lunes, 10 de agosto de 2009

CESAR Y SU TRILCE

César Vallejo (Perú, 1892-Paris, 1938) Trilce(1922)
I
Quién hace tanta bulla y ni deja Testar las islas que van quedando. Un poco más de consideraciónen cuanto será tarde, temprano, y se aquilatará mejorel guano, la simple calabrina tesóreaque brinda sin querer,en el insular corazón,salobre alcatraz, a cada hialóidea grupada. Un poco más de consideración,y el mantillo líquido, seis de la tarde DE LOS MÁS SOBERBIOS BEMOLES.Y la península párasepor la espalda, abozaleada, impertérritaen la línea mortal del equilibrio.
II
Tiempo Tiempo.Mediodía estancado entre relentes.Bomba aburrida del cuartel achicatiempo tiempo tiempo tiempo. Era Era.Gallos cancionan escarbando en vano.Boca del claro día que conjugaera era era era. Mañana Mañana.El reposo caliente aún de ser.Piensa el presente guárdame paramañana mañana mañana mañana Nombre Nombre.¿Qué se llama cuanto heriza nos?Se llama Lomismo que padecenombre nombre nombre nombrE.
III
Las personas mayores¿a qué hora volverán?Da las seis el ciego Santiago,y ya está muy oscuro. Madre dijo que no demoraría. Aguedita, Nativa, Miguel,cuidado con ir por ahí, por dondeacaban de pasar gangueando sus memoriasdobladoras penas,hacia el silencioso corral, y por dondelas gallinas que se están acostando todavía,se han espantado tanto.Mejor estemos aquí no más.Madre dijo que no demoraría. Ya no tengamos pena. Vamos viendolos barcos ¡el mío es más bonito de todos!con los cuales jugamos todo el santo día,sin pelearnos, como debe de ser:han quedado en el pozo de agua, listos,fletados de dulces para mañana. Aguardemos así, obedientes y sin másremedio, la vuelta, el desagraviode los mayores siempre delanterosdejándonos en casa a los pequeños,como si también nosotros no pudiésemos partir. Aguedita, Nativa, Miguel?Llamo, busco al tanteo en la oscuridad.No me vayan a haber dejado solo,y el único recluso sea yo.
IV
Rechinan dos carretas, contra los martilloshasta los lagrimales trifurcas,cuandonunca las hicimos nada.A aquella otra sí, desamada,amargurada bajo túnel camperopor lo uno, y sobre duras ájidaspruebas espiritivas. Tendime en són de tercera parte,mas la tarde —qué la bamos a hhazer—se anilla en mi cabeza, furiosamentea no querer dosificarse en madre. Son los anillos. Son los nupciales trópicos ya tascados.El alejarse, mejor que todo,rompe a Crisol. Aquel no haber descoloradopor nada. Lado al lado al destino y lloray llora. Toda la cancióncuadrada en tres silencios. Calor. Ovario. Casi transparencia.Háse llorado todo. Háse entero veladoen plena izquierda.
V
Grupo dicotiledón. Oberturandesde él petreles, propensiones de trinidad,finales que comienzan, ohs de ayescreyérase avaloriados de heterogeneidad.¡Grupo de los cotiledones! A ver. Aquello sea sin ser más.A ver. No trascienda hacia afuera,y piense en són de no ser escuchado,y crome y no sea visto.Y no glise en el gran colapso. La creada voz rebélase y no quiereser malla, ni amor.Los novios sean novios en eternidad.Pues no deis 1, que resonará al infinito.Y no deis 0, que callará tánto,hasta despertar y poner de pie al 1. Ah grupo bicardiaco.
VI
El traje que vestí mañanano lo ha lavado mi lavandera:lo lavaba en sus venas otilinas,en el chorro de su corazón, y hoy no hede preguntarme si yo dejabael traje turbio de injusticia. A hora que no hay quien vaya a las aguas,en mis falsillas encañonael lienzo para emplumar, y todas las cosasdel velador de tánto qué será de mí,todas no están míasa mi lado. Quedaron de su propiedad,fratesadas, selladas con su trigueña bondad. Y si supiera si ha de volver;y si supiera qué mañana entraráa entregarme las ropas lavadas, mi aquellalavandera del alma. Que mañana entrarásatisfecha, capulí de obrería, dichosade probar que sí sabe, que sí puede ¡CÓMO NO VA A PODER!azular y planchar todos los caos.
VII
Rumbé sin novedad por la veteada calleque yo me sé. Todo sin novedad,de veras. Y fondeé hacia cosas así,y fui pasado. Doblé la calle por la que rarasveces se pasa con bien, salidaheroica por la herida de aquellaesquina viva, nada a medias. Son los grandores,el grito aquel, la claridad de careo,la barreta sumersa en su función de ¡ya! Cuando la calle está ojerosa de puertas,y pregona desde descalzos atrilestrasmañanar las salvas en los dobles. Ahora hormigas minuterasse adentran dulzoradas, dormitadas, apenasdispuestas, y se baldan,quemadas pólvoras, altos de a 1921.
VIII
Mañana esotro día, algunavez hallaría para el hifalto poder,entrada eternal. Mañana algún día,sería la tienda chapadacon un par de pericardios, parejade carnívoros en celo. Bien puede afincar todo eso.Pero un mañana sin mañana,entre los aros de que enviudemos,margen de espejo habrádonde traspasaré mi propio frentehasta perder el ecoy quedar con el frente hacia la espalda.
IX
Vusco volvvver de golpe el golpe.Sus dos hojas anchas, su válvulaque se abre en suculenta recepciónde multiplicando a multiplicador,su condición excelente para el placer,todo avía verdad. Busco volvver de golpe el golpe.A su halago, enveto bolivarianas fragosidadesa treintidós cables y sus múltiples,se arrequintan pelo por pelosoberanos belfos, los dos tomos de la Obra,y no vivo entonces ausencia, ni al tacto. Fallo bolver de golpe el golpe.No ensillaremos jamás el toroso Vaveode egoísmo y de aquel ludir mortalde sábana,desque la mujer esta ¡cuánto pesa de general! Y hembra es el alma de la ausente.Y hembra es el alma mía.
X
Prístina y última piedra de infundadaventura, acaba de morircon alma y todo, octubre habitación y encinta.De tres meses de ausente y diez de dulce.Cómo el destino,mitrado monodáctilo, ríe. Cómo detrás desahucian juntasde contrarios. Cómo siempre asoma el guarismobajo la línea de todo avatar. Cómo escotan las ballenas a palomas.Cómo a su vez éstas dejan el picocubicado en tercera ala.Cómo arzonamos, cara a monótonas ancas. Se remolca diez meses hacia la decena,hacia otro más allá.Dos quedan por lo menos todavía en pañales.Y los tres meses de ausencia.Y los nueve de gestación. No hay ni una violencia.El paciente incorpórase,y sentado empavona tranquilas misturas.
XI
He encontrado a una niñaen la calle, y me ha abrazado.Equis, disertada, quien la halló y la halle,no la va a recordar. Esta niña es mi prima. Hoy, al tocarleel talle, mis manos han entrado en su edadcomo en par de mal rebocados sepulcros.Y por la misma desolación marchóse, delta al sol tenebloso, trina entre los dos. “Me he casado”,me dice. Cuando lo que hicimos de niñosen casa de la tía difunta. Se ha casado. Se ha casado. Tardes años latitudinales,qué verdaderas ganas nos ha dadode jugar a los toros, a las yuntas,pero todo de engaños, de candor, como fue.
XII
Escapo de una finta, peluza a peluza.Un proyectil que no sé dónde irá a caer.Incertidumbre. Tramonto. Cervical coyuntura. Chasquido de moscón que muerea mitad de su vuelo y cae a tierra.¿Qué dice ahora Newton?Pero, naturalmente, vosotros sois hijos. Incertidumbre. Talones que no giran.Carilla en nudo, fabridacinco espinas por un ladoy cinco por el otro: Chit! Ya sale.
XIII
Pienso en tu sexo.Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,ante el hijar maduro del día.Palpo el botón de dicha, está en sazón.Y muere un sentimiento antiguodegenerado en seso. Pienso en tu sexo, surco más prolíficoy armonioso que el vientre de la Sombra,aunque la Muerte concibe y parede Dios mismo.Oh Conciencia,pienso, sí, en el bruto libreque goza donde quiere, donde puede. Oh, escándalo de miel de los crepúsculos.Oh estruendo mudo.Odumodneurtse!
XIV
Cual mi explicación.Esto me lacera de tempranía.Esa manera de caminar por los trapecios.Esos corajosos brutos como postizos.Esa goma que pega el azogue al adentro.Esas posaderas sentadas para arriba.Ese no puede ser, sido.Absurdo.Demencia.Pero he venido de Trujillo a Lima.Pero gano un sueldo de cinco soles.
XV
En el rincón aquel, donde dormimos juntostantas noches, ahora me he sentadoa caminar. La cuja de los novios difuntosfue sacada, o talvez qué habrá pasado. Has venido temprano a otros asuntos,y ya no estás. Es el rincóndonde a tu lado, leí una noche,entre tus tiernos puntos,un cuento de Daudet. Es el rincónamado. No lo equivoques. Me he puesto a recordar los díasde verano idos, tu entrar y salir,poca y harta y pálida por los cuartos. En esta noche pluviosa,ya lejos de ambos dos, salto de pronto...Son dos puertas abriéndose cerrándose,dos puertas que al viento van y vienensombra a sombra.
XVI
Tengo fe en ser fuerte.Dame, aire manco, dame irgaloneándome de ceros a la izquierda.Y tú, sueño, dame tu diamante implacable,tu tiempo de deshora. Tengo fe en ser fuerte.Por allí avanza cóncava mujer,cantidad incolora, cuyagracia se cierra donde me abro. Al aire, fray pasado. Cangrejos, zote!Avístase la verde bandera presidencial,arriando las seis banderas restantes,todas las colgaduras de la vuelta. Tengo fe en qué soy,y en que he sido menos. Ea! Buen primero!
XVII
Destílase este 2 en una sola tanda,y entrambos lo apuramos.Nadie me hubo oído. Estría urenteabracadabra civil. La mañana no palpa cual la primera,cual la última piedra ovulandasa fuerza de secreto. La mañana descalza.El barro a mediasentre sustancias gris, más y menos. Caras no saben de la cara, ni de lamarcha a los encuentros.Y sin hacia cabecee el exergo.Yerra la punta del afán. Junio, eres nuestro. Junio, y en tus hombrosme paro a carcajear, secandomi metro y mis bolsillosen tus 21 uñas de estación. Buena! Buena!
XVIII
Oh las cuatro paredes de la celda.Ah las cuatro paredes albicantesque sin remedio dan al mismo número. Criadero de nervios, mala brecha,por sus cuatro rincones cómo arrancalas diarias aherrojadas extremidades. Amorosa llavera de innumerables llaves,si estuvieras aquí, si vieras hastaqué hora son cuatro estas paredes.Contra ellas seríamos contigo, los dos,más dos que nunca. Y ni lloraras,di, libertadora! Ah las paredes de la celda.De ellas me duele entretanto, máslas dos largas que tienen esta nochealgo de madres que ya muertasllevan por bromurados declives,a un niño de la mano cada una. Y sólo yo me voy quedando,con la diestra, que hace por ambas manos,en alto, en busca de terciario brazoque ha de pupilar, entre mi dónde y mi cuándo,esta mayoría inválida de hombre.
XIX
A trastear, Hélpide dulce, escampas,cómo quedamos de tan quedarnos. Hoy vienes apenas me he levantado.El establo está divinamente meadoy excrementido por la vaca inocentey el inocente asno y el gallo inocente. Penetra en la maría ecuménica.Oh sangabriel, haz que conciba el alma,el sin luz amor, el sin cielo,lo más piedra, lo más nada, hasta la ilusión monarca. Quemaremos todas las naves!Quemaremos la última esencia! Mas si se ha de sufrir de mito a mito,y a hablarme llegas masticando hielo,mastiquemos brasas,ya no hay dónde bajar,ya no hay dónde subir. Se ha puesto el gallo incierto, hombre.
XX
Al ras de batiente nata blindadade piedra ideal. Pues apenasacerco el 1 al 1 para no caer. Ese hombre mostachoso. Sol,herrada su única rueda, quinta y perfecta,y desde ella para arriba.Bulla de botones de bragueta, libres,bulla que reprende A vertical subordinada.El desagüe jurídico. La chirota grata. Mas sufro. Allende sufro. Aquende sufro. Y he aquí se me cae la baba, soyuna bella persona, cuandoel hombre guillermosecundariopuja y suda felicidada chorros, al dar lustre al calzadode su pequeña de tres años. Engállase el barbado y frota un lado.La niña en tanto pónese el índiceen la lengua que empieza a deletrearlos enredos de enredos de los enredos,y unta el otro zapato, a escondidas,con un poquito de saliba y tierra, pero con un poquito no má- .s.
XXI
En un auto arteriado de círculos viciosostorna diciembre qué cambiado,con su oro en desgracia. Quién le viera:diciembre con sus 31 pieles rotas, el pobre diablo. Yo le recuerdo. Hubimos de esplendor,bocas ensortijadas de mal engreimiento,todas arrastrando recelos infinitos.Cómo no voy a recordarleal magro señor Doce. Yo le recuerdo. Y hoy diciembre tornaqué cambiado, el aliento a infortunio,helado, moqueando humillación. Y a la temurosa avestruzcomo que la ha querido, corno que la ha adorado.Pero ella se ha calzado todas sus diferencias.
XXII
Es posible me persigan hasta cuatromagistrados vuelto. Es posible me juzguen pedro.¡Cuatro humanidades justas juntas!Don Juan Jacobo está en hacerio,y las burlas le tiran de su soledad,como a un tonto. Bien hecho. Farol rotoso, el día induce a darle algo,y pendea modo de asterisco que se mendigaa sí propio quizás qué enmendaturas. Ahora que chirapa tan bonitoen esta paz de una sola línea,aquí me tienes,aquí me tienes, de quien yo penda,para que sacies mis esquinas.Y si, éstas colmadas,te derramases de mayor bondad,sacaré de donde no haya,forjaré de locura otros posillos,insaciables ganasde nivel y amor. Si pues siempre salimos al encuentrode cuanto entra por otro lado,ahora, chirapado eterno y todo,heme, de quien yo penda,estoy de filo todavía. Heme!
XXIII
Tahona estuosa de aquellos mis bizcochospura yema infantil innumerable, madre. Oh tus cuatro gorgas, asombrosamentemal plañidas, madre: tus mendigos.Las dos hermanas últimas, Miguel que ha muertoy yo arrastrando todavíauna trenza por cada letra del abecedario. En la sala de arriba nos repartíasde mañana, de tarde, de dual estiba,aquellas ricas hostias de tiempo, paraque ahora nos sobrasencáscaras de relojes en flexión de las 24en punto parados. Madre, y ahora! Ahora, en cuál alvéoloquedaría, en qué retoño capilar,cierta migaja que hoy se me ata al cuelloy no quiere pasar. Hoy que hastatus puros huesos estarán harinaque no habrá en qué amasar¡tierna dulcera de amor,hasta en la cruda sombra, hasta en el gran molarcuya encía late en aquel lácteo hoyueloque inadvertido lábrase y pulula ¡tú lo viste tánto!en las cerradas manos recién nacidas. Tal la tierra oirá en tu silenciar,cómo nos van cobrando todosel alquiler del mundo donde nos dejasy el valor de aquel pan inacabable.Y nos lo cobran, cuando, siendo nosotrospequeños entonces, como tú verías,no se lo podíamos haber arrebatadoa nadie; cuando tú nos lo diste,¿di, mamá?
XXIV
Al borde de un sepulcro florecidotranscurren dos marías llorando,llorando a mares. El ñandú desplumado del recuerdoalarga su postrera pluma,y con ella la mano negativa de Pedrograba en un domingo de ramosresonancias de exequias y de piedras. Del borde de un sepulcro removidose alejan dos marías cantando. Lunes.
XXV
Alfan alfiles a adherirsea las junturas, al fondo, a los testuces,al sobrelecho de los numeradores a pie.Alfiles y cadillos de lupinas parvas. Al rebufar el socaire de cada caraveladeshilada sin ameracanizar,ceden las estevas en espasmo de infortunio,con pulso párvulo mal habituadoa sonarse en el dorso de la muñeca.Y la más aguda tiplisonanciase tonsura y apeálase, y largamentese ennazala hacia carámbanosde lástima infinita. Soberbios lomos resoplanal portar, pendientes de mustios petraleslas escarapelas con sus siete coloresbajo cero, desde las islas guanerashasta las islas guaneras.Tal los escarzos a la intemperie de pobrefe.Tal el tiempo de las rondas. Tal el del rodeopara los planos futuros,cuando innánima grifalda relata sólofallidas callandas cruzadas. Vienen entonces alfiles a adherirsehasta en las puertas falsas y en los borradores.
XXVI
El verano echa nudo a tres añosque, encintados de cárdenas cintas, a todo sollozo,aurigan orinientos índicesde moribundas alejandrías,de cuzcos moribundos. Nudo alvino deshecho, una pierna por allí,más allá todavía la otra, desgajadas, y péndulas.Deshecho nudo de lácteas glándulasde la sinamayera,bueno para alpacas brillantes,para abrigo de pluma inservible¡más piernas los brazos que brazos! Así envérase el fin, como todo,como polluelo adormido saltónde la hendida cáscara,a luz eternamente polla.Y así, desde el óvalo, con cuatros al hombro, ya para qué tristura.Las uñas aquellas dolíanretesando los propios dedos hospicios.De entonces crecen ellas para adentro, mueren para afuera, y al medio ni van ni vienen, ni van ni vienen. Las uñas. Apeona ardiente avestruz coja,desde perdidos sures,flecha hasta el estrecho ciego de senos aunados. Al calor de una puntade pobre sesgo ESFORZADO,la griega sota de oros tórnasemorena sota de islas,cobriza sota de lagosen frente a moribunda alejandría,a cuzco moribundo.
XXVII
Me da miedo ese chorro,buen recuerdo, señor fuerte, implacablecruel dulzor. Me da miedo.Esta casa me da entero bien, enterolugar para este no saber dónde estar. No entremos. Me da miedo este favorde tornar por minutos, por puentes volados.Yo no avanzo, señor dulce,recuerdo valeroso, tristeesqueleto cantor. Qué contenido, el de esta casa encantada,me da muertes de azogue, y obturacon plomo mis tomasa la seca actualidad. El chorro que no sabe a cómo vamos,dame miedo, pavor.Recuerdo valeroso, yo no avanzo.Rubio y triste esqueleto, silba, silba.
XXVIII
He almorzado solo ahora, y no he tenidomadre, ni súplica, ni sírvete, ni agua,ni padre que, en el facundo ofertoriode los choclos, pregunte para su tardanzade imagen, por los broches mayores del sonido. Cómo iba yo a almorzar. Cómo me iba a servirde tales platos distantes esas cosas,cuando habráse quebrado el propio hogar,cuando no asoma ni madre a los labios.Cómo iba yo a almorzar nonada. A la mesa de un buen amigo he almorzadocon su padre recién llegado del mundo,con sus canas tías que hablanen tordillo retinte de porcelana,bisbiseando por todos sus viudos alvéolos;y con cubiertos francos de alegres tiroriros,porque estánse en su casa. Así, ¡qué gracia!Y me han dolido los cuchillosde esta mesa en todo el paladar. El yantar de estas mesas así, en que se pruebaamor ajeno en vez del propio amor,torna tierra el brocado que no brinda la MADRE,hace golpe la dura deglución; el dulce,hiel; aceite funéreo, el café. Cuando ya se ha quebrado el propio hogar,y el sírvete materno no sale de latumba,la cocina a oscuras, la miseria de amor.
XXIX
Zumba el tedio enfrascadobajo el momento improducido y caña. Pasa una paralela aingrata línea quebrada de felicidad.Me extraña cada firmeza, junto a esa aguaque se aleja, que ríe acero, calla. Hilo retemplado, hilo, hilo binómico¿por dónde romperás, nudo de guerra? Acoraza este ecuador, Luna.
XXX
Quemadura del segundoen toda la tierna cabecilla del deseo,picadura de ají vagoroso,a las dos de la tarde inmoral. Guante de los bordes borde a borde.Olorosa verdad tocada en vivo, al conectarla antena del sexocon lo que estamos siendo sin saberlo. Lavaza de máxima ablución.Calderas viajerasque se chocan y salpican de fresca sombraunánime, el color, la fracción, la dura vida, la dura vida eterna.No temamos. La muerte es así. El sexo sangre de la amada que se quejadulzorada, de portar tántopor tan punto ridículo.Y el circuitoentre nuestro pobre día y la noche grande,a las dos de la tarde inmoral.
XXXI
Esperanza plañe entre algodones. Aristas roncas uniformadasde amenazas tejidas de esporas magníficascon porteros botones innatos.¿Se luden seis de sol?Natividad. Cállate, miedo. Cristiano espero, espero siemprede hinojos en la piedra circular que estáen las cien esquinas de esta suertetan vaga a donde asomo. Y Dios sobresaltado nos oprimeel pulso, grave, mudo,y como padre a su pequeña, apenas, pero apenas, entreabre los sangrientos algodonesy entre sus dedos toma a la esperanza. Señor, lo quiero yo...Y basta!
XXXII
999 caloríasRumbbb...Trrrapprrr rrach...chazSerpentínica u del dizcocheroengirafada al tímpano. Quién como los hielos. Pero no.Quién como lo que va ni más ni menos.Quién como el justo medio.1,000 calorías.Azulea y ríe su gran cachazael firmamento gringo. Bajael sol empavado y le alborota los cascosal más frío. Remeda al cuco: Roooooooeeeis...tierno autocarril, móvil de sed,que corre hasta la playa. Aire, aire! Hielo!Si al menos el calor (__________ Mejor no digo nada. Y hasta la misma plumacon que escribo por último se troncha. Treinta y tres trillones trescientos treintay tres calorías.
XXXIII
Si lloviera esta noche, retiraríamede aquí a mil años.Mejor a cien no más.Como si nada hubiese ocurrido, haríala cuenta de que vengo todavía. O sin madre, sin amada, sin porfíade agacharme a aguaitar al fondo, a puropulso,esta noche así, estaría escarmenandola fibra védica,la lana védica de mi fin final, hilodel diantre, traza de haber tenidopor las naricesa dos badajos inacordes de tiempo en una misma campana. Haga la cuenta de mi vidao haga la cuenta de no haber aún nacidono alcanzaré a librarme. No será lo que aún no haya venido, sinolo que ha llegado y ya se ha ido,sino lo que ha llegado y ya se ha ido.
XXXIV
Se acabó el extraño, con quien, tardela noche, regresabas parla y parla.Ya no habrá quien me aguarde,dispuesto mi lugar, bueno lo malo. Se acabó la calurosa tarde;tu gran bahía y tu clamor; la charlacon tu madre acabadaque nos brindaba un té lleno de tarde. Se acabó todo al fin: las vacaciones,tu obediencia de pechos, tu manerade pedirme que no me vaya fuera. Y se acabó el diminutivo, parami mayoría en el dolor sin fin,y nuestro haber nacido así sin causa.
XXXV
El encuentro conla amadatánto alguna vez, es un simple detalle,casi un programa hípico en violado,que de tan largo no se puede doblar bien. El almuerzo con ella que estaríaponiendo el plato que nos gustara ayery se repite ahora,pero con algo más de mostaza;el tenedor absorto, su doneo radiantede pistilo en mayo, y su verecundiade a centavito, por quítame allá esa paja.Y la cerveza lírica y nerviosaa la que celan sus dos pezones sin lúpulo,y que no se debe tomar mucho! Y los demás encantos de la mesaque aquella núbil campaña bordacon sus propias baterías germinalesque han operado toda la mañana,según me consta, a mí,amoroso notario de sus intimidades,y con las diez varillas mágicasde sus dedos pancreáticos. Mujer que, sin pensar en nada más allá,suelta el mirlo y se pone a conversarnossus palabras tiernascomo lancinantes lechugas recién cortadas. Otro vaso, y me voy. Y nos marchamos,ahora sí, a trabajar. Entre tanto, ella se internaentre los cortinajes y ¡oh aguja de mis díasdesgarrados! se sienta a la orillade una costura, a coserme el costadoa su costado,a pegar el botón de esa camisa,que se ha vuelto a caer. Pero hase visto!
XXXVI
Pugnamos ensartarnos por un ojo de aguja.enfrentados, a las ganadas.Amoniácase casi el cuarto ángulo del círculo.¡Hembra se continúa el macho, a raízde probables senos, y precisamentea raíz de cuanto no florece! ¿Por ahí estás, Venus de Milo?Tú manqueas apenas pululandoentrañada en los brazos plenariosde la existencia,de esta existencia que todaviízaperenne imperfecciónVenus de Milo, cuyo cercenado, increadobrazo revuélvese y trata de encodarsea través de verdeantes guijarros gagos,ortivos nautilos, aúnes que gateanrecién, vísperas inmortales.Laceadora de inminencias, laceadoradel paréntesis. Rehusad, y vosotros, a posar las plantasen la seguridad dupla de la Armonía.Rehusad la simetría a buen seguro.Intervenid en el conflictode puntas que se diputanen la más torionda de las justasel salto por el ojo de la aguja! Tal siento ahora el meñiquedemás en la siniestra. Lo veo y creono debe serme, o por lo menos que estáen sitio donde no debe.Y me inspira rabia y me azareay no hay cómo salir de él, sino haciendola cuenta de que hoy es jueves. ¡Ceded al nuevo impar potente de orfandad!
XXXVII
He conocido a una pobre muchachaa quien conduje hasta la escena.La madre, sus hermanas qué amables y tambiénaquel su infortunado “tú no vas a volver”. Como en cierto negocio me iba admirablemente,me rodeaban de un aire de dinasta florido.La novia se volvía agua,y cuán bien me solía llorarsu amor mal aprendido. Me gustaba su tímida marinerade humildes aderezos al dar las vueltas,y cómo su pañuelo trazaba puntos,tildes, a la melografía de su bailar de juncia. Y cuando ambos burlamos al párroco,quebróse mi negocio y el suyoy la esfera barrida.
XXXVIII
Este cristal aguarda ser sorbidoen bruto por boca veniderasin dientes. No desdentada.Este cristal es pan no venido todavía. Hiere cuando lo fuerzany ya no tiene cariños animales.Mas si se le apasiona, se melaríay tomaría la horma de los sustantivosque se adjetivan de brindarse. Quienes lo ven allí triste individuoincoloro, lo enviarían por amor,por pasado y a lo más por futuro:si él no dase por ninguno de sus costados;si él espera ser sorbido de golpey en cuanto transparencia, por boca venidera que ya no tendrá dientes. Este cristal ha pasado de animal,y márchase ahora a formar las izquierdas,los nuevos Menos.Déjenlo solo no más.
XXXIX
Quién ha encendido fósforo! Mésome. Sonríoa columpio por motivo.Sonrío aún más, si llegan todosa ver las guías sin colory a mí siempre en punto. Qué me importa. Ni ese bueno del Sol que, al morirse de gusto,lo desposta todo para distribuirloentre las sombras, el pródigo,ni él me esperaría a la otra banda.Ni los demás que paran soloentrando y saliendo. Llama con toque de retinael gran panadero. Y pagamos en señascuriosísimas el tibio valor innegablehorneado, trascendiente.Y tomamos el café, ya tarde,con deficiente azúcar que ha faltado,y pan sin mantequilla. Qué se va a hacer. Pero, eso sí, los aros receñidos, barreados.La salud va en un pie. De frente: marchen!
XL
Quién nos hubiera dicho que en domingoasí, sobre arácnidas cuestasse encabritaría la sombra de puro frontal.(Un molusco ataca yermos ojos encallados,a razón de dos o más posibilidades tantálicascontra medio estertor de sangre remordida). Entonces, ni el propio revés de la pantalladeshabitado enjugaría las arteriastrasdoseadas de dobles todavías.Como si nos hubiesen dejado salir! Comosi no estuviésemos embrazados siemprea los dos flancos diarios de la fatalidad! Y cuánto nos habríamos ofendido.Y aún lo que nos habríamos enojado y peleadoy amistado otra vezy otra vez. Quién hubiera pensado en tal domingo,cuando, a rastras, seis codos lamende esta manera, hueras yemas lunesentes. Habríamos sacado contra él, de bajode las dos alas del Amor,lustrales plumas terceras, puñales,nuevos pasajes de papel de oriente.Para hoy que probamos si aún vivimos,casi un frente no más.
XLI
La Muerte de rodillas manasu sangre blanca que no es sangre.Se huele a garantía.Pero ya me quiero reír. Murmúrase algo por allí. Callan.Alguien silba valor de lado,y hasta se contaría en parveintitrés costillas que se echan de menosentre sí, a ambos costados; se contaríaen par también, toda la filade trapecios escoltas. En tanto; el redoblante policial(otra vez me quiero reír)se desquita y nos tunde a palos,dale y dale,de membrana a membrana,tascontas.
XLII
Esperaos. Ya os voy a narrartodo. Esperaos sossiegueeste dolor de cabeza. Esperaos. ¿Dónde os habéis dejado vosotrosque no hacéis falta jamás? Nadie hace falta! Muy bien. Rosa, entra del último piso.Estoy niño. Y otra vez rosa:ni sabes a dónde voy. ¿Aspa la estrella de la muerte?O son extrañas máquinas cosedorasdentro del costado izquierdo.Esperaos otro momento. No nos ha visto nadie. Purabúscate el talle.¡A dónde se han saltado tus ojos! Penetra reencarnada en los salonesde ponentino cristal. Suenamúsica exacta casi lástima. Me siento mejor. Sin fiebre, y ferviente.Primavera. Perú. Abro los ojos.Ave! No salgas. Dios, como si sospechasealgún flujo sin reflujo ay. Paletada facial, resbala el telóncabe las conchas. Acrisis. Tilia, acuéstate.
XLIII
Quién sabe se va a ti. No le ocultes.Quién sabe madrugada.Acaríciale. No le digas nada. Estáduro de lo que se ahuyenta.Acaríciale. Anda! Cómo le tendrías pena. Narra que no es posibletodos digan que bueno,cuando ves que se vuelve y revuelve,animal que ha aprendido a irse... No?Sí! Acaríciale. No le arguyas. Quién sabe se va a ti madrugada.¿Has contado qué poros dan salida solamente,y cuáles dan entrada?Acaríciale. Anda! Pero no vaya a saberque lo haces porque yo te lo ruego. Anda!
XLIV
Este piano viaja para adentro,viaja a saltos alegres.Luego medita en ferrado reposo,clavado con diez horizontes. Adelanta. Arrástrase bajo túneles,más allá, bajo túneles de dolor,bajo vértebras que fugan naturalmente. Otras veces van sus trompas,lentas asias amarillas de vivir,van de eclipse,y se espulgan pesadillas insectiles,ya muertas para el trueno, heraldo de los génesis. Piano oscuro ¿a quién atisbascon tu sordera que me oye,con tu madurez que me asorda? Oh pulso misterioso.
XLV
Me desvinculo del marcuando vienen las aguas a mi. Salgamos siempre. Saboreemosla canción estupenda, la canción dichapor los labios inferiores del deseo.Oh prodigiosa doncellez.Pasa la brisa sin sal. A lo lejos husmeo los tuétanosoyendo el tanteo profundo, a la cazade teclas de resaca. Y si así diéramos las naricesen el absurdo,nos cubriremos con el oro de no tener nada,y empollaremos el ala aún no nacidade la noche, hermanade esta ala huérfana del día,que a fuerza de ser una ya no es ala.
XLVI
La tarde cocinera se detieneante la mesa donde tú comiste;y muerta de hambre tu memoria vienesin probar ni agua, de lo puro triste. Mas, como siempre, tu humildad se avienea que le brinden la bondad más triste.Y no quieres gustar, que ves quien vienefilialmente a la mesa en que comiste. La tarde cocinera te suplicay te llora en su delatal que aún sórdidonos empieza a querer de oírnos tánto. Yo hago esfuerzos también; porque no hayvalor para servirse de estas aves.Ah! qué nos vamos a servir ya nada.
XLVII
Ciliado arrecife donde nací,según refieren cronicones y pliegosde labios familiares historiadosen segunda gracia. Ciliado archipiélago, te desislas a fondo, a fondo, archipiélago mío!Duras todavía las articulacionesal camino, como cuando nos instan,y nosotros no cedemos por nada. Al ver los párpados cerrados,implumes mayorcitos, devorando azules bombones,se carcajean pericotes viejos.Los párpados cerrados, correo si, cuando nacemos,siempre no fuese tiempo todavía. Se va el altar, el cirio paraque no le pasase nada a mi madre,y por mí que sería con los años, si Diosquería, Obispo, Papa, Santo, o talvezsólo un columnario dolor de cabeza. Y las manitas que se abarquillanasiéndose de algo flotante,a no querer quedarse.Y siendo ya la 1.
XLVIII
Tengo ahora 70 soles peruanos.Cojo la penúltima moneda, la que suena69 veces púnicas.Y he aquí, al finalizar su rol,quemase toda y arde llameante, llameante,redonda entre mis tímpanos alucinados. Ella, siendo 69, dase contra 70;luego escala 71, rebota en 72.Y así se multiplica y espejea impertérritaen todos los demás piñones. Ella, vibrando y forcejeando,pegando grittttos,soltando arduos, chisporroteantes silencios,orinándose de natural grandor,en unánimes postes surgentes,acaba por ser todos los guarismos, la vida entera.
XLIX
Murmurado en inquietud, cruzo,el traje largo de sentir, los lunes de la verdad.Nadie me busca ni me reconoce,y hasta yo he olvidado de quién seré.Cierta guardarropía, sólo ella, nos sabráa todos en las blancas hojasde las partidas.Esa guardarropía, ella sola,al volver de cada facción, de cada candelabro ciego de nacimiento. Tampoco yo descubro a nadie, bajoeste mantillo que iridice los lunes de la razón;y no hago más que sonreir a cada púade las verjas, en la loca búsqueda del conocido.Buena guardarropía, ábreme tus blancas hojas:quiero reconocer siquiera al 1,quiero el punto de apoyo, quiero saber de estar siquiera.En los bastidores donde nos vestimos,no hay, no Hay nadie: hojas tan sólo de par en par.Y siempre los trajes descolgándosepor sí propios, de perchascomo ductores índices grotescos,y partiendo sin cuerpos, vacantes, hasta el matiz prudentede un gran caldo de alas con causasy lindes fritas.Y hasta el hueso!
L
El cancerbero cuatro vecesal día maneja su candado, abriéndonoscerrándonos los esternones, en guiñosque entendemos perfectamente. Con los fundillos lelos melancólicos,amuchachado de trascendental desaliño,parado, es adorable el pobre viejo.Chancea con los presos, hasta el topelos puños en las ingles. Y hasta mojarrillales roe algún mendrugo; pero siemprecumpliendo su deber. Por entre los barrotes pone el puntofiscal, inadvertido, izándose en la falangitadel meñique,a la pista de lo que hablo,lo que como,lo que sueño.Quiere el corvino ya no hayan adentros,y cómo nos duele esto que quiere el cancerbero. Por un sistema de relojería, juegael viejo inminente, pitagórico!a lo ancho de las aortas. Y sólode tarde en noche, con nochesoslaya alguna su excepción de metal.Pero, naturalmente,siempre cumpliendo su deber.
LI
Mentira. Si lo hacía de engaños,y nada más. Ya está. De otro modo,también tú vas a vercuánto va a dolerme el haber sido así. Mentira. Calla.Ya está bien.Como otras veces tú me haces esto mismo,por eso yo también he sido así. A mí, que había tánto atisbado si de verasllorabas,ya que otras veces sólo te quedasteen tus dulces pucheros,a mí, que ni soñé que los creyeses,me ganaron tus lágrimas.Ya está. Mas ya lo sabes: todo fue mentira.Y si sigues llorando, bueno, pues!Otra vez ni he de verte cuando juegues.
LII
Y nos levantaremos cuando se nos déla gana, aunque mamá toda clarornos despierte con cantoray linda cólera materna.Nosotros reiremos a hurtadillas de esto,mordiendo el canto de las tibias colchasde vicuña ¡y no me vayas a hacer cosas! Los humos de los bohíos ¡ah golfillosen rama! madrugarían a jugara las cometas azulinas, azulantes,y, apañuscando alfarjes y piedras, nos daríansu estímulo fragante de boñiga, para sacarnosal aire nene que no conoce aún las letras,a pelearles los hilos. Otro día querrás pastorearentre tus huecos onfalóideos ávidas cavernas, meses nonos, mis telones.O querrás acompañar a la ancianíaa destapar la toma de un crepúsculo,para que de día surjatoda el agua que pasa de noche. Y llegas muriéndote de risa,y en el almuerzo musical,cancha reventada, harina con manteca,con manteca,le tomas el pelo al peón decúbitoque hoy otra vez olvida dar los buenos días,esos sus días, buenos con b de baldío,que insisten en salirle al pobrepor la culata de la vdentilabial que la vela en él.
LIII
Quién clama las once no son doce!Como si las hubiesen pujado, se afrontande dos en dos las once veces. Cabezazo brutal. Asomanlas coronas a oír,pero sin traspasar los eternostrescientos sesenta grados, asomany exploran en balde, dónde ambas manosocultan el otro puente que les naceentre veras y litúrgicas bromas. Vuelve la frontera a probarlas dos piedras que no alcanzan a ocuparuna misma posada a un mismo tiempo.La frontera, la ambulante batuta, que sigueinmutable, igual, sólomás ella a cada esguince en alto. Veis lo que es sin poder ser negado,veis lo que tenemos que aguantar,mal que nos pese.¡Cuánto se aceita en codosque llegan hasta la boca!
LIV
Forajido tormento, entra, salpor un mismo forado cuadrangular.Duda. El balance punza y punzahasta las cachas. A veces doyme contra todas las contras,y por ratos soy el alto más negro de los ápicesen la fatalidad de la Armonía.Entonces las ojeras se irritan divinamente,y solloza la sierra del alma,se violentan oxígenos de buena voluntad,arde cuanto no arde y hastael dolor dobla el pico en risa. Pero un día no podrás entrarni salir, con el puñado de tierraque te echaré a los ojos, forajido!
LV
Samain diría el aire es quieto y de una contenida tristeza. Vallejo dice hoy la Muerte está soldando cada lindero a cada hebra de cabello perdido, desde la cubeta de un frontal, donde hay algas, toronjiles que cantan divinos almácigos en guardia, y versos anti sépticos sin dueño. El miércoles, con uñas destronadas se abre las propias uñasde alcanfor, e instila por polvorientosharneros, ecos, páginas vueltas, sarros,zumbidos de moscascuando hay muerto, y pena clara esponjosa y cierta esperanza. Un enfermo lee La Prensa, como en facistol.Otro está tendido palpitante, longirrostro,cerca a estarlo sepulto.Y yo advierto un hombro está en su sitiotodavía y casi queda listo tras de éste, el otro lado. Ya la tarde pasó diez y seis veces por el subsuelo empatrullado,y se está casi ausenteen el número de madera amarillade la cama que está desocupada tanto tiempo allá ..................................... enfrente.
LVI
Todos los días amanezco a ciegasa trabajar para vivir; y tomo el desayuno,sin probar ni gota de él, todas las mañanas.Sin saber si he logrado, o más nunca,algo que brinca del saboro es sólo corazón y que ya vuelto, lamentaráhasta dónde esto es lo menos. El niño crecería ahito de felicidad oh albas,ante el pesar de los padres de no poder dejarnosde arrancar de sus sueños de amor a este mundo;ante ellos que, como Dios, de tanto amorse comprendieron hasta creadoresy nos quisieron hasta hacernos daño. Flecos de invisible trama,dientes que huronean desde la neutra emoción, pilareslibres de base y coronación,en la gran boca que ha perdido el habla. Fósforo y fósforo en la oscuridad,lágrima y lágrima en la polvareda.
LVII
Craterizados los puntos más altos, los puntosdel amor, de ser mayúsculo, bebo, ayuno ab-sorbo heroína para la pena, para el latidolacio y contra toda corrección. ¿Puedo decir que nos han traicionado? No.¿Qué todos fueron buenos? Tampoco. Peroallí está una buena voluntad, sin duda,y sobre todo, el ser así. Y qué quien se ame mucho! Yo me buscoen mi propio designio que debió ser obramía, en vano: nada alcanzó a ser libre. Y sin embargo, quién me empuja.A que no me atrevo a cerrar la quinta ventana.Y el papel de amarse y persistir, junto a lashoras y a lo indebido. Y el éste y el aquél.
LVIII
En la celda, en lo sólido, tambiénse acurrucan los rincones. Arreglo los desnudos que se ajan,se doblan, se harapan. Apéome del caballo jadeante, bufandolíneas de bofetadas y de horizontes;espumoso pie contra tres cascos.Y le ayudo: Anda, animal! Se tomaría menos, siempre menos, de loque me tocase erogar,en la celda, en lo líquido. El compañero de prisión comía el trigode las lomas, con mi propia cuchara,cuando, a la mesa de mis padres, niño,me quedaba dormido masticando. Le soplo al otro:Vuelve, sal por la otra esquina;apura ...aprisa,... apronta! E inadvertido aduzco, planeo,cabe camastro desvencijado, piadoso:No creas. Aquel médico era un hombre sano. Ya no reiré cuando mi madre receen infancia y en domingo, a las cuatrode la madrugada, por los caminantes,encarcelados,enfermosy pobres. En el redil de niños, ya no le asestarépuñetazos a ninguno de ellos, quien, después,todavía sangrando, lloraría: El otro sábadote daré de mi fiambre, perono me pegues!Ya no le diré que bueno. En la celda, en el gas ilimitadohasta redondearse en la condensación,¿quién tropieza por afuera?
LIX
La esfera terrestre del amorque rezagóse abajo, da vueltay vuelta sin parar segundo,y nosotros estamos condenados a sufrircomo un centro su girar. Pacifico inmóvil, vidrio, preñadode todos los posibles.Andes frío, inhumanable, puro.Acaso. Acaso. Gira la esfera en el pedernal del tiempo,y se afila,y se afila hasta querer perderse;gira forjando, ante los desertados flancos,aquel punto tan espantablemente conocido,porque él ha gestado, vueltay vuelta,el corralito consabido. Centrífuga que sí, que sí,que Sí,que sí, que sí, que sí, que sí: NO!Y me retiro hasta azular, y retrayéndomeendurezco, hasta apretarme el alma!
LX
Es de madera mi paciencia,sorda, vejetal. Día que has sido puro, niño, inútil,que naciste desnudo, las leguasde tu marcha, van corriendo sobretus doce extremidades, ese doblez ceñudoque después deshiláchaseen no se sabe qué últimos pañales. Constelado de hemisferios de grumo,bajo eternas américas inéditas, tu gran plumaje,te partes y me dejas, sin tu emoción ambigua,sin tu nudo de sueños, domingo. Y se apolilla mi paciencia,y me vuelvo a exclamar: ¡Cuándo vendráel domingo bocón y mudo del sepulcro;cuándo vendrá a cargar este sábadode harapos, esta horrible suturadel placer que nos engendra sin querer,y el placer que nos DestieRRa!
LXI
Esta noche desciendo del caballo,ante la puerta de la casa, dondeme despedí con el cantar del gallo.Está cerrada y nadie responde. El poyo en que mamá alumbróal hermano mayor, para que ensillelomos que había yo montado en pelo,por rúas y por cercas, niño aldeano;el poyo en que dejé que se amarille al solmi adolorida infancia... ¿Y este dueloque enmarca la portada? Dios en la paz foránea,estornuda, cual llamando también, el bruto;husmea, golpeando el empedrado. Luego duda,relincha,orejea a viva oreja. Ha de velar papá rezando, y quizáspensará se me hizo tarde.Las hermanas, canturreando sus ilusionessencillas, bullosas,en la labor para la fiesta que se acerca,y ya no falta casi nada.Espero, espero, el corazónun huevo en su momento, que se obstruye. Numerosa familia que dejamosno ha mucho, hoy nadie en vela, y ni una cerapuso en el ara para que volviéramos. Llamo de nuevo, y nada.Callamos y nos ponemos a sollozar, y el animalrelincha, relincha más todavía. Todos están durmiendo para siempre,y tan de lo más bien, que por finmi caballo acaba fatigado por cabeceara su vez, y entre sueños, a cada venia, diceque está bien, que todo está muy bien.
LXII
AlfombraCuando vayas al cuarto que tú sabes,entra en él, pero entorna con tiento la mamparaque tánto se entreabre,cása bien los cerrojos, para que ya no puedanvolverse otras espaldas. CortezaY cuando salgas, di que no tardarása llamar al canal que nos separa:fuertemente cojido de un canto de tu suerte,te soy inseparable,y me arrastras de borde de tu alma. AlmohadaY sólo cuando hayamos muerto ¡quién sabe! Oh nó. Quién sabe!entonces nos habremos separado.Mas si, al cambiar el paso, me tocase a míla desconocida bandera, te he de esperar allá;en la confluencia del soplo y el hueso,como antaño,como antaño en la esquina de los novios ponientes de la tierra.Y desde allí te seguiré a lo largode otros mundos, y siquiera podránservirte mis nós musgosos y arrecidos,para que en ellos poses las rodillasen las siete caídas de esa cuesta infinita,y así te duelan menos.
LXIII
Amanece lloviendo. Bien peinadala mañana chorrea el pelo fino.Melancolía está amarrada;y en mal asfaltado oxidente de muebles hindúes,vira, se asienta apenas el destino. Cielos de puna descorazonadapor gran amor, los cielos de platino, torvosde imposible. Rumia la majada y se subrayade un relincho andino. Me acuerdo de mí mismo. Pero bastanlas astas del viento, los timones quietos hastahacerse uno,y el grillo del tedio y el jiboso codo inquebrantable. Basta la mañana de libres crinejasde brea preciosa, serrana,cuando salgo y busco las oncey no son más que las doce deshoras.
LXIV
Hitos vagarosos enamoran, desde el minuto montuoso que obstetriza y féchalos amotinados nichos de la atmósfera. Verde está el corazón de tánto esperar, y en el canal de Panamá ¡hablo con vosotras, mitades, ba ses, cúspides! retoñan los peldaños, pasos que suben,pasos que baja-n.Y yo que pervivo,y yo que sé plantarme. Oh valle sin altura madre, donde todo duerme horrible mediatinta, sin ríos frescos, sin entradas de amor. Oh voces y ciudades, que pasan cabalgando en un dedo tendido que señala a calva Unidad. Mientras pasan, de mucho en mucho, gañanes de gran costado sabio, detrás de las tres tardas dimensiones.Hoy Mañana Ayer (No, hombre!)
LXV
Madre, me voy mañana a Santiago,a mojarme en tu bendición y en tu llanto.Acomodando estoy mis desengaños y el rosadode llaga de mis falsos trajines. Me esperará tu arco de asombro,las tonsuradas columnas de tus ansiasque se acaban la vida. Me esperará el patio,el corredor de abajo con sus tondos y repulgosde fiesta. Me esperará mi sillón ayo,aquel buen quijarudo trasto de dinásticocuero, que para no más rezongando a las nalgastataranietas, de correa a correhuela. Estoy cribando mis cariños más puros.Estoy ejeando ¿no oyes jadear la sonda? ¿no oyes tascar dianas?estoy plasmando tu fórmula de amorpara todos los huecos de este suelo.Oh si se dispusieran los tácitos volantespara todas las cintas más distantes,para todas las citas más distintas. Así, muerta inmortal. Así.Bajo los dobles arcos de tu sangre, por dondehay que pasar tan de puntillas, que hasta mi padrepara ir por allí,humildóse hasta menos de la mitad del hombre,hasta ser el primer pequeño que tuviste. Así, muerta inmortal.Entre la columnata de tus huesosque no puede caer ni a lloros,y a cuyo lado ni el destino pudo entrometerni un solo dedo suyo. Así, muerta inmortal.Así.
LXVI
Dobla el dos de Noviembre. Estas sillas son buenas acojidas.La rama del presentimientova, viene, sube, ondea sudorosa,fatigada en esta sala.Dobla triste el dos de Noviembre. Difuntos, qué bajo cortan vuestros dientesabolidos, repasando ciegos nervios,sin recordar la dura fibraque cantores obreros redondos remiendancon cáñamo inacabable, de innumerables nudoslatientes de encrucijada. Vosotros, difuntos, de las nítidas rodillaspuras a fuerza de entregaros,cómo aserráis el otro corazóncon vuestras blancas coronas, ralasde cordialidad. Sí. Vosotros, difuntos. Dobla triste el dos de Noviembre.Y la rama del presentimientose la muerde un carro que simplementerueda por la calle.
LXVII
Canta cerca el verano, y ambosdiversos erramos, al hombrorecodos, cedros, compases unípedos,espatarrados en la sola recta inevitable. Canta el verano, y en aquellas paredesendulzadas de marzo,lloriquea, gusanea la arácnida acuarela de la melancolía.Cuadro enmarcado de trisado anélido, cuadroque faltó en ese sitio para dondepensamos que vendría el gran espejo ausente.Amor, éste es el cuadro que faltó. Mas, para qué me esforzaríapor dorar pajilla para tal encantada aurícula,si, a espaldas de astros queridos,se consiente el vacío, a pesar de todo. Cuánta madre quedábase adentradasiempre, en tenaz atavío de carbón, cuandoel cuadro faltaba, y para lo que creceríaal pie de ardua quebrada de mujer. Así yo me decía: Si vendrá aquel espejoque de tan esperado, ya pasa de cristal.Me acababa la vida, ¿para qué?Me acababa la vida, para alzarnos sólo de espejo a espejo.
LXVIII
Estamos a catorce de Julio.Son las cinco de la tarde. Llueve en todauna tercera esquina de papel secante.Y llueve más de abajo ay para arriba. Dos lagunas las manos avanzande diez en fondo,desde un martes cenagoso que ha seis díasestá en los lagrimales helado. Se ha degollado una semanacon las más agudas caídas; hase hechotodo lo que puede hacer miserable genialen gran taberna sin rieles. Ahora estamosbien, con esta lluvia que nos lavay nos alegra y nos hace gracia suave. Hemos a peso bruto caminado, y, de un solo desafío,blanqueó nuestra pureza de animales.Y preguntamos por el eterno amor,por el encuentro absoluto,por cuanto pasa de aquí para allá.Y respondimos desde dónde los míos no son los tuyosdesde qué hora el bordón, al ser portado,sustenta y no es sustentado. (Neto.) Y era negro, colgado en un rincón,sin proferir ni jota, mi paletó,atodastA
LXIX
Qué nos buscas, oh mar, con tus volúmenesdocentes! Qué inconsolable, qué atrozestás en la febril solana. Con tus azadones saltas,con tus hojas saltas,hachando, hachando en loco sésamo,mientras tornan llorando las olas, despuésde descalcar los cuatro vientosy todos los recuerdos, en labiados platelesde tungsteno, contractos de colmillosy estáticas eles quelonias. Filosofía de alas negras que vibranal medroso temblor de los hombros del día. El mar, y una edición en pie,en su única hoja el anversode cara al reverso.
LXX
Todos sonríen del desgaire con que voyme a fondo, celular de comer bien y bien beber. Los soles andan sin yantar? O hay quienles da granos como a pajarillos? Francamente,yo no sé de esto casi nada. Oh piedra, almohada bienfaciente al fin. Amémonos os vivos a los vivos, que a las buenas cosas muertas erá después. Cuánto tenemos que quererlasy estrecharlas, cuánto. Amemos las actualidades, que siempre no estaremos como estamos.Que interinos Barrancos no hay en los esenciales cementerios. El porteo va en el alfar, a pico. La jornada nos da en el cogollo, con su docena de escaleras, escala das, en horizontizante frustración de pies, por pávidas sandalias vacantes. Y temblamos avanzar el paso, que no sabemos si damos con el péndulo, o ya lo hemos cruzado.
LXXI
Serpea el sol en tu mano fresca,y se derrama cauteloso en tu curiosidad. Cállate. Nadie sabe que estás en mí,toda entera. Cállate. No respires. Nadiesabe mi merienda suculenta de unidad:legión de oscuridades, amazonas de lloro. Vanse los carros flajelados por la tarde,y entre ellos los míos, cara atrás, a las riendasfatales de tus dedos.Tus manos y mis manos recíprocas se tiendenpolos en guardia, practicando depresiones,y sienes y costados. Calla también, crepúsculo futuro,y recójete a reír en lo íntimo, de este celode gallos ajisecos soberbiamente,soberbiamente ennavajadosde cúpulas, de viudas mitades cerúleas.Regocíjate, huérfano; bebe tu copa de aguadesde la pulpería de una esquina cualquiera.
LXXII
Lento salón en cono, te cerraron, te cerré,aunque te quise, tú lo sabes,y hoy de qué manos penderán tus llaves. Desde estos muros derribamos los últimosescasos pabellones que cantaban.Los verdes han crecido. Veo labriegos trabajando,los cerros llenos de triunfo.Y el mes y medio transcurrido alcanzapara una mortaja, hasta demás. Salón de cuatro entradas y sin una salida,hoy que has honda murria, te hablopor tus seis dialectos enteros.Ya ni he de violentarte a que me seas,de para nunca; ya no saltaremosningún otro portillo querido. Julio estaba entonces de nueve. Amorcontó en sonido impar. Y la dulzuradió para toda la mortaja, hasta demás.
LXXIII
Ha triunfado otro ay. La verdad está allí.Y quien tal actúa ¿no va a saberamaestrar excelentes dijitígradospara el ratón Sí ...No ... ? Ha triunfado otro ay y contra nadie.Oh exósmosis de agua químicamente pura.Ah míos australes. Oh nuestros divinos. Tengo pues derechoa estar verde y contento y peligroso, y a serel cincel, miedo del bloque basto y vasto;a meter la pata y a la risa. Absurdo, sólo tú eres puro.Absurdo, este exceso sólo ante ti sesuda de dorado placer.
LXXIV
Hubo un día tan rico el año pasado... !que ya ni sé qué hacer con él. Severas madres guías al colegio,asedian las reflexiones, y nosotros enflechamosla cara apenas. Para ya tarde saberque en aquello gozna la travesuray se rompe la sien.Qué día el del año pasado,que ya ni sé qué hacer con él,rota la sien y todo. Por esto nos separarán,por eso y para ya no hagamos mal.Y las reflexiones técnicas aún dicen¿no las vas a oír?que dentro de dos gráfilas oscuras y aparte,por haber sido niños y tambiénpor habernos juntado mucho en la vida,reclusos para siempre nos irán a encerrar. Para que te compongas.
LXXV
Estáis muertos. Qué extraña manera de estarse muertos. Quienquiera diría no lo estáis. Pero, en verdad, estáis muertos, muertos. Flotáis nadamente detrás de aquesa membrana que, péndula del zenit al nadir, viene y va de crepúsculo a crepúsculo, vibrando ante la sonora caja de una herida que a vosotros no os duele. Os digo, pues, que la vida está en el espejo, y que vosotros sois el original, la muerte. Mientras la onda va, mientras la onda viene, cuán impunemente se está uno muerto. Sólo cuando las aguas se quebrantan en los bordes enfrentados y se doblan y doblan, entonces os transfiguráis y creyendo morir, percibís la sexta cuerda que ya no es vuestra. Estáis muertos, no habiendo antes vivido jamás. Quienquiera diría que, no siendo ahora, en otro tiempo fuisteis. Pero, en verdad, vosotros sois los cadáveres de una vida que nunca fue. Triste destino el no haber sido sino muertos siempre. El ser hoja seca sin haber sido verde jamás. Orfandad de orfandades. Y sinembargo, los muertos no son, no pueden ser cadáveres de una vida que todavía no han vivido. Ellos murieron siempre de vida. Estáis muertos.
LXXVI
De la noche a la mañana voysacando lengua a las más mudas equis. En nombre de esa puraque sabía mirar hasta ser 2. En nombre de que la fui extraño,llave y chapa muy diferentes. En nombre della que no tuvo vozni voto, cuando se dispusoesta su suerte de hacer. Ebullición de cuerpos, sinembargo,aptos; ebullición que siempretan sólo estuvo a 99 burbujas. ¡Remates, esposados en naturaleza,de dos días que no se juntan,que no se alcanzan jamás.
LXXVII
Graniza tánto, como para que yo recuerdey acreciente las perlasque he recogido del hocico mismode cada tempestad. No se vaya a secar esta lluvia.A menos que me fuese dadocaer ahora para ella, o que me enterrasenmojado en el aguaque surtiera de todos los fuegos. ¿Hasta dónde me alcanzará esta lluvia?Temo me quede con algún flanco seco;temo que ella se vaya, sin haberme probadoen las sequías de increíbles cuerdas vocales,por las que,para dar armonía,hay siempre que subir ¡nunca bajar!¿No subimos acaso para abajo? Canta, lluvia, en la costa aún sin mar!