ya lo hemos cruzado.
LXXI
Serpea el sol en tu mano fresca,y se derrama cauteloso en tu curiosidad. Cállate. Nadie sabe que estás en mí,toda entera. Cállate. No respires. Nadiesabe mi merienda suculenta de unidad:legión de oscuridades, amazonas de lloro. Vanse los carros flajelados por la tarde,y entre ellos los míos, cara atrás, a las riendasfatales de tus dedos.Tus manos y mis manos recíprocas se tiendenpolos en guardia, practicando depresiones,y sienes y costados. Calla también, crepúsculo futuro,y recójete a reír en lo íntimo, de este celode gallos ajisecos soberbiamente,soberbiamente ennavajadosde cúpulas, de viudas mitades cerúleas.Regocíjate, huérfano; bebe tu copa de aguadesde la pulpería de una esquina cualquiera.
LXXII
Lento salón en cono, te cerraron, te cerré,aunque te quise, tú lo sabes,y hoy de qué manos penderán tus llaves. Desde estos muros derribamos los últimosescasos pabellones que cantaban.Los verdes han crecido. Veo labriegos trabajando,los cerros llenos de triunfo.Y el mes y medio transcurrido alcanzapara una mortaja, hasta demás. Salón de cuatro entradas y sin una salida,hoy que has honda murria, te hablopor tus seis dialectos enteros.Ya ni he de violentarte a que me seas,de para nunca; ya no saltaremosningún otro portillo querido. Julio estaba entonces de nueve. Amorcontó en sonido impar. Y la dulzuradió para toda la mortaja, hasta demás.
LXXIII
Ha triunfado otro ay. La verdad está allí.Y quien tal actúa ¿no va a saberamaestrar excelentes dijitígradospara el ratón Sí ...No ... ? Ha triunfado otro ay y contra nadie.Oh exósmosis de agua químicamente pura.Ah míos australes. Oh nuestros divinos. Tengo pues derechoa estar verde y contento y peligroso, y a serel cincel, miedo del bloque basto y vasto;a meter la pata y a la risa. Absurdo, sólo tú eres puro.Absurdo, este exceso sólo ante ti sesuda de dorado placer.
LXXIV
Hubo un día tan rico el año pasado... !que ya ni sé qué hacer con él. Severas madres guías al colegio,asedian las reflexiones, y nosotros enflechamosla cara apenas. Para ya tarde saberque en aquello gozna la travesuray se rompe la sien.Qué día el del año pasado,que ya ni sé qué hacer con él,rota la sien y todo. Por esto nos separarán,por eso y para ya no hagamos mal.Y las reflexiones técnicas aún dicen¿no las vas a oír?que dentro de dos gráfilas oscuras y aparte,por haber sido niños y tambiénpor habernos juntado mucho en la vida,reclusos para siempre nos irán a encerrar. Para que te compongas.
LXXV
Estáis muertos. Qué extraña manera de estarse muertos. Quienquiera diría no lo estáis. Pero, en verdad, estáis muertos, muertos. Flotáis nadamente detrás de aquesa membrana que, péndula del zenit al nadir, viene y va de crepúsculo a crepúsculo, vibrando ante la sonora caja de una herida que a vosotros no os duele. Os digo, pues, que la vida está en el espejo, y que vosotros sois el original, la muerte. Mientras la onda va, mientras la onda viene, cuán impunemente se está uno muerto. Sólo cuando las aguas se quebrantan en los bordes enfrentados y se doblan y doblan, entonces os transfiguráis y creyendo morir, percibís la sexta cuerda que ya no es vuestra. Estáis muertos, no habiendo antes vivido jamás. Quienquiera diría que, no siendo ahora, en otro tiempo fuisteis. Pero, en verdad, vosotros sois los cadáveres de una vida que nunca fue. Triste destino el no haber sido sino muertos siempre. El ser hoja seca sin haber sido verde jamás. Orfandad de orfandades. Y sinembargo, los muertos no son, no pueden ser cadáveres de una vida que todavía no han vivido. Ellos murieron siempre de vida. Estáis muertos.
LXXVI
De la noche a la mañana voysacando lengua a las más mudas equis. En nombre de esa puraque sabía mirar hasta ser 2. En nombre de que la fui extraño,llave y chapa muy diferentes. En nombre della que no tuvo vozni voto, cuando se dispusoesta su suerte de hacer. Ebullición de cuerpos, sinembargo,aptos; ebullición que siempretan sólo estuvo a 99 burbujas. ¡Remates, esposados en naturaleza,de dos días que no se juntan,que no se alcanzan jamás.
LXXVII
Graniza tánto, como para que yo recuerdey acreciente las perlasque he recogido del hocico mismode cada tempestad. No se vaya a secar esta lluvia.A menos que me fuese dadocaer ahora para ella, o que me enterrasenmojado en el aguaque surtiera de todos los fuegos. ¿Hasta dónde me alcanzará esta lluvia?Temo me quede con algún flanco seco;temo que ella se vaya, sin haberme probadoen las sequías de increíbles cuerdas vocales,por las que,para dar armonía,hay siempre que subir ¡nunca bajar!¿No subimos acaso para abajo? Canta, lluvia, en la costa aún sin mar!
miércoles, 13 de mayo de 2009
ciro alegria para los doctos
Poema de Arguedas que Desafio Perú dedica a los doctores de este gobierno vendepatria que promueven la desaparicion de las comunidades y entrega de nuestros bosques, agua y biodiversidad a las transnacionales. Rescatamos este poema como homenaje a este gran escritor peruano.
Dicen que no sabemos nada, que somos el atraso, que nos han de cambiar la cabeza por otra mejor.
Dicen que nuestro corazón tampoco conviene a los tiempos, que está lleno de temores, de lágrimas, como el de la calandria, como el de un toro grande al que se degüella, que por eso es impertinente.
Dicen que algunos doctores afirman eso de nosotros, doctores que se reproducen en nuestra misma tierra, que aquí engordan o que se vuelven amarillos.
Que están hablando, pues: que estén cotorreando si eso les gusta.
¿De qué están hechos mis sesos? ¿De qué está hecha la carne de mi corazón?
Saca tu larga vista, tus mejores anteojos. Mira, si puedes.
Quinientos flores de papas distintas crecen en los balcones de los abismos que tus ojos no alcanzan, sobre la tierra en que la noche y el oro, la plata y el día se mezclan. Esas quinientas flores, son mis sesos, mi carne.
¿Por qué se ha detenido un instante el sol, por qué ha desaparecido la sombra en todas partes, doctor?
Pon en marcha tu helicóptero y sube aqui, si puedes. Las plumas de los cóndores, de los pequeños pájaros se han convertido en arco iris y alumbran.
Las cien flores de la quinua que sembré en las cumbres hierven al sol en colores, en flor se ha convertido la negra ala del cóndor uy de las aves pequeñas.
Es el mediodía; estoy junto a las montañas sagradas: la gran nieve con lampos amarillos, con manchas rojizas, lanzan su luz a los cielos.
En esta fría tierra, siembro quinua de cien colores, de cien clases, de semilla poderosa. Los cien colores son también mi alma, mis infaltables ojos.
Yo, aleteando amor, sacaré de tus sesos las piedras idiotas que te han hundido. El sonido de los precipicios que nadie alcanza, la luz de la nieve rojiza, de espantado, brilla en las cumbres. El jugo feliz de los millares de yerba, de millares de raíces que piensan y saben, derramaré tu sangre, en la niña de tus ojos.
El latido de miradas de gusanos que guardan tierra y luz; el vocerío de los insectos voladores, te los enseñaré hermano, haré que los entiendas. Las lagrimas de las aves que cantan, su pecho que acaricia igual que la aurora, haré que las sientas y las oigas.
Ninguna maquina difícil hizo lo que se, lo que sufro, lo que gozar del mundo gozo. Sobre la tierra, desde la nieve que rompe los huesos hasta el fuego de las quebradas, delante del cielo, con su voluntad y con mis fuerzas hicimos todo eso.
No huyas de mi doctor, acércate Mírame bien reconóceme. ¿Hasta cuándo he de esperarte? Acércate a mí; levántame hasta la cabina de tu helicóptero. Yo te invitare el licor de mil savias diferentes.
Curaré tu fatiga que a veces te nubla como bala de plomo, te recrearé con la luz de las cien flores de quinua, con la imagen de su danza al soplo de los vientos; con el pequeño corazón de la calandria en que se retrata el mundo, te refrescare con el agua limpia que canta y que yo arranco de la pared de los abismos que templan con su sombra a nuestras criaturas.
¿Trabajaré siglos de años y meses para que alguien que no me conoce y a quien no conozco me corte la cabeza con una máquina pequeña?
No, hermanito mío. No ayudes a afilar esa maquina contra mi, acércate, deja que te conozca, mira detenidamente mi rostro, mis venas, el viento que va de mi tierra a la tuya es el mismo; el mismo viento que respiramos; la tierra en que tus máquinas, tus libros y tus flores cuentas, baja de la mía, mejorada, amansada.
Que afilen cuchillos, que hagan tronar zurriagos; que amasen barro para desfigurar nuestros rostros; que todo eso hagan.
No tememos a la muerte, durante siglos hemos ahogado a la muerte con nuestra sangre, la hemos hecho danzar en caminos conocidos y no conocidos.
Sabemos que pretenden desfigurar nuestros rostros con barro; mostrarnos así, desfigurados, ante nuestros hijos para que ellos nos maten.
O sabemos bien qué ha de suceder. Que camine la muerte hacia nosotros; que vengan esos hombres a quienes no conocemos. Los esperaremos en guardia, somos hijos del padre de todos los ríos, del padre de todas las montañas ¿es que ya no vale nada el mundo, hermanito doctor?
No contestes que no vale. Más grande que mi fuerza en miles de años aprendida; que los músculos de mi cuello en miles de meses; en miles de años fortalecidos, es la vida, la eterna vida mía, el mundo que no descansa, que crea sin fatiga; que pare y forma como el tiempo, sin fin y sin principio.
José María Arguedas (Andahuaylas, 1911 - Lima, 1969). Escritory etnólogo peruano, renovador de la literatura de inspiraciónindigenista y uno de los más destacados narradores peruanos delsiglo XX. Sus principales obras literarias son: Agua (1935), Yawarfiesta, de (1941), Los ríos profundos, (1958) y el Sexto (1961) entreotros. La producción intelectual de Arguedas es bastante amplia ycomprende, además de obras de ficción, trabajos, ensayos yartículos sobre el idioma quechua, la mitología prehispánica, elfolclore y la educación popular. La circunstancia especial de haberseeducado dentro de dos tradiciones culturales, la occidental y laindígena, unido a una delicada sensibilidad, le permitieroncomprender y describir como ningún otro intelectual peruano lacompleja realidad del indio nativo, con la que se identificóde una manera desgarradora.
martes, 14 de abril de 2009
carta de Arguedas a Hugo blanco
El Perú es el país de América en el que existe mayor porcentaje de campesinos propietarios de la tierra.
HUGO BLANCO GALDOS- Marzo 2009
LA VERDADERA HISTORIA DE LA REFORMA AGRARIA
Carta de J.M. Arguedas a Hugo Blanco:
Hermano Hugo, querido, corazón de piedra y de paloma: Quizá habrás leído mi novela «Los Ríos Profundos». Recuerda, hermano, el más fuerte, recuerda. En ese libro no hablo únicamente de cómo lloré lágrimas ardientes; con más lágrimas y con más arrebato hablo de los pongos, de los colonos de hacienda, de su escondida e inmensa fuerza, de la rabia que en la semilla de su corazón arde, fuego que no se apaga. Esos piojosos, diariamente flagelados, obligados a lamer tierra con sus lenguas, hombres despreciados por las mismas comunidades, esos, en la novela, invaden la ciudad de Abancay sin temer a la metralla y a las balas, venciéndolas. Así obligaban al gran predicador de la ciudad, al cura que los miraba como si fueran pulgas; venciendo balas, los siervos obligan al cura que diga misa, a que cante en la iglesia: le imponen la fuerza. En la novela imaginé esta invasión con un presentimiento: los hombres que estudian los tiempos que vendrán, los que entienden de luchas sociales y de la política, los que comprendan lo que significa esta sublevación de la toma de la ciudad que he imaginado. ¡Cómo, con cuánto más hirviente sangre se alzarían estos hombres si no persiguieran únicamente la muerte de la madre de la peste, del tifus, sino la de los gamonales, el día que alcancen a vencer el miedo, el horror que les tienen! «¿Quién ha de conseguir que venzan ese terror en siglos formado y alimentado, quién? ¿En algún lugar del mundo está ese hombre que los ilumine y los salve? ¿Existe o no existe? ¡carajo, mierda!», diciendo, como tú lloraba fuego, esperando, a solas. Los críticos de literatura, los muy ilustrados, no pudieron descubrir al principio la intención final de la novela,
Recibe, querido Hugo, un hondo abrazo, lleno de gratitud por lo que hiciste y haces para que acabe de una buena vez el reino de los señores de la tierra y sus siervos. Después de las tomas de tierras y las reformas agrarias, otro es el rostro de Perú. la que puse en su meollo, en el medio mismo de su corriente.
Felizmente uno, uno solo, lo descubrió y lo proclamó, muy claramente.
¿Y despué hermano? ¿No fuiste tú, tú mismo quien encabezó a esos «pulguientos» indios de hacienda, de los pisoteados el más pisoteado hombre de nuestro pueblo; de los asnos y los perros el más azotado, el escupido con el más sucio escupitajo?
Convirtiendo a esos en el más valeroso de los valientes, ¿no los fortaleciste, no acercaste su alma? Alzándoles el alma, el alma de piedra y de paloma que tenían, que estaba aguardando en lo más puro de la semilla del corazón de esos hombres, ¿no tomaste el Cuzco como me dices en tu carta, y desde la misma puerta de la catedral, clamando y apostrofando en quechua, no espantaste a los gamonales, no hiciste que se escondieran en sus huecos como si fueran pericotes muy enfermos de las tripas? Hiciste correr a esos hijos y protegidos del antiguo Cristo, del Cristo de plomo. Hermano, querido hermano, como yo, de rostro algo blanco, del más intenso corazón indio, lágrima, canto, baile, odio.
PRÓLOGO
La Historia es el relato de los sucesos. El historiador puede tener una opinión favorable o desfavorable de ellos, es su derecho; pero a lo que no tiene derecho es a ocultar acontecimientos sucedidos. No pretendo hacer un tratado de Historia, sino una apretada síntesis de acontecimientos importantes para el país que tuvieron lugar en la zona de los valles cusqueños de La Convención y Yanatile, acontecimientos forjados por los heroicos campesinos sirvientes de haciendas. Es muy placentero para mí ver que los hijos de ellos, en lugar de cosechar café y coca, descalzos, llegaron a ser médicos, ingenieros, contadores, etc.
Una visión mía más amplia sobre el tema se puede encontrar en el libro «Tierra o Muerte» que escribí en la isla prisión de «El Frontón» y que fue publicada en castellano por la editorial mexicana «Siglo XXI» en tres ediciones, en inglés lo publicó «Pathfinder» en dos ediciones, en sueco lo hizo «Forum», también fue editada en portugués y japonés.
Posteriormente me ocupé de eso en mi libro «Nosotros los Indios» y en muchos otros escritos.
Edité un folleto dedicado a la juventud de la zona donde se inició la «Reforma Agraria». Un compañero norteño me indicó que debía reeditarlo para todo el campesinado del país. Este es el producto de esa adaptación mejorada.
Algo que los sectores dominantes temen mucho es que el movimiento popular conozca la verdadera Historia, cómo las transformaciones sociales a favor de los pueblos son fruto de de la lucha de ellos y no, como pretenden hacernos creer, obra de personajes o producidos por las «leyes» sacadas por el poder.
Citamos dos ejemplos modernos:
1.- Las Rondas Campesinas.
Surgieron en las provincias cajamarquinas de Chota y Bambamarca, creadas por el campesinado de la zona, harto del abigeato o robo de ganado perpetrado con la complicidad y a veces dirección del corrupto Poder Judicial y de la no menos corrupta policía. Brotaron como organizaciones conformadas por los propios campesinos para la vigilancia contra los mencionados robos.
En un inicio eran fieramente condenadas por las esferas oficiales y la prensa a su servicio, las señalaban como bandas usurpadoras de funciones y perpetradoras de secuestros. El sistema las contrarrestó encarcelando a los ronderos. Sin embargo, como las rondas fueron eficaces contra el abigeato, a pesar de la represión se extendieron, primero por todo el departamento de Cajamarca
y luego por costa y sierra norteñas.
El parlamento se vio obligado a legislar al respecto y luego a mejorar la ley. Ahora existe el reconocimiento legal de ellas, son calificadas como organismos independientes que tienen facultad de ejercer la justicia en niveles inferiores y gozan de las ventajas que en la legislación tienen las comunidades indígenas.
2.-El segundo ejemplo es el llamado «presupuesto participativo» de los municipios.
Antes era el Consejo Municipal, fundamentalmente el alcalde, quien a su capricho disponía de los dineros del municipio.
La población indígena del distrito de Limatambo, provincia de Anta, Cusco, de acuerdo con el alcalde Wilbert Rozas, dispusieron que no fuera así, que eran las comunidades indígenas y la población urbana organizada quienes tenían el derecho de elaborar el presupuesto y vigilar su ejecución.
Esto tuvo que ser recogido por el parlamento que reconoció por ley el «presupuesto participativo» aunque poniendo muchas trabas legales que impiden una práctica real de la soberanía popular en la gestión municipal.
…………………………………………………
Eso mismo sucedió con la llamada «Reforma Agraria», que sólo fue redistribución de la tierra, puesto que una verdadera Reforma Agraria debe incluir educación agropecuaria, dotación de semillas y fertilizantes, planificación de la producción al servicio de la población, créditos, comercialización, etc.
Aún ahora, luego de los retrocesos posteriores, el Perú continúa siendo el país con más porcentaje de propietarios rurales del continente.
¿Qué nos dice la versión oficial?
Que fue el presidente Juan Velasco Alvarado el promotor de ella. Los de abajo piensan que para bien, los de arriba la condenan. Pero ambos coinciden en que la Reforma Agraria se debe a que Velasco dio la ley.
Me dicen que en el norte del país creen que fue el APRA quien terminó con las haciendas.
La razón de este folleto es demostrar que ambas son fábulas, que la «Reforma Agraria» se la debemos al movimiento campesino, no a ninguna personalidad ni a ningún partido.
Reconocemos que «la ley» la emitió Velasco, pero el derrumbe de la propiedad latifundista la llevó a cabo el propio campesinado.
La Historia no la hacen las «leyes» dadas por los de arriba, la forjan los pueblos con su lucha……….Rodrigo Montoya
LA PROPIEDAD DE LA TIERRA EN AMÉRICA Y EN EL PERÚ
En Abya Yala (el nombre indígena de nuestro continente que se conoce con el nombre de uno de sus invasores: América), no existía la propiedad de la tierra. La gente pertenecía a la tierra, no la tierra a la gente.
Fueron los invasores europeos quienes convirtieron la tierra en su propiedad. En un principio en el Perú bajo la forma de Encomiendas y Repartimientos en los que hacían trabajar gratuitamente a sus antiguos habitantes, quienes para mantenerse vivos y trabajando gozaban de la graciosa concesión de los latifundistas, de trabajar para sí un pequeño pedazo de tierra del latifundio.
Naturalmente a las poblaciones originales no les agradó el cambio, hubo innumerables rebeliones bañadas en sangre. A la que más se conoce es a la rebelión de Tupac Amaru II.
Luego vino la llamada «Revolución de la Independencia» que para la población originaria no significó ninguna independencia, pues a los repartimientos y encomiendas sucedieron las «haciendas» en las que los hijos de esta tierra debían seguir trabajando para los latifundistas o gamonales. A algunos generales de esa «Revolución de la Independencia» se les premió con haciendas con todo e «indios», que era el nombre que nos dieron a los naturales de esta tierra.
Esta situación subsistía a inicios de la década del 60 del siglo pasado en todo el Perú.
Las comunidades indígenas sobrevivían heroicamente en el país de haciendas, aunque arrinconadas a las peores tierras.
Así lo determinaba la «ley» que no la hacen los pueblos sino sus opresores.
LA CONVENCIÓN Y YANATILE INVASIÓN Y OPRESION AL CAMPESINADO
Hacendados y arrendires
La zona estuvo poblada por nativos, al parecer fundamentalmente machiguengas y huachipaires.
Comenzó a ser invadida por los herederos de los invasores europeos, hacendados a quienes el gobierno de los opresores, prácticamente les regalaba las tierras en calidad de «denuncios» para «colonizar», a diez centavos de sol la hectárea. Ellos tomaban más hectáreas de las que les eran concedidas. Por ejemplo, las propiedades de los Romainville abarcaban desde el Vilcanota hasta el Apurímac, más territorio que algunos estados europeos. Como los habitantes de la zona no estaban dispuestos a trabajar para los hacendados y para mantener su libertad se vieron obligados a replegarse al interior de la selva, los hacendados trajeron campesinos de la sierra para explotarlos, haciéndoles trabajar para ellos a cambio de darles el derecho a cultivar para sí una parcela de tierra, a la que se denominó «arriendo» y al campesino que la ocupaba «arrendire».
El arrendire estaba obligado a trabajar determinado número de días de «condición» para la hacienda, además, él, su mujer y sus hijos estaban obligados a trabajar en la cosecha o «palla». Adicionalmente tenían que trabajar en obras o construcciones en beneficio de la hacienda.
Había la «maquipura», que era la obligación del arrendire a pagar el jornal de un día de trabajo de un grupo para beneficio del hacendado.
El trabajo era de 6 a 6 y los campesinos debían levantarse a las 4 o antes para llegar al trabajo, las mujeres antes, para preparar la comida.
Si un campesino por alguna razón de salud o quehacer urgente faltaba al trabajo, por orden del patrón se le arrebataba, ingresando a su domicilio, herramientas u otras prendas. Los hacendados violaban a las mujeres e hijas de los campesinos cuando les daba la gana. El hacendado Márquez de San Lorenzo hacía arrojar al río a los hijos que tenía en las campesinas.
En algunas haciendas había calabozos. El hacendado maltrataba físicamente a los campesinos.
Alfredo Romainville hizo colgar desnudo, de brazos y piernas, a un campesino para azotarlo. En otra ocasión hizo poner a un campesino de cuatro pies, le hizo cargar 6 arrobas de café y a fuetazos le hizo caminar alrededor de una explanada («matucancha»), así, de cuatro pies.
El hacendado Antonio Vitorino del valle de Lares (hoy Yanatile) tenía monedas acuñadas con sus iniciales, con las que pagaba a los campesinos por los trabajos extras, con esas monedas sólo podían comprar en su tienda a precios exorbitantes.
En general los hacendados no aceptaban campesinos que supieran leer y escribir.
Cuando Romainville se enteró de que un campesino había contratado una maestra para que enseñara a sus hijos y los de su vecino, abofeteó al campesino y llevó a la maestra como su cocinera. Dalmiro Casafranca hizo asesinar impunemente al dirigente Erasmo Zúñiga.
Ni varios tomos serían suficientes para enumerar los abusos de los hacendados. La ley reconocía el derecho a la tierra de éstos y la forma de opresión al campesino no estaba legislada, dependía de la crueldad y de la imaginación del hacendado, latifundista o gamonal. Si algún campesino se quejaba a la Justicia, quien iba a la cárcel era él.
Allegados
En vista de que el tiempo no le alcanzaba al arrendire para trabajar su chacra y la del patrón, se veía obligado a tomar «allegados», que eran campesinos a quienes daba parcelas pequeñas del terreno que le había dado el patrón, con la obligación de que ellos trabajaran dos o tres días para él. En la práctica los allegados trabajaban para el hacendado en nombre del arrendire. A veces el abuso del hacendado hacía que impusiera obligaciones directas al allegado, porque «tomaba el agua, usaba la leña y los caminos de la hacienda».
Hay quienes dicen que el verdadero explotador era el arrendire; esto es falso, pues la suma de las obligaciones de los allegados no alcanzaba a cubrir las del arrendire, prueba de ello es que cuando se iniciaron las «huelgas», el cese del trabajo del arrendire para el patrón y el cese del trabajo del allegado para el arrendire, esto fue bien visto por la gran mayoría de arrendires. Era excepcional el caso de que la suma de la cantidad de días que tenían obligación de trabajar los allegados para el arrendire sobrepasara la cantidad de días que el arrendire debía trabajar para el hacendado.
Habilitados
Eran campesinos que vivían y trabajaban en la sierra, en especial comuneros, que iban temporalmente a trabajar a la zona, generalmente en época de cosecha, eran asalariados agrícolas. Algunos de ellos se quedaban permanentemente, estos, en general, se convertían en allegados.
Los habilitados no tenían un interés directo en nuestra lucha por la tierra, puesto que no obtendrían beneficio, sin embargo he conocido heroicos compañeros que participaron valientemente en una lucha que no les iba a beneficiar. Los obreros agrícolas siguen existiendo en la zona, generalmente temporarios.
Otro clima
El sufrimiento por el cambio de clima de los inmigrantes serranos era indecible: Se encontraban en un ambiente extraño y hostil, con enfermedades ignoradas por ellos, no conocían la vegetación de la zona y no sabían utilizarla como medicina, lo que sí sabían los nativos selváticos. Especialmente las mujeres usaban la ropa serrana apta para el frío y no para el calor de la zona. Estaban acostumbrados a la comida serrana, la que extrañaban, con el poco dinero que tenían compraban productos serranos más caros que sus equivalentes nativos. En ese clima inhóspito para ellos debían realizar un trabajo muy rudo, la tala del bosque para convertir la tierra en cultivable.
Fue inevitable la gran mortandad que produjo el paludismo en la zona.
Así sufrieron abuelos, bisabuelos y tatarabuelos de los actuales jóvenes convencianos.
Los cultivos serranos (papa, maíz, trigo, haba, arveja, oca, año, olluco, quinua, tarwi o chochos) se cosechan a pocos meses de haberlos sembrado. En cambio los cultivos que interesaban tanto a hacendados como a campesinos en la zona cálida se cosechan años después de haberlos sembrado, aunque tienen la ventaja de ser plantas permanentes (café, cacao, té, coca, achiote, naranja, palta) y no hay que sembrarlas cada año.
Esto producía años de hambre y necesidad en los que el campesino debía alimentarse del desabrido maíz tropical, de yuca, uncucha y otros productos anuales que proveen fundamentalmente de hidratos de carbono, pero no de proteínas, vitaminas ni minerales.
Los serranos venidos a la zona éramos denominados «upichus», pálidos y esmirriados por las causas mencionadas.
Ahora la población es diferente, ya es nacida en la zona, conoce más de la naturaleza, se viste en forma apropiada al clima. Y sobre todo se nota el impulso a la economía en general y el mejoramiento del nivel de vida, desde que la tierra es de quien la trabaja, conquista que fue lograda por el campesinado oprimido a través de una larga y tenaz lucha.
Los «desahucios»
Además de todos los abusos cometidos por los hacendados contra los campesinos relatados más arriba, había uno muy grave: los llamados desahucios.
Luego de que el arrendire, con todas las privaciones y sufrimientos relatados, después de tres o cuatro años de sacrificado trabajo, comenzaba a disfrutar de las plantaciones permanentes que tanto esfuerzo le había costado cultivar en el poco tiempo que le dejaba el trabajo gratuito para la hacienda, el hacendado lo expulsaba del arriendo quedándose con todas las plantaciones sin pagar un centavo por ellas.
Esto hacía el patrón por medio del llamado «juicio de desahucio», usando al Poder Judicial que estaba a su servicio, obtenía una sentencia favorable para expulsar al arrendire. Otras veces bastaba el acto prepotente del hacendado sin mediar un juicio.
Precisamente por este tipo de abusos, campesinos desesperados ante el atropello que de un plumazo barría con el sacrificio de años, se vieron impulsados a hacer justicia con su propia mano y mataron al gamonal Pedro Duque de la hacienda San Pedro. Los hacendados encabezados por Valentín Paniagua, padre del ex-presidente, hicieron circular un memorial para que los campesinos fuesen ejecutados, lo que hubieran conseguido.
Afortunadamente para entonces ya existía nuestra Federación, la que manifestó que aunque el método del movimiento sindical no era matar hacendados, comprendía la desesperación de los campesinos atropellados que no contaban aún con sindicato ni Federación cuando ejecutaron al hacendado y que si la sentencia era de muerte, nuestra Federación iba a realizar una huelga. Los jueces, temerosos de la Federación se abstuvieron de dar la sentencia de muerte.
Luego veremos cómo el movimiento sindical acabó con los desahucios.
SINDICALIZACIÓN EN LA CONVENCIÓN
Asesorados por la Federación de Trabajadores del Cusco (FDTC), fundamentalmente artesanal, no industrial, comenzaron a surgir sindicatos campesinos en el departamento, al parecer en la década del 50, algunos posiblemente antes. El primero en La Convención fue el de Maranura.
Los sindicatos fueron reconocidos difícilmente. Tenían la función de elaborar un pliego de reclamos para discutirlo legalmente con los hacendados con intermediación de las respectivas autoridades.
Esto sólo ya fue un gran avance para el campesinado, que mediante su sindicato comenzaba a contrarrestar los impunes abusos de los hacendados:
Se obtenía la rebaja de los días de condición y de los días de palla, se conseguía que se aplicara la ley del trabajo de 8 horas, se lograba abolir los otros tipos de trabajo para el hacendado. En suma se conseguía anular todos los abusos extras mencionados, además de la «condición» y la «palla». En esta lucha los sindicatos eran asesorados por la Federación de Trabajadores del Cusco y por el cuerpo de abogados que eran los asesores legales de ésta. Fue una etapa heroica si consideramos que la fuerza no era mucha pues había muy pocos sindicatos. En esta lucha ha sido mínima mi participación, pero reconozco que sin esta etapa hubiera sido imposible la posterior lucha por la tierra cuando estas acciones impulsaron la organización de más sindicatos y ya fuimos fuertes.
No todos los sindicatos pudieron discutir sus pliegos, había hacendados como Romainville quienes simplemente se negaban a reconocer al sindicato, su respuesta era «¿A quién se le ocurre la locura de que voy a discutir con mis indios la forma en que ellos deben servirme? ¡Lo que hay que hacer es mandar a los cabecillas a la cárcel!». Y por supuesto le era fácil hacer esto pues tenía en su bolsillo al Poder Judicial y a la policía.
Hizo encarcelar a los tres dirigentes del Sindicato de Chaupimayo. Cuando los sindicatos llegaron a 8 se organizó, siempre con la asesoría de la FDTC y sus asesores, la Federación Provincial de Campesinos de La Convención y Lares (FEPCACYL), entonces no existía el actual distrito de Yanatile y los sindicatos de esa zona pertenecían al distrito de Lares, provincia de Calca.
Esto fue un gran paso adelante. Comenzó la realización de los «paros» que consistían en la paralización de toda actividad rural y urbana a nivel provincial, con lo que el campesinado podía constatar su propia fuerza, lo que también era notado, con simpatía u hostilidad, por la población urbana.
En general la clase media urbana estaba del lado de los hacendados contra los «indios igualados». Por muy pobre que fuese una persona, se enorgullecía de ser «amigo de chupa» de un hacendado y naturalmente se ponía de su parte contra «los indios». Sin embargo, cuando los profesores se organizaron y pidieron nuestro apoyo para su paro, con todo gusto les aceptamos y se realizó un paro contundente que paralizó toda actividad a nivel provincial. Desde ese momento el resto de la clase media urbana saludaba a los maestros llamándoles «¡Hola campesino!».
También fueron importantes los mítines, con asistencia de multitud campesina, en los que la población indígena expresaba su sentir en quechua, enrostrando sus verdades a los hacendados y sus autoridades serviles. Un factor más de fortalecimiento fue el proceso de organización del campesinado de la sierra del departamento con la posterior organización de la Federación Departamental de Campesinos del Cusco (FDCC), que implicaba la realización de mítines en la ciudad del Cusco, lo que naturalmente elevaba la moral del campesinado que por altoparlantes decía verdades en quechua que nunca habían sido dichas en castellano.
Todo ello incidió en el rápido crecimiento de la FEPCACYL, lo que produjo su fortalecimiento y la radicalización de sus luchas.
Con paros, mítines, huelgas de hambre, se conseguía la libertad de los dirigentes presos.
FIN DE LOS DESAHUCIOS
Un valioso triunfo contra la ley de los patrones fue la abolición de los desahucios.
Un paso importante fue el acuerdo público de la Federación de respaldar al compañero Vega Caboy de Aranjuez a quien había ganado en la Corte Suprema el hacendado asesino Dalmiro Casafranca. Cuando éste pretendió hacer ejecutar el desahucio no consiguió el apoyo de la policía y ningún juez se atrevió a enfrentarse con la Federación. Por primera vez se escuchó de boca de un hacendado algo que era usual oír de los campesinos: «¡Para mí no hay justicia en este país!». Tuvo que transigir y vendió a Vega la tierra del arriendo.
Posteriormente, cuando el compañero Loayza, Secretario General del pequeño sindicato Phaqchaq Grande iba a ser desalojado, las compañeras trabajadoras del mercado que estaban afiliadas a nuestra Federación, se dirigieron rápidamente al lugar del desalojo que estaba siendo efectuado por la policía y lo frustraron.
A mi sindicato, Chaupimayo, fueron policías a efectuar desahucios ordenados por el juzgado contra dirigentes que estaban fugitivos. Fueron a casa del Secretario General Andrés González y comenzaron a sacar de ella las pertenencias de la familia. A medida que sacaban las cosas por la puerta la gente reunida las metía por la ventana, de modo que nunca terminaba el desalojo, la policía temía reprimir con violencia pues estaba muy lejos de la carretera. El contingente policial optó por sentar un acta manifestando que fue imposible realizar el desahucio.
Luego la policía fue al domicilio del compañero Carmen Candia, les esperaba su pareja en la puerta de la casa con un palo en la mano y les dijo en quechua «¡Vamos a ver quién se atreve a entrar en mi casa! ¡Con este palo le voy a romper la cabeza!». Los policías le explicaron pacientemente en castellano: «Señora, el señor Romainville ha ganado el juicio de desahucio». Ella contestó «¡Esta casa no la ha construido ese sordo, yo y mi marido la hemos hecho!». Los policías le dijeron «Señora, el juez ha ordenado el desahucio», ella respondió «¡Qué tiene que hacer el juez en esta casa si ni la conoce!». Con paciencia le argumentaron «Señora, la ley manda que cuando el juez ordena se realice el desahucio».
La compañera contestó «¡Yo no sé hablar castellano y menos escribir, no tengo que hacer nada con la ley, lo único que digo es que si alguien pretende entrar en mi casa le rompo la cabeza con este palo!».
Naturalmente bastaba un culatazo para tumbarla, pero estábamos ahí una multitud de campesinos y sabían que detrás de nosotros se encontraba la Federación, de modo que optaron por sentar un acta manifestando que no fue posible realizar el desahucio y se retiraron.
Inmediatamente realizamos una asamblea, pedimos «Que levanten la mano quienes tengan juicio de desahucio», lo hicieron varios compañeros. Les dijimos: «Abandonen esos juicios, dejen de gastar vuestro tiempo y dinero en ellos, que Romanville gane todos los juicios de desahucio que quiera, así como ahora hemos frustrado dos desahucios, vamos a frustrar todos los otros.»
Los jueces se avergonzaron de ordenar desahucios que no podían efectuarse, comenzaron a sentenciar en contra de ellos, luego el parlamento también se avergonzó y prohibió los juicios de desahucio.
La verdad es que ni los jueces ni el parlamento se sentían capaces de vencer la resistencia campesina, fue nuestra organización la que determinó la anulación de los desahucios, pacífica y democráticamente, con la organización no teníamos necesidad de reaccionar como lo hicieron los aislados compañeros de la hacienda San Pedro que mataron al hacendado Duque.
HUELGA: VERDADERO INICIO DE LA REFORMA AGRARIA
Los paros consistían en la paralización impuesta por la organización campesina, por uno o dos días, de toda actividad urbana y rural en la provincia.
La huelga consistía en no concurrir al trabajo de la hacienda, suspensión de la obligación de hacer «condiciones» y «palla» por parte del arrendire al hacendado y por parte del allegado hacia el arrendire.
Las primeras huelgas se efectuaron en los sindicatos de Chaupimayo A y de Masapata en La Convención y de Chancamayo en el actual Yanatile.
En Chaupimayo la causa fue la negativa del patrón a discutir el pliego de reclamos del sindicato mientras otros sindicatos ya habían firmado pactos de arreglo con los hacendados.
Hubo una huelga general, creo que de dos meses, de solidaridad con los campesinos del departamento de Pasco que fueron masacrados por el gobierno en defensa de la empresa norteamericana Cerro de Pasco Cooper Corporation que les arrebató sus tierras. Luego de levantada ésta, la huelga continuó en las haciendas que se negaron a reconocerla y que cobraron los días de condición relativos a ellas, uno de éstos fue Qollpani Chico.
La huelga de Chaupimayo duró nueve meses, lo que alarmaba a nuestros amigos obreros o empleados de la ciudad pues una huelga tan larga sería suicida para ellos ya que estarían sin ganar salarios o sueldos durante ese tiempo. Para el arrendire y el allegado era diferente, no sufrían la huelga sino disfrutaban de ella pues tenían todo ese tiempo para trabajar sus propias parcelas.
A los nueve meses convocamos a una asamblea en la que declaramos que como una huelga no debía durar tanto, ese día terminaba la huelga y se iniciaba la Reforma Agraria, que los arrendires ya no volverían a trabajar para los hacendados ni los allegados para los arrendires. Que la huelga la habíamos hecho pidiendo que el hacendado hablara con nosotros, ya que él no quiso hablar, a partir de ese día, aunque él quisiese hablar, nosotros ya no teníamos nada que hablar con él, desde ese momento la tierra era de quien la trabajaba. «Manan maymantapas hamuranchu hacendaduqa allpa rijrayusqa» («De ninguna parte vino el hacendado con la tierra al hombro»).
En la práctica no varió nada con esta declaración, sólo fue un cambio de nombre que hacía explícita la Reforma Agraria, pero elevaba la conciencia campesina. En los otros sindicatos siguió llamándose huelga.
Esos acontecimientos fueron un fuerte impulso a la sindicalización en la zona. Teníamos un abogado especial para ello, el doctor Estenio Pacheco.
Mientras que los anteriores pliegos de reclamos presentaban pedidos que pudiesen ser aceptados por los patrones (lo que se explica por la debilidad del movimiento en su inicio), en la época de las huelgas el compañero Estenio presentaba pliegos que fueran rechazados por los hacendados, ante ese rechazo el sindicato se declaraba en huelga. Luego ya no fueron necesarios pliegos, en los muchos sindicatos que a pedido de los compañeros fui a organizar, en la asamblea de fundación se decidía no trabajar ya para el hacendado. Los sindicatos se extendieron como una mancha de aceite, luego me enteré que muy al interior se formaron sindicatos sin contacto con la Federación, que suspendieron el trabajo para las haciendas.
En 1962 el gobierno golpista de Pérez Godoy dio una ley de Reforma Agraria que no pensaba aplicar, frente a ello la Federación decretó la huelga general hasta que se aplicara la ley. Eran más de 100 haciendas en la zona donde ya no se trabajaba para los hacendados. En realidad ya era la Reforma Agraria aunque no con ese nombre.
AUTODEFENSA
Se entiende la furia de los hacendados ante la extensión de la Reforma Agraria con el nombre de «huelga». Pedían furiosamente la intervención de la represión para «poner orden». Algunos de ellos comenzaron a andar armados y disparar tiros al aire amenazando matar a los «indios ladrones».
Los compañeros amenazados fueron a quejarse a la Federación, los dirigentes les aconsejaron ir a denunciar al puesto de la Guardia Civil.
Hicieron eso y recibieron la respuesta «¡Indios sinvergüenzas, le están robando la tierra al caballero y todavía tienen cara de venir a quejarse, él tiene derecho a matarles como a perros!». Los compañeros regresaron a la Federación a comunicar la respuesta, la indignación fue general. Pedí la palabra y dije: «Compañeros, ¿Qué vamos a hacer? Los hacendados amenazan matarnos y cuando vamos a la policía ella nos responde en esta forma. Lo único que nos queda es prepararnos para defendernos nosotros mismos del ataque armado.» Uno de los dirigentes dijo: «Hay el peligro de que si nos armamos de borrachos nos disparemos entre nosotros». Contesté: «Tiene razón el compañero, para que no suceda eso hagámoslo en forma organizada, formemos comités de autodefensa». No hubo objeción, se aprobó la proposición de organizar comités de autodefensa por unanimidad. También por unanimidad me nombraron como encargado de organizar dicha autodefensa. Algunos compañeros sabían que en Chaupimayo que era el sindicato más amenazado ya estábamos preparando la autodefensa.
Luego la amenaza de ataque no fue sólo la de los hacendados sino de su gobierno que decidió aplastar el movimiento democrático y pacífico de los campesinos por la violencia. El jefe nacional de la Guardia Civil, Humberto Quea, manifestó con toda claridad: «Primero aplastaremos el movimiento de las provincias serranas (donde existía pero era débil), luego atacaremos a la provincia y culminaremos aplastando a Chaupimayo».
Como había orden de captura para mí, tuve que recluirme en Chaupimayo, ahí cumplía el encargo de la Federación de entrenar a los grupos de autodefensa, éramos concientes de que ésta tendría que enfrentarse a la represión gubernamental. Venían compañeros de los sindicatos de La Convención y del hoy valle de Yanatile.
La policía comenzó a cumplir su amenaza, reprimieron el movimiento del sector serrano del Cusco, en un mitin en la capital del departamento asesinaron al compañero Remigio Huamán, cuyo nombre adoptó nuestro posterior grupo armado. Luego arremetieron contra La Convención, prohibieron las asambleas de la Federación y disolvían a culatazos las asambleas sindicales. Los sindicatos se vieron obligados a reunirse en la clandestinidad, algunos sindicatos juntaban sus asambleas.
Como una expresión de la represión gubernamental y de los hacendados, en la hacienda Qayara de Vilcabamba, el hacendado Pillco y un guardia civil buscaron al anciano Tiburcio Bolaños, Secretario General; como no lo encontraron, el hacendado pidió el arma que tenía el guardia y en presencia de él la disparó de un metro de distancia para quebrar el brazo de un niño de 11 años. El compañero Tiburcio vino a consultarme a quién quejarse, le dije que todas las autoridades estaban contra nosotros, que debía hacerlo a la asamblea. Estaban reunidos 4 sindicatos:
Chaupimayo, Paltatbamba, Qochapampa y Limonpata. En vista de que el régimen en su conjunto estaba envuelto en la represión, la asamblea entendió que sería tonto pretender justicia por los canales oficiales y decidió mandar una comisión para que pidiera cuentas al hacendado por su crimen, acordando que en vista del lenguaje que usaba el hacendado la comisión debiera ir armada.
La asamblea me encomendó la tarea de dirigir el grupo y elegir a mis acompañantes ya que por el cargo que me había encomendado la Federación conocía a los compañeros aptos para ese trabajo. Formamos un grupo numeroso aunque la mayoría no tenía armas, la mayor parte fueron compañeros de Qochapampa, el resto eran de Chaupimayo, Q´ellomayo, Paltaybamba, San Pedro, Phaqchaq Grande, Potrero, etc.
Debíamos eludir dos puestos policiales para llegar a la hacienda Qayara. Logramos eludir el primero, el segundo ya no nos fue posible, ya nos habían delatado, como no queríamos que nos agarren por la espalda entramos al puesto, relatamos al policía que encontramos ahí el objeto de nuestro viaje y le intimamos rendición. No quiso rendirse y metió la mano al bolsillo para sacar el arma, disparé, alcanzó a sacar el arma pero ya cayendo, su disparo fue al techo, si me demoraba un segundo era yo el muerto. Posteriormente nos enteramos de que había sido él quien dio el arma al hacendado y sin protestar vio cómo éste hería al niño, entendimos que no quiso rendirse porque tenía la conciencia sucia.
Dispararon desde otra habitación, salimos del puesto y lo rodeamos, no sabíamos cuántos guardias quedaban adentro. Luego del tiroteo se rindió un guardia, constatamos que no había más.
Nosotros somos combatientes limpios, de modo que al guardia rendido no lo tocamos, le acompañamos a levantar al herido y trajimos al sanitario (enfermero) a quien ofrecimos nuestras medicinas de primeros auxilios, como estábamos en un poblado y había suficiente gente que lo ayudara, nos retiramos, sabiendo que desde ese momento nos perseguirían para matarnos. Antes de retirarme me presente al guardia que estaba sano diciéndole que era yo quien disparó, para que no culparan a otros sindicalistas.
Subrayo que a diferencia de grupos armados posteriores, el nuestro no estaba comandado por un partido o grupo político, fue la asamblea de la Federación quien me dio la tarea de organizar la autodefensa. Una vez disuelta la Federación por el gobierno, fue una asamblea de cuatro sindicatos la que nos ordenó entrar en acción. Por lo tanto actuamos en forma estrictamente disciplinada a las organizaciones campesinas.
Nos llamaron guerrilla, si con ese término se entiende un grupo armado móvil, sí, fuimos eso. Pero nuestra esencia era, como nos autodenominamos entonces «brigada sindical de defensa Remigio Huamán».
Ya no podíamos ir a la hacienda después de lo sucedido, necesitábamos más armas, hicimos una emboscada a policías, di orden de no disparar para intimarles rendición y desarmarles, desgraciadamente la impericia de mis compañeros hizo que los mataran. A diferencia de los opresores, como Pinochet, Alan o Fujimori, que culpan de las muertes a sus subordinados, yo me inculpé por esas muertes pues era quien comandaba el grupo. Ahora, como el caso fue amnistiado, ya puedo decir que yo no fui.
En nuestro recorrido nos llamaron para organizar un sindicato y los compañeros campesinos nos alimentaban y nos alojaban. Luego fuimos dispersados por un ataque.
Después de algún tiempo la policía de investigaciones detectó dónde estaba yo y me capturó. Como había gran rivalidad entre la Guardia Civil (GC) y la Policía de Investigaciones del Perú (PIP), puesto que la GC tenía orden de capturarme muerto, la PIP tenía orden de capturarme vivo, como fue esta última la que me capturó, aún estoy vivo. A De la Puente y al Che Guevara los agarraron vivos y los asesinaron.
Mientras nosotros estuvimos eludiendo la represión la policía asesinó cobardemente a muchos compañeros desarmados.
LEYES DE REFORMA AGRARIA
La represión disolvió el grupo armado pero quedó amedrentada, pensó: «Si estos indios se han levantado en armas cuando estábamos comenzando la represión, La Convención ha de arder cuando les obliguemos a que vuelvan a trabajar para los hacendados lo que durante mucho tiempo ya no hacen.
Mejor dejemos la tierra en sus manos como ahora está, con el nombre de aplicación de la Reforma Agraria, pero por supuesto sólo en esta zona».
Así lo hicieron, en la ley se señalaba que había un «mínimo de tierra inafectable», eso se cumplió en haciendas como Potrero y Aranjuez que se avinieron a la ley, en las otras como Chaupimayo, Huadquiña, Cochapampa, Paltaybamba, Huyro, etc., no dejamos ni un centímetro no afectado, no era la ley de los patrones la que aplicamos sino nuestra propia Reforma Agraria.
Años después, en época del primer gobierno de Belaúnde, nuestros hermanos campesinos de varios lugares del Perú desarrollaron tomas de tierras de las haciendas, con toda razón decían «A los de La Convención les han dado las tierras porque han agarrado las armas y a nosotros nada».
Belaúnde hacía meter bala a los campesinos, pero continuaban las tomas de tierra, además se produjeron las guerrillas del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN). Los militares se preocuparon, decidieron tomar el poder ellos y hacer en todo el Perú lo que habían hecho al principio de la década del 60 en La Convención. Tomaron el poder con Velasco en 1968 e hicieron la Reforma Agraria en el resto del Perú a los 8 meses, en junio de 1969.
Como preveíamos en la Confederación Campesina del Perú, Velasco hizo reformas que no satisficieron al campesinado, en algunos lugares entregó la tierra a las comunidades, en otros no, en lugar de hacer eso fabricó gigantescas cooperativas, Sociedad Agrícola de Interés Social (SAIS), burocratizadas, que trabajaban en provecho de pocos funcionaros.
Luego de tres exilios me tocó participar en la toma de tierras de las SAIS efectuada por los comuneros de Puno, durante el primer período de Alan García, recuperamos un millón doscientas cincuenta mil hectáreas para las comunidades.
EL PROCESO
Una aberración jurídica que hay en el Perú es la existencia del Fuero Militar en que se juzga a los civiles, la represión es juez y parte, además los procesos son inapelables a la Corte Suprema, de modo que existen dos cortes supremas, la denominada con ese nombre y el Consejo de Oficiales Generales.
En nuestro caso se cometió una serie de irregularidades adicionales: Inicialmente se me llevó a un cuartel, no a una cárcel. Durante años estuve incomunicado en forma casi absoluta. A mis compañeros los trasladaron a la cárcel de Lampa, Puno. No se realizó la reconstrucción de los hechos. En la audiencia no estuvieron los testigos: el policía que quedó vivo ni el sanitario. La Audiencia se realizó a cuatro años de los sucesos. No se efectuó el Cusco como lo indica la ley, etc.
La oficialidad desconfía tanto de la tropa que durante el mes que estuve en el Cusco cambiaron dos veces el cuerpo de policía que me custodiaba.
Posteriormente en Arequipa, donde me tuvieron incomunicado, con los guardias sacábamos un boletín, «El Guardia», que hablaba de los abusos e irregularidades de la oficialidad.
Hubo tres cambios, dieron de baja a dos guardias, a una de las guarniciones la mandaron a la prisión de la policía en Lima. Los oficiales temían la audiencia que debía ser pública, por eso me mandaron un emisario. Se produjo el siguiente diálogo:
- Usted está entre la pena de muerte y los 25 años.
- Lo sé, mi abogado me lo informó.
- Hay una probabilidad de que se salve.
- ¿Cuál?
- Usted se hace el enfermo, nosotros ratificamos que lo está y lo deportamos al país que usted elija.
- No gracias, gozo de perfecta salud.
Aceptar la oferta habría sido doble traición, en primer lugar hubiera perdido la oportunidad de desenmascarar ante el público el rol servil a los crueles hacendados que desempeñaba la policía. En segundo lugar hubiera sido una traición a mis compañeros, pues mientras que yo que estuve en el mando hubiese estado libre en el exilio, ellos, que estuvieron bajo mi mando continuarían presos.
Durante los tres años que estuvimos separados la represión les repetía a mis compañeros que lo único que tenían que decir ellos para quedar libres era: «Somos campesinos analfabetos, hemos sido engañados por el comunista Hugo Blanco». Ninguno dijo eso, todos ellos denunciaron el abuso de los hacendados y hablaron bien de mí. Al contrario, cuando en la audiencia yo gritaba «¡Tierra o Muerte!», ellos contestaban «¡Venceremos!» como cuando estábamos en el grupo armado.
La audiencia se realizó en Tacna, el tribunal estaba compuesto por generales de policía. El régimen había hecho intensa propaganda de que iba a juzgar a «los criminales», por eso una vez abierta la audiencia me paré y grité «¡Los únicos criminales que hay en esta sala son quienes están sentados como tribunal! Además de criminales son cobardes porque no van ellos a combatirnos, mandan a cholitos como nosotros para que nos matemos entre pobres».
Luego, cuando me tocó declarar dijeron: «Acá no hemos venido a discutir posiciones políticas sino a tratar hechos concretos». Por lo tanto me reduje a hablar de hechos concretos de acuerdo con mi abogado. Él me preguntó qué le había dicho al compañero Tiburcio cuando me consultó a qué autoridad debía quejarse. Aproveché la respuesta para hablar extensamente de la corrupción del Poder Judicial, no podían pararme porque hablaba del hecho concreto de qué le había dicho al compañero.
Otra pregunta que me hizo fue qué le había dicho al guardia que se rindió. Ahí aproveché para hablar extensamente de la oficialidad de la Guardia Civil, exponiendo que eran unos corruptos que engordaban bien pagados por los hacendados mientras los guardias mal pagados exponían su vida. Tampoco podían pararme porque eran hechos concretos: qué le dije al policía.
Mis compañeros y yo utilizamos la audiencia para educar al público de Tacna sobre la realidad del país.
Por último, mi abogado me informó que uno de los miembros del tribunal, el general Fernández Hernani había pedido para mí la pena de muerte. Cuando luego de terminar mi declaración me preguntaron, como es de ley, si tenía algo más que agregar, dije sí y manifesté: «Si los cambios sociales que han habido en La Convención merecen la pena de muerte, estoy de acuerdo con ella. ¡Pero que sea éste el que me fusile! (señalando a Fernández Hernani) ¡Que no manche con mi sangre las manos de los guardias civiles ni republicanos porque ellos son hijos del pueblo y por lo tanto mis hermanos!». En la sala había guardias republicanos que nos cuidaban a los presos y guardias civiles porque estábamos en un cuartel de la Guardia Civil.
Al último cuando grité «¡Tierra o Muerte!», no sólo mis compañeros, sino todo el público gritó «¡Venceremos!». Hicieron desalojar la sala.
Al día siguiente hubo una cola de dos cuadras para visitarnos, a cada persona sólo podíamos dar un abrazo. Fue un policía a visitarme pero no le dejaron pasar. A mí me tenían aislado, la fruta que llevaron a mis compañeros era tanta que repartieron entre todos los presos. Por todo eso con Tacna tengo una relación especial.
Nos trasladaron a la isla penal El Frontón: A mí, a Gerardo Carpio y Humberto Carazas de Qochapampa, José Zúñiga Letona y Emiliano Cernades de Paltaybamba, Aniceto Muñoz de Phaqchaq Grande y Lucio Beingolea de Potrero. Cuando estuvimos ahí se iba a realizar la audiencia en el Tribunal Supremo de Justicia Militar sin nuestra presencia. El fiscal había pedido la pena de muerte para mí, mis compañeros enviaron una carta al tribunal en que pedían que como no se podía individualizar las acciones a ellos también los ejecutaran.
De sentenciarme a muerte cabía la posibilidad de implorar al presidente Belaúnde que me perdonara la vida, por eso escribí a mis compañeros y familiares pidiendo que nadie se rebajase a solicitar eso a Belaúnde, si querían matarme que lo hicieran. En el mitin que hubo en la Plaza San Martín contra la pena de muerte, mi hermana hablando en nombre de la familia dijo que estaba de acuerdo con mi decisión.
Gracias a la campaña mundial contra la pena de muerte el Tribunal Supremo de Justicia Militar no se atrevió a decretarla, ratificó la pena siguiente que había sentenciado el tribunal de Tacna, 25 años.
Posteriormente cuando Velasco entró de presidente me envió una mensajera para manifestarme que si aceptaba trabajar con el gobierno me liberaba al día siguiente, rechacé la oferta, pues aunque apoyábamos su intención de hacer la Reforma Agraria podíamos estar en desacuerdo con la forma de realizarla. Sin embargo, como otros dos presos políticos aceptaron la oferta, nos liberó a todos pues de lo contrario la gente hubiera dicho que me mantenía preso porque no me vendí. Ya en libertad continuaban insistiendo que trabajara para el gobierno, contesté que lo haría si quienes decidían la forma de hacer la Reforma Agraria fueran los propios campesinos, como esto no les gusto, prohibieron salir de Lima y al poco tiempo me deportaron.
Conociendo esta historia afirmamos que la Reforma Agraria no la debemos a ningún individuo ni partido, tenemos que agradecer por ella al largo proceso de organización y lucha de miles de campesinos convencianos y a los campesinos del resto del Perú, que lucharon sacrificando muchas vidas.
HUGO BLANCO GALDOS- Marzo 2009
LA VERDADERA HISTORIA DE LA REFORMA AGRARIA
Carta de J.M. Arguedas a Hugo Blanco:
Hermano Hugo, querido, corazón de piedra y de paloma: Quizá habrás leído mi novela «Los Ríos Profundos». Recuerda, hermano, el más fuerte, recuerda. En ese libro no hablo únicamente de cómo lloré lágrimas ardientes; con más lágrimas y con más arrebato hablo de los pongos, de los colonos de hacienda, de su escondida e inmensa fuerza, de la rabia que en la semilla de su corazón arde, fuego que no se apaga. Esos piojosos, diariamente flagelados, obligados a lamer tierra con sus lenguas, hombres despreciados por las mismas comunidades, esos, en la novela, invaden la ciudad de Abancay sin temer a la metralla y a las balas, venciéndolas. Así obligaban al gran predicador de la ciudad, al cura que los miraba como si fueran pulgas; venciendo balas, los siervos obligan al cura que diga misa, a que cante en la iglesia: le imponen la fuerza. En la novela imaginé esta invasión con un presentimiento: los hombres que estudian los tiempos que vendrán, los que entienden de luchas sociales y de la política, los que comprendan lo que significa esta sublevación de la toma de la ciudad que he imaginado. ¡Cómo, con cuánto más hirviente sangre se alzarían estos hombres si no persiguieran únicamente la muerte de la madre de la peste, del tifus, sino la de los gamonales, el día que alcancen a vencer el miedo, el horror que les tienen! «¿Quién ha de conseguir que venzan ese terror en siglos formado y alimentado, quién? ¿En algún lugar del mundo está ese hombre que los ilumine y los salve? ¿Existe o no existe? ¡carajo, mierda!», diciendo, como tú lloraba fuego, esperando, a solas. Los críticos de literatura, los muy ilustrados, no pudieron descubrir al principio la intención final de la novela,
Recibe, querido Hugo, un hondo abrazo, lleno de gratitud por lo que hiciste y haces para que acabe de una buena vez el reino de los señores de la tierra y sus siervos. Después de las tomas de tierras y las reformas agrarias, otro es el rostro de Perú. la que puse en su meollo, en el medio mismo de su corriente.
Felizmente uno, uno solo, lo descubrió y lo proclamó, muy claramente.
¿Y despué hermano? ¿No fuiste tú, tú mismo quien encabezó a esos «pulguientos» indios de hacienda, de los pisoteados el más pisoteado hombre de nuestro pueblo; de los asnos y los perros el más azotado, el escupido con el más sucio escupitajo?
Convirtiendo a esos en el más valeroso de los valientes, ¿no los fortaleciste, no acercaste su alma? Alzándoles el alma, el alma de piedra y de paloma que tenían, que estaba aguardando en lo más puro de la semilla del corazón de esos hombres, ¿no tomaste el Cuzco como me dices en tu carta, y desde la misma puerta de la catedral, clamando y apostrofando en quechua, no espantaste a los gamonales, no hiciste que se escondieran en sus huecos como si fueran pericotes muy enfermos de las tripas? Hiciste correr a esos hijos y protegidos del antiguo Cristo, del Cristo de plomo. Hermano, querido hermano, como yo, de rostro algo blanco, del más intenso corazón indio, lágrima, canto, baile, odio.
PRÓLOGO
La Historia es el relato de los sucesos. El historiador puede tener una opinión favorable o desfavorable de ellos, es su derecho; pero a lo que no tiene derecho es a ocultar acontecimientos sucedidos. No pretendo hacer un tratado de Historia, sino una apretada síntesis de acontecimientos importantes para el país que tuvieron lugar en la zona de los valles cusqueños de La Convención y Yanatile, acontecimientos forjados por los heroicos campesinos sirvientes de haciendas. Es muy placentero para mí ver que los hijos de ellos, en lugar de cosechar café y coca, descalzos, llegaron a ser médicos, ingenieros, contadores, etc.
Una visión mía más amplia sobre el tema se puede encontrar en el libro «Tierra o Muerte» que escribí en la isla prisión de «El Frontón» y que fue publicada en castellano por la editorial mexicana «Siglo XXI» en tres ediciones, en inglés lo publicó «Pathfinder» en dos ediciones, en sueco lo hizo «Forum», también fue editada en portugués y japonés.
Posteriormente me ocupé de eso en mi libro «Nosotros los Indios» y en muchos otros escritos.
Edité un folleto dedicado a la juventud de la zona donde se inició la «Reforma Agraria». Un compañero norteño me indicó que debía reeditarlo para todo el campesinado del país. Este es el producto de esa adaptación mejorada.
Algo que los sectores dominantes temen mucho es que el movimiento popular conozca la verdadera Historia, cómo las transformaciones sociales a favor de los pueblos son fruto de de la lucha de ellos y no, como pretenden hacernos creer, obra de personajes o producidos por las «leyes» sacadas por el poder.
Citamos dos ejemplos modernos:
1.- Las Rondas Campesinas.
Surgieron en las provincias cajamarquinas de Chota y Bambamarca, creadas por el campesinado de la zona, harto del abigeato o robo de ganado perpetrado con la complicidad y a veces dirección del corrupto Poder Judicial y de la no menos corrupta policía. Brotaron como organizaciones conformadas por los propios campesinos para la vigilancia contra los mencionados robos.
En un inicio eran fieramente condenadas por las esferas oficiales y la prensa a su servicio, las señalaban como bandas usurpadoras de funciones y perpetradoras de secuestros. El sistema las contrarrestó encarcelando a los ronderos. Sin embargo, como las rondas fueron eficaces contra el abigeato, a pesar de la represión se extendieron, primero por todo el departamento de Cajamarca
y luego por costa y sierra norteñas.
El parlamento se vio obligado a legislar al respecto y luego a mejorar la ley. Ahora existe el reconocimiento legal de ellas, son calificadas como organismos independientes que tienen facultad de ejercer la justicia en niveles inferiores y gozan de las ventajas que en la legislación tienen las comunidades indígenas.
2.-El segundo ejemplo es el llamado «presupuesto participativo» de los municipios.
Antes era el Consejo Municipal, fundamentalmente el alcalde, quien a su capricho disponía de los dineros del municipio.
La población indígena del distrito de Limatambo, provincia de Anta, Cusco, de acuerdo con el alcalde Wilbert Rozas, dispusieron que no fuera así, que eran las comunidades indígenas y la población urbana organizada quienes tenían el derecho de elaborar el presupuesto y vigilar su ejecución.
Esto tuvo que ser recogido por el parlamento que reconoció por ley el «presupuesto participativo» aunque poniendo muchas trabas legales que impiden una práctica real de la soberanía popular en la gestión municipal.
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Eso mismo sucedió con la llamada «Reforma Agraria», que sólo fue redistribución de la tierra, puesto que una verdadera Reforma Agraria debe incluir educación agropecuaria, dotación de semillas y fertilizantes, planificación de la producción al servicio de la población, créditos, comercialización, etc.
Aún ahora, luego de los retrocesos posteriores, el Perú continúa siendo el país con más porcentaje de propietarios rurales del continente.
¿Qué nos dice la versión oficial?
Que fue el presidente Juan Velasco Alvarado el promotor de ella. Los de abajo piensan que para bien, los de arriba la condenan. Pero ambos coinciden en que la Reforma Agraria se debe a que Velasco dio la ley.
Me dicen que en el norte del país creen que fue el APRA quien terminó con las haciendas.
La razón de este folleto es demostrar que ambas son fábulas, que la «Reforma Agraria» se la debemos al movimiento campesino, no a ninguna personalidad ni a ningún partido.
Reconocemos que «la ley» la emitió Velasco, pero el derrumbe de la propiedad latifundista la llevó a cabo el propio campesinado.
La Historia no la hacen las «leyes» dadas por los de arriba, la forjan los pueblos con su lucha……….Rodrigo Montoya
LA PROPIEDAD DE LA TIERRA EN AMÉRICA Y EN EL PERÚ
En Abya Yala (el nombre indígena de nuestro continente que se conoce con el nombre de uno de sus invasores: América), no existía la propiedad de la tierra. La gente pertenecía a la tierra, no la tierra a la gente.
Fueron los invasores europeos quienes convirtieron la tierra en su propiedad. En un principio en el Perú bajo la forma de Encomiendas y Repartimientos en los que hacían trabajar gratuitamente a sus antiguos habitantes, quienes para mantenerse vivos y trabajando gozaban de la graciosa concesión de los latifundistas, de trabajar para sí un pequeño pedazo de tierra del latifundio.
Naturalmente a las poblaciones originales no les agradó el cambio, hubo innumerables rebeliones bañadas en sangre. A la que más se conoce es a la rebelión de Tupac Amaru II.
Luego vino la llamada «Revolución de la Independencia» que para la población originaria no significó ninguna independencia, pues a los repartimientos y encomiendas sucedieron las «haciendas» en las que los hijos de esta tierra debían seguir trabajando para los latifundistas o gamonales. A algunos generales de esa «Revolución de la Independencia» se les premió con haciendas con todo e «indios», que era el nombre que nos dieron a los naturales de esta tierra.
Esta situación subsistía a inicios de la década del 60 del siglo pasado en todo el Perú.
Las comunidades indígenas sobrevivían heroicamente en el país de haciendas, aunque arrinconadas a las peores tierras.
Así lo determinaba la «ley» que no la hacen los pueblos sino sus opresores.
LA CONVENCIÓN Y YANATILE INVASIÓN Y OPRESION AL CAMPESINADO
Hacendados y arrendires
La zona estuvo poblada por nativos, al parecer fundamentalmente machiguengas y huachipaires.
Comenzó a ser invadida por los herederos de los invasores europeos, hacendados a quienes el gobierno de los opresores, prácticamente les regalaba las tierras en calidad de «denuncios» para «colonizar», a diez centavos de sol la hectárea. Ellos tomaban más hectáreas de las que les eran concedidas. Por ejemplo, las propiedades de los Romainville abarcaban desde el Vilcanota hasta el Apurímac, más territorio que algunos estados europeos. Como los habitantes de la zona no estaban dispuestos a trabajar para los hacendados y para mantener su libertad se vieron obligados a replegarse al interior de la selva, los hacendados trajeron campesinos de la sierra para explotarlos, haciéndoles trabajar para ellos a cambio de darles el derecho a cultivar para sí una parcela de tierra, a la que se denominó «arriendo» y al campesino que la ocupaba «arrendire».
El arrendire estaba obligado a trabajar determinado número de días de «condición» para la hacienda, además, él, su mujer y sus hijos estaban obligados a trabajar en la cosecha o «palla». Adicionalmente tenían que trabajar en obras o construcciones en beneficio de la hacienda.
Había la «maquipura», que era la obligación del arrendire a pagar el jornal de un día de trabajo de un grupo para beneficio del hacendado.
El trabajo era de 6 a 6 y los campesinos debían levantarse a las 4 o antes para llegar al trabajo, las mujeres antes, para preparar la comida.
Si un campesino por alguna razón de salud o quehacer urgente faltaba al trabajo, por orden del patrón se le arrebataba, ingresando a su domicilio, herramientas u otras prendas. Los hacendados violaban a las mujeres e hijas de los campesinos cuando les daba la gana. El hacendado Márquez de San Lorenzo hacía arrojar al río a los hijos que tenía en las campesinas.
En algunas haciendas había calabozos. El hacendado maltrataba físicamente a los campesinos.
Alfredo Romainville hizo colgar desnudo, de brazos y piernas, a un campesino para azotarlo. En otra ocasión hizo poner a un campesino de cuatro pies, le hizo cargar 6 arrobas de café y a fuetazos le hizo caminar alrededor de una explanada («matucancha»), así, de cuatro pies.
El hacendado Antonio Vitorino del valle de Lares (hoy Yanatile) tenía monedas acuñadas con sus iniciales, con las que pagaba a los campesinos por los trabajos extras, con esas monedas sólo podían comprar en su tienda a precios exorbitantes.
En general los hacendados no aceptaban campesinos que supieran leer y escribir.
Cuando Romainville se enteró de que un campesino había contratado una maestra para que enseñara a sus hijos y los de su vecino, abofeteó al campesino y llevó a la maestra como su cocinera. Dalmiro Casafranca hizo asesinar impunemente al dirigente Erasmo Zúñiga.
Ni varios tomos serían suficientes para enumerar los abusos de los hacendados. La ley reconocía el derecho a la tierra de éstos y la forma de opresión al campesino no estaba legislada, dependía de la crueldad y de la imaginación del hacendado, latifundista o gamonal. Si algún campesino se quejaba a la Justicia, quien iba a la cárcel era él.
Allegados
En vista de que el tiempo no le alcanzaba al arrendire para trabajar su chacra y la del patrón, se veía obligado a tomar «allegados», que eran campesinos a quienes daba parcelas pequeñas del terreno que le había dado el patrón, con la obligación de que ellos trabajaran dos o tres días para él. En la práctica los allegados trabajaban para el hacendado en nombre del arrendire. A veces el abuso del hacendado hacía que impusiera obligaciones directas al allegado, porque «tomaba el agua, usaba la leña y los caminos de la hacienda».
Hay quienes dicen que el verdadero explotador era el arrendire; esto es falso, pues la suma de las obligaciones de los allegados no alcanzaba a cubrir las del arrendire, prueba de ello es que cuando se iniciaron las «huelgas», el cese del trabajo del arrendire para el patrón y el cese del trabajo del allegado para el arrendire, esto fue bien visto por la gran mayoría de arrendires. Era excepcional el caso de que la suma de la cantidad de días que tenían obligación de trabajar los allegados para el arrendire sobrepasara la cantidad de días que el arrendire debía trabajar para el hacendado.
Habilitados
Eran campesinos que vivían y trabajaban en la sierra, en especial comuneros, que iban temporalmente a trabajar a la zona, generalmente en época de cosecha, eran asalariados agrícolas. Algunos de ellos se quedaban permanentemente, estos, en general, se convertían en allegados.
Los habilitados no tenían un interés directo en nuestra lucha por la tierra, puesto que no obtendrían beneficio, sin embargo he conocido heroicos compañeros que participaron valientemente en una lucha que no les iba a beneficiar. Los obreros agrícolas siguen existiendo en la zona, generalmente temporarios.
Otro clima
El sufrimiento por el cambio de clima de los inmigrantes serranos era indecible: Se encontraban en un ambiente extraño y hostil, con enfermedades ignoradas por ellos, no conocían la vegetación de la zona y no sabían utilizarla como medicina, lo que sí sabían los nativos selváticos. Especialmente las mujeres usaban la ropa serrana apta para el frío y no para el calor de la zona. Estaban acostumbrados a la comida serrana, la que extrañaban, con el poco dinero que tenían compraban productos serranos más caros que sus equivalentes nativos. En ese clima inhóspito para ellos debían realizar un trabajo muy rudo, la tala del bosque para convertir la tierra en cultivable.
Fue inevitable la gran mortandad que produjo el paludismo en la zona.
Así sufrieron abuelos, bisabuelos y tatarabuelos de los actuales jóvenes convencianos.
Los cultivos serranos (papa, maíz, trigo, haba, arveja, oca, año, olluco, quinua, tarwi o chochos) se cosechan a pocos meses de haberlos sembrado. En cambio los cultivos que interesaban tanto a hacendados como a campesinos en la zona cálida se cosechan años después de haberlos sembrado, aunque tienen la ventaja de ser plantas permanentes (café, cacao, té, coca, achiote, naranja, palta) y no hay que sembrarlas cada año.
Esto producía años de hambre y necesidad en los que el campesino debía alimentarse del desabrido maíz tropical, de yuca, uncucha y otros productos anuales que proveen fundamentalmente de hidratos de carbono, pero no de proteínas, vitaminas ni minerales.
Los serranos venidos a la zona éramos denominados «upichus», pálidos y esmirriados por las causas mencionadas.
Ahora la población es diferente, ya es nacida en la zona, conoce más de la naturaleza, se viste en forma apropiada al clima. Y sobre todo se nota el impulso a la economía en general y el mejoramiento del nivel de vida, desde que la tierra es de quien la trabaja, conquista que fue lograda por el campesinado oprimido a través de una larga y tenaz lucha.
Los «desahucios»
Además de todos los abusos cometidos por los hacendados contra los campesinos relatados más arriba, había uno muy grave: los llamados desahucios.
Luego de que el arrendire, con todas las privaciones y sufrimientos relatados, después de tres o cuatro años de sacrificado trabajo, comenzaba a disfrutar de las plantaciones permanentes que tanto esfuerzo le había costado cultivar en el poco tiempo que le dejaba el trabajo gratuito para la hacienda, el hacendado lo expulsaba del arriendo quedándose con todas las plantaciones sin pagar un centavo por ellas.
Esto hacía el patrón por medio del llamado «juicio de desahucio», usando al Poder Judicial que estaba a su servicio, obtenía una sentencia favorable para expulsar al arrendire. Otras veces bastaba el acto prepotente del hacendado sin mediar un juicio.
Precisamente por este tipo de abusos, campesinos desesperados ante el atropello que de un plumazo barría con el sacrificio de años, se vieron impulsados a hacer justicia con su propia mano y mataron al gamonal Pedro Duque de la hacienda San Pedro. Los hacendados encabezados por Valentín Paniagua, padre del ex-presidente, hicieron circular un memorial para que los campesinos fuesen ejecutados, lo que hubieran conseguido.
Afortunadamente para entonces ya existía nuestra Federación, la que manifestó que aunque el método del movimiento sindical no era matar hacendados, comprendía la desesperación de los campesinos atropellados que no contaban aún con sindicato ni Federación cuando ejecutaron al hacendado y que si la sentencia era de muerte, nuestra Federación iba a realizar una huelga. Los jueces, temerosos de la Federación se abstuvieron de dar la sentencia de muerte.
Luego veremos cómo el movimiento sindical acabó con los desahucios.
SINDICALIZACIÓN EN LA CONVENCIÓN
Asesorados por la Federación de Trabajadores del Cusco (FDTC), fundamentalmente artesanal, no industrial, comenzaron a surgir sindicatos campesinos en el departamento, al parecer en la década del 50, algunos posiblemente antes. El primero en La Convención fue el de Maranura.
Los sindicatos fueron reconocidos difícilmente. Tenían la función de elaborar un pliego de reclamos para discutirlo legalmente con los hacendados con intermediación de las respectivas autoridades.
Esto sólo ya fue un gran avance para el campesinado, que mediante su sindicato comenzaba a contrarrestar los impunes abusos de los hacendados:
Se obtenía la rebaja de los días de condición y de los días de palla, se conseguía que se aplicara la ley del trabajo de 8 horas, se lograba abolir los otros tipos de trabajo para el hacendado. En suma se conseguía anular todos los abusos extras mencionados, además de la «condición» y la «palla». En esta lucha los sindicatos eran asesorados por la Federación de Trabajadores del Cusco y por el cuerpo de abogados que eran los asesores legales de ésta. Fue una etapa heroica si consideramos que la fuerza no era mucha pues había muy pocos sindicatos. En esta lucha ha sido mínima mi participación, pero reconozco que sin esta etapa hubiera sido imposible la posterior lucha por la tierra cuando estas acciones impulsaron la organización de más sindicatos y ya fuimos fuertes.
No todos los sindicatos pudieron discutir sus pliegos, había hacendados como Romainville quienes simplemente se negaban a reconocer al sindicato, su respuesta era «¿A quién se le ocurre la locura de que voy a discutir con mis indios la forma en que ellos deben servirme? ¡Lo que hay que hacer es mandar a los cabecillas a la cárcel!». Y por supuesto le era fácil hacer esto pues tenía en su bolsillo al Poder Judicial y a la policía.
Hizo encarcelar a los tres dirigentes del Sindicato de Chaupimayo. Cuando los sindicatos llegaron a 8 se organizó, siempre con la asesoría de la FDTC y sus asesores, la Federación Provincial de Campesinos de La Convención y Lares (FEPCACYL), entonces no existía el actual distrito de Yanatile y los sindicatos de esa zona pertenecían al distrito de Lares, provincia de Calca.
Esto fue un gran paso adelante. Comenzó la realización de los «paros» que consistían en la paralización de toda actividad rural y urbana a nivel provincial, con lo que el campesinado podía constatar su propia fuerza, lo que también era notado, con simpatía u hostilidad, por la población urbana.
En general la clase media urbana estaba del lado de los hacendados contra los «indios igualados». Por muy pobre que fuese una persona, se enorgullecía de ser «amigo de chupa» de un hacendado y naturalmente se ponía de su parte contra «los indios». Sin embargo, cuando los profesores se organizaron y pidieron nuestro apoyo para su paro, con todo gusto les aceptamos y se realizó un paro contundente que paralizó toda actividad a nivel provincial. Desde ese momento el resto de la clase media urbana saludaba a los maestros llamándoles «¡Hola campesino!».
También fueron importantes los mítines, con asistencia de multitud campesina, en los que la población indígena expresaba su sentir en quechua, enrostrando sus verdades a los hacendados y sus autoridades serviles. Un factor más de fortalecimiento fue el proceso de organización del campesinado de la sierra del departamento con la posterior organización de la Federación Departamental de Campesinos del Cusco (FDCC), que implicaba la realización de mítines en la ciudad del Cusco, lo que naturalmente elevaba la moral del campesinado que por altoparlantes decía verdades en quechua que nunca habían sido dichas en castellano.
Todo ello incidió en el rápido crecimiento de la FEPCACYL, lo que produjo su fortalecimiento y la radicalización de sus luchas.
Con paros, mítines, huelgas de hambre, se conseguía la libertad de los dirigentes presos.
FIN DE LOS DESAHUCIOS
Un valioso triunfo contra la ley de los patrones fue la abolición de los desahucios.
Un paso importante fue el acuerdo público de la Federación de respaldar al compañero Vega Caboy de Aranjuez a quien había ganado en la Corte Suprema el hacendado asesino Dalmiro Casafranca. Cuando éste pretendió hacer ejecutar el desahucio no consiguió el apoyo de la policía y ningún juez se atrevió a enfrentarse con la Federación. Por primera vez se escuchó de boca de un hacendado algo que era usual oír de los campesinos: «¡Para mí no hay justicia en este país!». Tuvo que transigir y vendió a Vega la tierra del arriendo.
Posteriormente, cuando el compañero Loayza, Secretario General del pequeño sindicato Phaqchaq Grande iba a ser desalojado, las compañeras trabajadoras del mercado que estaban afiliadas a nuestra Federación, se dirigieron rápidamente al lugar del desalojo que estaba siendo efectuado por la policía y lo frustraron.
A mi sindicato, Chaupimayo, fueron policías a efectuar desahucios ordenados por el juzgado contra dirigentes que estaban fugitivos. Fueron a casa del Secretario General Andrés González y comenzaron a sacar de ella las pertenencias de la familia. A medida que sacaban las cosas por la puerta la gente reunida las metía por la ventana, de modo que nunca terminaba el desalojo, la policía temía reprimir con violencia pues estaba muy lejos de la carretera. El contingente policial optó por sentar un acta manifestando que fue imposible realizar el desahucio.
Luego la policía fue al domicilio del compañero Carmen Candia, les esperaba su pareja en la puerta de la casa con un palo en la mano y les dijo en quechua «¡Vamos a ver quién se atreve a entrar en mi casa! ¡Con este palo le voy a romper la cabeza!». Los policías le explicaron pacientemente en castellano: «Señora, el señor Romainville ha ganado el juicio de desahucio». Ella contestó «¡Esta casa no la ha construido ese sordo, yo y mi marido la hemos hecho!». Los policías le dijeron «Señora, el juez ha ordenado el desahucio», ella respondió «¡Qué tiene que hacer el juez en esta casa si ni la conoce!». Con paciencia le argumentaron «Señora, la ley manda que cuando el juez ordena se realice el desahucio».
La compañera contestó «¡Yo no sé hablar castellano y menos escribir, no tengo que hacer nada con la ley, lo único que digo es que si alguien pretende entrar en mi casa le rompo la cabeza con este palo!».
Naturalmente bastaba un culatazo para tumbarla, pero estábamos ahí una multitud de campesinos y sabían que detrás de nosotros se encontraba la Federación, de modo que optaron por sentar un acta manifestando que no fue posible realizar el desahucio y se retiraron.
Inmediatamente realizamos una asamblea, pedimos «Que levanten la mano quienes tengan juicio de desahucio», lo hicieron varios compañeros. Les dijimos: «Abandonen esos juicios, dejen de gastar vuestro tiempo y dinero en ellos, que Romanville gane todos los juicios de desahucio que quiera, así como ahora hemos frustrado dos desahucios, vamos a frustrar todos los otros.»
Los jueces se avergonzaron de ordenar desahucios que no podían efectuarse, comenzaron a sentenciar en contra de ellos, luego el parlamento también se avergonzó y prohibió los juicios de desahucio.
La verdad es que ni los jueces ni el parlamento se sentían capaces de vencer la resistencia campesina, fue nuestra organización la que determinó la anulación de los desahucios, pacífica y democráticamente, con la organización no teníamos necesidad de reaccionar como lo hicieron los aislados compañeros de la hacienda San Pedro que mataron al hacendado Duque.
HUELGA: VERDADERO INICIO DE LA REFORMA AGRARIA
Los paros consistían en la paralización impuesta por la organización campesina, por uno o dos días, de toda actividad urbana y rural en la provincia.
La huelga consistía en no concurrir al trabajo de la hacienda, suspensión de la obligación de hacer «condiciones» y «palla» por parte del arrendire al hacendado y por parte del allegado hacia el arrendire.
Las primeras huelgas se efectuaron en los sindicatos de Chaupimayo A y de Masapata en La Convención y de Chancamayo en el actual Yanatile.
En Chaupimayo la causa fue la negativa del patrón a discutir el pliego de reclamos del sindicato mientras otros sindicatos ya habían firmado pactos de arreglo con los hacendados.
Hubo una huelga general, creo que de dos meses, de solidaridad con los campesinos del departamento de Pasco que fueron masacrados por el gobierno en defensa de la empresa norteamericana Cerro de Pasco Cooper Corporation que les arrebató sus tierras. Luego de levantada ésta, la huelga continuó en las haciendas que se negaron a reconocerla y que cobraron los días de condición relativos a ellas, uno de éstos fue Qollpani Chico.
La huelga de Chaupimayo duró nueve meses, lo que alarmaba a nuestros amigos obreros o empleados de la ciudad pues una huelga tan larga sería suicida para ellos ya que estarían sin ganar salarios o sueldos durante ese tiempo. Para el arrendire y el allegado era diferente, no sufrían la huelga sino disfrutaban de ella pues tenían todo ese tiempo para trabajar sus propias parcelas.
A los nueve meses convocamos a una asamblea en la que declaramos que como una huelga no debía durar tanto, ese día terminaba la huelga y se iniciaba la Reforma Agraria, que los arrendires ya no volverían a trabajar para los hacendados ni los allegados para los arrendires. Que la huelga la habíamos hecho pidiendo que el hacendado hablara con nosotros, ya que él no quiso hablar, a partir de ese día, aunque él quisiese hablar, nosotros ya no teníamos nada que hablar con él, desde ese momento la tierra era de quien la trabajaba. «Manan maymantapas hamuranchu hacendaduqa allpa rijrayusqa» («De ninguna parte vino el hacendado con la tierra al hombro»).
En la práctica no varió nada con esta declaración, sólo fue un cambio de nombre que hacía explícita la Reforma Agraria, pero elevaba la conciencia campesina. En los otros sindicatos siguió llamándose huelga.
Esos acontecimientos fueron un fuerte impulso a la sindicalización en la zona. Teníamos un abogado especial para ello, el doctor Estenio Pacheco.
Mientras que los anteriores pliegos de reclamos presentaban pedidos que pudiesen ser aceptados por los patrones (lo que se explica por la debilidad del movimiento en su inicio), en la época de las huelgas el compañero Estenio presentaba pliegos que fueran rechazados por los hacendados, ante ese rechazo el sindicato se declaraba en huelga. Luego ya no fueron necesarios pliegos, en los muchos sindicatos que a pedido de los compañeros fui a organizar, en la asamblea de fundación se decidía no trabajar ya para el hacendado. Los sindicatos se extendieron como una mancha de aceite, luego me enteré que muy al interior se formaron sindicatos sin contacto con la Federación, que suspendieron el trabajo para las haciendas.
En 1962 el gobierno golpista de Pérez Godoy dio una ley de Reforma Agraria que no pensaba aplicar, frente a ello la Federación decretó la huelga general hasta que se aplicara la ley. Eran más de 100 haciendas en la zona donde ya no se trabajaba para los hacendados. En realidad ya era la Reforma Agraria aunque no con ese nombre.
AUTODEFENSA
Se entiende la furia de los hacendados ante la extensión de la Reforma Agraria con el nombre de «huelga». Pedían furiosamente la intervención de la represión para «poner orden». Algunos de ellos comenzaron a andar armados y disparar tiros al aire amenazando matar a los «indios ladrones».
Los compañeros amenazados fueron a quejarse a la Federación, los dirigentes les aconsejaron ir a denunciar al puesto de la Guardia Civil.
Hicieron eso y recibieron la respuesta «¡Indios sinvergüenzas, le están robando la tierra al caballero y todavía tienen cara de venir a quejarse, él tiene derecho a matarles como a perros!». Los compañeros regresaron a la Federación a comunicar la respuesta, la indignación fue general. Pedí la palabra y dije: «Compañeros, ¿Qué vamos a hacer? Los hacendados amenazan matarnos y cuando vamos a la policía ella nos responde en esta forma. Lo único que nos queda es prepararnos para defendernos nosotros mismos del ataque armado.» Uno de los dirigentes dijo: «Hay el peligro de que si nos armamos de borrachos nos disparemos entre nosotros». Contesté: «Tiene razón el compañero, para que no suceda eso hagámoslo en forma organizada, formemos comités de autodefensa». No hubo objeción, se aprobó la proposición de organizar comités de autodefensa por unanimidad. También por unanimidad me nombraron como encargado de organizar dicha autodefensa. Algunos compañeros sabían que en Chaupimayo que era el sindicato más amenazado ya estábamos preparando la autodefensa.
Luego la amenaza de ataque no fue sólo la de los hacendados sino de su gobierno que decidió aplastar el movimiento democrático y pacífico de los campesinos por la violencia. El jefe nacional de la Guardia Civil, Humberto Quea, manifestó con toda claridad: «Primero aplastaremos el movimiento de las provincias serranas (donde existía pero era débil), luego atacaremos a la provincia y culminaremos aplastando a Chaupimayo».
Como había orden de captura para mí, tuve que recluirme en Chaupimayo, ahí cumplía el encargo de la Federación de entrenar a los grupos de autodefensa, éramos concientes de que ésta tendría que enfrentarse a la represión gubernamental. Venían compañeros de los sindicatos de La Convención y del hoy valle de Yanatile.
La policía comenzó a cumplir su amenaza, reprimieron el movimiento del sector serrano del Cusco, en un mitin en la capital del departamento asesinaron al compañero Remigio Huamán, cuyo nombre adoptó nuestro posterior grupo armado. Luego arremetieron contra La Convención, prohibieron las asambleas de la Federación y disolvían a culatazos las asambleas sindicales. Los sindicatos se vieron obligados a reunirse en la clandestinidad, algunos sindicatos juntaban sus asambleas.
Como una expresión de la represión gubernamental y de los hacendados, en la hacienda Qayara de Vilcabamba, el hacendado Pillco y un guardia civil buscaron al anciano Tiburcio Bolaños, Secretario General; como no lo encontraron, el hacendado pidió el arma que tenía el guardia y en presencia de él la disparó de un metro de distancia para quebrar el brazo de un niño de 11 años. El compañero Tiburcio vino a consultarme a quién quejarse, le dije que todas las autoridades estaban contra nosotros, que debía hacerlo a la asamblea. Estaban reunidos 4 sindicatos:
Chaupimayo, Paltatbamba, Qochapampa y Limonpata. En vista de que el régimen en su conjunto estaba envuelto en la represión, la asamblea entendió que sería tonto pretender justicia por los canales oficiales y decidió mandar una comisión para que pidiera cuentas al hacendado por su crimen, acordando que en vista del lenguaje que usaba el hacendado la comisión debiera ir armada.
La asamblea me encomendó la tarea de dirigir el grupo y elegir a mis acompañantes ya que por el cargo que me había encomendado la Federación conocía a los compañeros aptos para ese trabajo. Formamos un grupo numeroso aunque la mayoría no tenía armas, la mayor parte fueron compañeros de Qochapampa, el resto eran de Chaupimayo, Q´ellomayo, Paltaybamba, San Pedro, Phaqchaq Grande, Potrero, etc.
Debíamos eludir dos puestos policiales para llegar a la hacienda Qayara. Logramos eludir el primero, el segundo ya no nos fue posible, ya nos habían delatado, como no queríamos que nos agarren por la espalda entramos al puesto, relatamos al policía que encontramos ahí el objeto de nuestro viaje y le intimamos rendición. No quiso rendirse y metió la mano al bolsillo para sacar el arma, disparé, alcanzó a sacar el arma pero ya cayendo, su disparo fue al techo, si me demoraba un segundo era yo el muerto. Posteriormente nos enteramos de que había sido él quien dio el arma al hacendado y sin protestar vio cómo éste hería al niño, entendimos que no quiso rendirse porque tenía la conciencia sucia.
Dispararon desde otra habitación, salimos del puesto y lo rodeamos, no sabíamos cuántos guardias quedaban adentro. Luego del tiroteo se rindió un guardia, constatamos que no había más.
Nosotros somos combatientes limpios, de modo que al guardia rendido no lo tocamos, le acompañamos a levantar al herido y trajimos al sanitario (enfermero) a quien ofrecimos nuestras medicinas de primeros auxilios, como estábamos en un poblado y había suficiente gente que lo ayudara, nos retiramos, sabiendo que desde ese momento nos perseguirían para matarnos. Antes de retirarme me presente al guardia que estaba sano diciéndole que era yo quien disparó, para que no culparan a otros sindicalistas.
Subrayo que a diferencia de grupos armados posteriores, el nuestro no estaba comandado por un partido o grupo político, fue la asamblea de la Federación quien me dio la tarea de organizar la autodefensa. Una vez disuelta la Federación por el gobierno, fue una asamblea de cuatro sindicatos la que nos ordenó entrar en acción. Por lo tanto actuamos en forma estrictamente disciplinada a las organizaciones campesinas.
Nos llamaron guerrilla, si con ese término se entiende un grupo armado móvil, sí, fuimos eso. Pero nuestra esencia era, como nos autodenominamos entonces «brigada sindical de defensa Remigio Huamán».
Ya no podíamos ir a la hacienda después de lo sucedido, necesitábamos más armas, hicimos una emboscada a policías, di orden de no disparar para intimarles rendición y desarmarles, desgraciadamente la impericia de mis compañeros hizo que los mataran. A diferencia de los opresores, como Pinochet, Alan o Fujimori, que culpan de las muertes a sus subordinados, yo me inculpé por esas muertes pues era quien comandaba el grupo. Ahora, como el caso fue amnistiado, ya puedo decir que yo no fui.
En nuestro recorrido nos llamaron para organizar un sindicato y los compañeros campesinos nos alimentaban y nos alojaban. Luego fuimos dispersados por un ataque.
Después de algún tiempo la policía de investigaciones detectó dónde estaba yo y me capturó. Como había gran rivalidad entre la Guardia Civil (GC) y la Policía de Investigaciones del Perú (PIP), puesto que la GC tenía orden de capturarme muerto, la PIP tenía orden de capturarme vivo, como fue esta última la que me capturó, aún estoy vivo. A De la Puente y al Che Guevara los agarraron vivos y los asesinaron.
Mientras nosotros estuvimos eludiendo la represión la policía asesinó cobardemente a muchos compañeros desarmados.
LEYES DE REFORMA AGRARIA
La represión disolvió el grupo armado pero quedó amedrentada, pensó: «Si estos indios se han levantado en armas cuando estábamos comenzando la represión, La Convención ha de arder cuando les obliguemos a que vuelvan a trabajar para los hacendados lo que durante mucho tiempo ya no hacen.
Mejor dejemos la tierra en sus manos como ahora está, con el nombre de aplicación de la Reforma Agraria, pero por supuesto sólo en esta zona».
Así lo hicieron, en la ley se señalaba que había un «mínimo de tierra inafectable», eso se cumplió en haciendas como Potrero y Aranjuez que se avinieron a la ley, en las otras como Chaupimayo, Huadquiña, Cochapampa, Paltaybamba, Huyro, etc., no dejamos ni un centímetro no afectado, no era la ley de los patrones la que aplicamos sino nuestra propia Reforma Agraria.
Años después, en época del primer gobierno de Belaúnde, nuestros hermanos campesinos de varios lugares del Perú desarrollaron tomas de tierras de las haciendas, con toda razón decían «A los de La Convención les han dado las tierras porque han agarrado las armas y a nosotros nada».
Belaúnde hacía meter bala a los campesinos, pero continuaban las tomas de tierra, además se produjeron las guerrillas del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN). Los militares se preocuparon, decidieron tomar el poder ellos y hacer en todo el Perú lo que habían hecho al principio de la década del 60 en La Convención. Tomaron el poder con Velasco en 1968 e hicieron la Reforma Agraria en el resto del Perú a los 8 meses, en junio de 1969.
Como preveíamos en la Confederación Campesina del Perú, Velasco hizo reformas que no satisficieron al campesinado, en algunos lugares entregó la tierra a las comunidades, en otros no, en lugar de hacer eso fabricó gigantescas cooperativas, Sociedad Agrícola de Interés Social (SAIS), burocratizadas, que trabajaban en provecho de pocos funcionaros.
Luego de tres exilios me tocó participar en la toma de tierras de las SAIS efectuada por los comuneros de Puno, durante el primer período de Alan García, recuperamos un millón doscientas cincuenta mil hectáreas para las comunidades.
EL PROCESO
Una aberración jurídica que hay en el Perú es la existencia del Fuero Militar en que se juzga a los civiles, la represión es juez y parte, además los procesos son inapelables a la Corte Suprema, de modo que existen dos cortes supremas, la denominada con ese nombre y el Consejo de Oficiales Generales.
En nuestro caso se cometió una serie de irregularidades adicionales: Inicialmente se me llevó a un cuartel, no a una cárcel. Durante años estuve incomunicado en forma casi absoluta. A mis compañeros los trasladaron a la cárcel de Lampa, Puno. No se realizó la reconstrucción de los hechos. En la audiencia no estuvieron los testigos: el policía que quedó vivo ni el sanitario. La Audiencia se realizó a cuatro años de los sucesos. No se efectuó el Cusco como lo indica la ley, etc.
La oficialidad desconfía tanto de la tropa que durante el mes que estuve en el Cusco cambiaron dos veces el cuerpo de policía que me custodiaba.
Posteriormente en Arequipa, donde me tuvieron incomunicado, con los guardias sacábamos un boletín, «El Guardia», que hablaba de los abusos e irregularidades de la oficialidad.
Hubo tres cambios, dieron de baja a dos guardias, a una de las guarniciones la mandaron a la prisión de la policía en Lima. Los oficiales temían la audiencia que debía ser pública, por eso me mandaron un emisario. Se produjo el siguiente diálogo:
- Usted está entre la pena de muerte y los 25 años.
- Lo sé, mi abogado me lo informó.
- Hay una probabilidad de que se salve.
- ¿Cuál?
- Usted se hace el enfermo, nosotros ratificamos que lo está y lo deportamos al país que usted elija.
- No gracias, gozo de perfecta salud.
Aceptar la oferta habría sido doble traición, en primer lugar hubiera perdido la oportunidad de desenmascarar ante el público el rol servil a los crueles hacendados que desempeñaba la policía. En segundo lugar hubiera sido una traición a mis compañeros, pues mientras que yo que estuve en el mando hubiese estado libre en el exilio, ellos, que estuvieron bajo mi mando continuarían presos.
Durante los tres años que estuvimos separados la represión les repetía a mis compañeros que lo único que tenían que decir ellos para quedar libres era: «Somos campesinos analfabetos, hemos sido engañados por el comunista Hugo Blanco». Ninguno dijo eso, todos ellos denunciaron el abuso de los hacendados y hablaron bien de mí. Al contrario, cuando en la audiencia yo gritaba «¡Tierra o Muerte!», ellos contestaban «¡Venceremos!» como cuando estábamos en el grupo armado.
La audiencia se realizó en Tacna, el tribunal estaba compuesto por generales de policía. El régimen había hecho intensa propaganda de que iba a juzgar a «los criminales», por eso una vez abierta la audiencia me paré y grité «¡Los únicos criminales que hay en esta sala son quienes están sentados como tribunal! Además de criminales son cobardes porque no van ellos a combatirnos, mandan a cholitos como nosotros para que nos matemos entre pobres».
Luego, cuando me tocó declarar dijeron: «Acá no hemos venido a discutir posiciones políticas sino a tratar hechos concretos». Por lo tanto me reduje a hablar de hechos concretos de acuerdo con mi abogado. Él me preguntó qué le había dicho al compañero Tiburcio cuando me consultó a qué autoridad debía quejarse. Aproveché la respuesta para hablar extensamente de la corrupción del Poder Judicial, no podían pararme porque hablaba del hecho concreto de qué le había dicho al compañero.
Otra pregunta que me hizo fue qué le había dicho al guardia que se rindió. Ahí aproveché para hablar extensamente de la oficialidad de la Guardia Civil, exponiendo que eran unos corruptos que engordaban bien pagados por los hacendados mientras los guardias mal pagados exponían su vida. Tampoco podían pararme porque eran hechos concretos: qué le dije al policía.
Mis compañeros y yo utilizamos la audiencia para educar al público de Tacna sobre la realidad del país.
Por último, mi abogado me informó que uno de los miembros del tribunal, el general Fernández Hernani había pedido para mí la pena de muerte. Cuando luego de terminar mi declaración me preguntaron, como es de ley, si tenía algo más que agregar, dije sí y manifesté: «Si los cambios sociales que han habido en La Convención merecen la pena de muerte, estoy de acuerdo con ella. ¡Pero que sea éste el que me fusile! (señalando a Fernández Hernani) ¡Que no manche con mi sangre las manos de los guardias civiles ni republicanos porque ellos son hijos del pueblo y por lo tanto mis hermanos!». En la sala había guardias republicanos que nos cuidaban a los presos y guardias civiles porque estábamos en un cuartel de la Guardia Civil.
Al último cuando grité «¡Tierra o Muerte!», no sólo mis compañeros, sino todo el público gritó «¡Venceremos!». Hicieron desalojar la sala.
Al día siguiente hubo una cola de dos cuadras para visitarnos, a cada persona sólo podíamos dar un abrazo. Fue un policía a visitarme pero no le dejaron pasar. A mí me tenían aislado, la fruta que llevaron a mis compañeros era tanta que repartieron entre todos los presos. Por todo eso con Tacna tengo una relación especial.
Nos trasladaron a la isla penal El Frontón: A mí, a Gerardo Carpio y Humberto Carazas de Qochapampa, José Zúñiga Letona y Emiliano Cernades de Paltaybamba, Aniceto Muñoz de Phaqchaq Grande y Lucio Beingolea de Potrero. Cuando estuvimos ahí se iba a realizar la audiencia en el Tribunal Supremo de Justicia Militar sin nuestra presencia. El fiscal había pedido la pena de muerte para mí, mis compañeros enviaron una carta al tribunal en que pedían que como no se podía individualizar las acciones a ellos también los ejecutaran.
De sentenciarme a muerte cabía la posibilidad de implorar al presidente Belaúnde que me perdonara la vida, por eso escribí a mis compañeros y familiares pidiendo que nadie se rebajase a solicitar eso a Belaúnde, si querían matarme que lo hicieran. En el mitin que hubo en la Plaza San Martín contra la pena de muerte, mi hermana hablando en nombre de la familia dijo que estaba de acuerdo con mi decisión.
Gracias a la campaña mundial contra la pena de muerte el Tribunal Supremo de Justicia Militar no se atrevió a decretarla, ratificó la pena siguiente que había sentenciado el tribunal de Tacna, 25 años.
Posteriormente cuando Velasco entró de presidente me envió una mensajera para manifestarme que si aceptaba trabajar con el gobierno me liberaba al día siguiente, rechacé la oferta, pues aunque apoyábamos su intención de hacer la Reforma Agraria podíamos estar en desacuerdo con la forma de realizarla. Sin embargo, como otros dos presos políticos aceptaron la oferta, nos liberó a todos pues de lo contrario la gente hubiera dicho que me mantenía preso porque no me vendí. Ya en libertad continuaban insistiendo que trabajara para el gobierno, contesté que lo haría si quienes decidían la forma de hacer la Reforma Agraria fueran los propios campesinos, como esto no les gusto, prohibieron salir de Lima y al poco tiempo me deportaron.
Conociendo esta historia afirmamos que la Reforma Agraria no la debemos a ningún individuo ni partido, tenemos que agradecer por ella al largo proceso de organización y lucha de miles de campesinos convencianos y a los campesinos del resto del Perú, que lucharon sacrificando muchas vidas.
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