miércoles, 12 de septiembre de 2012
CARTA DE UN MAGISTRADO
CARTA DE UN MAGISTRADO ANCIANO A SU HIJO RECIEN DESIGNADO JUEZ BENITO JERONIMO FEIJO
ESPAÑA SIGLO XVII
No se, hijo mio, si celebar o llorar la noticia que me das de haberte honrado su majestad con la toga de Juez. Te contemplo en una esclavitud. Ya no eres mío, ni tuyo, sino de todo el público. Las obligaciones de este cargo no solo te emancipan de tu padre, también deben desprenderte de ti mismo. Ya se acabo el mirar por tu comodidad, por tu salud, por tu reposo, y en el futuro, si llegas a desposarte, por la compañera de tu vida y por los hijos que Dios te dé, pues solo podrás mirar por tu conciencia. Tu bien propio, lo has de considerar como ajeno, y solo el público como el propio, ya no habrá para ti paisanos, amigos y parientes, ya no tendrás patria, ni carne, ni sangre.
Si dudas contar con la ciencia suficiente o la salud necesaria para cargar con tan grave peso, si no sientes en ti un corazón insensible a los problemas y las amenazas de los poderosos. Si estas muy enamorado de la hermosura del oro, si te conoces muy sensible a los ruegos de los parientes y amigos, no puedes, en mi sentir, entrar con buena conciencia en la judicatura.
Más si has decidido tu ingreso, una vez que la toga te sea impuesta sobre tus hombros deberás ser como la encima, a trueque de cuajo derribada, y nunca inclinarte como la debil caña al soplo del viento. Tus pasiones, que has de tenerlas sino, de hombre no fuera, deberás dejarlas en los estrados del tribunal, pues has de juzgar sin afecto y sin odios. Tampoco deberás considerarte, por grande que sea tu talento, genio inspirador, sino modesto servidor de la justicia. El aplauso y la gloria, han de estar lejos de ti y solo la conciencia del deber cumplido constituira tu más cara satisfacción.
Podrás equivocarte, el error servidor de lo humano, mas en este punto siempre deberás recordar dos cossas. Que lo malo no es equivocarse, sino persistir en el error y que dos errores jamás hacen una verdad.
Tambien quiero prevenirte que a veces el bien y el mal están mezclados, que hay que mantener limpio el corazón para distinguirlos. Sin embargo, junto a zonas confusas, hay otras que son muy claras, la misericordia será siempre mejor que la violencia, ayudar al desvalido, mejor que hacerle daño u olvidarlo, actuar según la conciencia, mejor que hacerlo según el capricho.
La templanza ha de ser escencial, porque si la justicia es medida, equilibrio, ponderancia, balanza y meditación serena, solo puede alcanzarla el Juez con mente clara y espiritu sereno. La fortaleza tambien debes tenerla contigo. Porque si el momento te lo exige, deberás sacrificar en áras de la justicia tu propia reputación, heroísmo supremoque de ordinario no se valora. Que ni la frase ligera, ni el concepto atrevido, que propalan las más de las veces hechos falsos, te orillen a torcer el sentido de la justicia, que debrás hacer prevalecer a trueque del escarnio, del cargo o de la propia vida.
Te escribo todo esto pensando que, si en lo cronológico hay un dia y una noche, tambien en el camino de quienes hacen justicia hay días y noches, horas de intensa satisfacción y de profunda amargura y ambas son partes de una misma realidad. Claro que para entender la noche, hace falta tener mayor agudeza del alma porque es durante la noche cuando resulta mas hermoso creer en la luz.
Por ultimo debes saber que algún día más o menos lejano, que para mi ya se ha hecho presente, cuando hayas cesado las voces de quienes ocurren a ti en demanda de justicia, cuando te veas envuelto en la penumbra por un sol que aunque dorado y brillante, ya se empieza a perder en el ocaso, cuando no tengas más compañía que un conjunto de libros en el anaquel y que algunos papeles de trabajo sobre tu escritorio, habrás de enfrentarte al acto de justicia más terrible, pero también ineludible, el dictado de la sentencia en tu propia casua, y para ese efecto, habrá de pasar junto a ti toda tu vida, que habrás de valorar imparcial y objetivamente sin recurrir al abuso de excluyentes o atenuantes con la misma imparcialidad que debes a los asuntos de otros.
Quiera Dios que esa sentencia no solo resulte absolutoria, sino que te declare digno de la profesión, para mí, más noble y querida, con la que has sido distinguido: LA PROFESIÓN DE JUEZ.
Reproducción textual de la carta propocionada por la Dra. Zulita Fellini y publicada por la Revista de la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional-Republica Argentina.
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